“LA MIRADA DEL HOMBRE

RUPERTO DE DIOS LARA

 

¡Qué difícil es matar una pinche mosca!, me dijo una camarera del mercado, mientras blandía con fuerza su matamoscas compuesto de un plástico rugoso cuadriculado como una vieja raqueta de tenis, mientras varias moscas merodeaban el comedor de la cocina económica que a diario atendía. Las moscas poseen dos ojos compuestos con miles de pequeños ojos individuales en su interior llamados omatidios y tres ojos simples llamados ocelos. Estos insectos no tienen párpados ni pupilas, su ángulo de visión es aproximadamente 360°; después de tantos ojos tienen algunas dificultades para ver con exactitud. Hay otros “ojudos” como le dijo un amigo a un chavo de ojos prominentes, en este caso vemos a los camaleones que pueden mover sus dos ojos grandes y redondos independientemente, con una visión también de casi 360°, pudiendo ver al mismo tiempo dos imágenes diferentes o distintas; como cuando antes nos decían la célebre frase: “un ojo al gato y otro al garabato”, utilizada cuando nos pedían que cuidáramos algún bien o cosa sin dejar de hacer la tarea encomendada.

Si nos vamos a las aves, también hay aquellas de vistas poderosas como las águilas que surcan los cielos, hay también aves de carroña que solo miran hacia abajo buscando despojos de toda carne nauseabunda que muere en la tierra. Entre algunos animales terrestres algunos tienen vistas nocturnas y otros solo miran hacia abajo; en fin, hay ojos de donde escoger.

En cierta ocasión le pregunté a una dama que, si el hombre para donde mira, contestándome de inmediato que el hombre mira para todas partes, mejor dicho – me dijo- ¡es chismosísimo!; aunque yo le pregunté por la raza humana en general.

Los cíclopes eran gigantes con un solo ojo en la mitad de la frente, según se cuenta en la mitología griega. En otras creencias místicas y esotéricas se cree en un tercer ojo invisible o vórtice energético y sexual.

El hombre efectivamente ve con sus dos ojos, de distintos colores y formas para todas partes, acto que lo lleva muchas veces al tropiezo, aun cuando los tenga de frente. Con sus ojos arranca la raíz de la codicia, con sus ojos inician sus maquinaciones o conjeturas peligrosas, con sus ojos contempla la belleza y el esplendor del universo, con su vista se embelesa al mirar los lirios de los verdes campos y el azul de la mar. Con los ojos abiertos se ciega en las riquezas banales y mal habidas. Con sus ojos busca el predominio de su especie para sojuzgarla. Con sus ojos se cansa y llora de tanto mirar sus despojos que en su vida nunca pudo apreciar.

Los ojos del hombre son pues, las ventanas con lámparas que dejan ver el camino al alma, son los que miran en agónicas lágrimas al cielo cuajado de luces pidiendo consolación.

La diferencia de un animal que no ve es diferente al humano de la misma condición, pues el hombre que no puede ver con sus ojos físicos ve con los ojos desarrollados del alma y ve más que los que los tienen (gran diferencia entre ambos). Algunos que tienen y no sabiendo por alusión que los tienen, se dan cuenta que los tienen hasta que los pierden sin compasión. Hablando de los ojos, quien no recuerda el madrigal de Gutierre de Cetina: “ojos claros y serenos, si de un dulce mirar sois alabados, ¿Por qué si me miráis, miráis airados?…

Según los estudiosos de las Sagradas Escrituras hay mas de 35 versículos que hablan de los ojos; sería cuestión de buscarlos en tus lecturas antes que se nos seque la yegua del ojo, como decían algunos en mi rancho.

En resumen, las aves y las bestias, los reptiles e insectos miran por su supervivencia, y nosotros los humanos tengamos o no tengamos vista, ¿hacia dónde llevamos nuestra mirada?

“En tus lúcidos razonamientos, ¿puedes contestar de acuerdo a tus perspectivas?

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