REDACCIÓN | EL PAPIRO

El sistema de representación proporcional, conocido comúnmente como plurinominal, nació en México como un mecanismo para fortalecer la pluralidad política y garantizar la presencia de las minorías en el Congreso de la Unión. Sin embargo, a casi cinco décadas de su creación, este modelo se ha convertido también en una vía que ha permitido a un grupo reducido de políticos mantenerse durante años —e incluso décadas— como legisladores, sin enfrentar directamente al electorado.

La figura del legislador plurinominal fue incorporada en 1977, en el marco de la reforma política impulsada durante el gobierno de José López Portillo. En aquel momento, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) dominaba por completo las cámaras legislativas, y los partidos de oposición apenas tenían representación. El objetivo era equilibrar el sistema político y abrir espacios a la diversidad ideológica mediante escaños asignados según el porcentaje de votos obtenidos por cada partido.

No obstante, el paso del tiempo ha revelado un uso distinto del mecanismo.

Legisladores de larga duración

De acuerdo con datos del Sistema de Información Legislativa (SIL), el caso más emblemático es el del senador Alberto Anaya Gutiérrez, dirigente histórico del Partido del Trabajo (PT), quien acumula 24 años como legislador plurinominal desde 1988 hasta el periodo vigente 2024–2027. En total, ha participado en ocho legislaturas, alternando entre la Cámara de Diputados y el Senado, sin haber competido de manera directa en campañas electorales recientes.

En un segundo bloque se encuentran Manuel Velasco Coello (PVEM), exgobernador de Chiapas, y Ricardo Monreal Ávila, actual coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, ambos con 18 años como legisladores de representación proporcional. En el caso de Monreal, su permanencia ha sido posible gracias a su tránsito por tres fuerzas políticas: PT, Movimiento Ciudadano y Morena.

Otros nombres se suman a esta lista de larga trayectoria legislativa: Claudia Ruiz Massieu (MC) y Pedro Vázquez (PT), con 15 años; Kenia López Rabadán, Ricardo Anaya, Carlos Puente, Reginaldo Sandoval y Magdalena Núñez Monreal, con 12 años; así como Rubén Moreira, Ivonne Ortega, Germán Martínez y Alfonso Ramírez Cuéllar, con nueve años bajo este esquema.

“Reelección indirecta”

Fuentes legislativas consultadas señalan que la reiterada inclusión de estos perfiles en las listas plurinominales funciona, en la práctica, como una reelección indirecta, pues no depende del respaldo ciudadano expresado en las urnas, sino de decisiones internas de las dirigencias partidistas.

“Su permanencia no responde a la evaluación del electorado, sino a acuerdos cupulares”, señaló una de las fuentes, quien pidió el anonimato. Esta situación, añaden, debilita la rendición de cuentas y profundiza la distancia entre representantes y ciudadanos.

¿Qué es ser diputado plurinominal?

Un diputado o senador plurinominal es aquel que no es electo directamente por el voto ciudadano en un distrito o estado, sino que accede al cargo a través de una lista elaborada por su partido político, en función del porcentaje total de votos que dicho partido obtiene a nivel nacional o regional.

En la Cámara de Diputados, por ejemplo, existen 500 curules:

  • 300 se eligen por mayoría relativa (voto directo en distritos).
  • 200 se asignan por representación proporcional (plurinominales).

Esto significa que el ciudadano no vota directamente por la persona, sino por el partido, y son las cúpulas partidistas las que deciden quiénes ocupan esos espacios, según el orden de la lista registrada ante el INE.

Un debate abierto

Defensores del sistema argumentan que la representación proporcional sigue siendo indispensable para evitar la sobrerrepresentación y asegurar la pluralidad política. No obstante, críticos sostienen que su diseño actual ha sido distorsionado y utilizado para blindar a élites partidistas, impidiendo la renovación de cuadros y el contacto directo con la ciudadanía.

El debate sobre los plurinominales vuelve de manera recurrente a la agenda pública, especialmente en tiempos de reformas electorales. Mientras tanto, el Congreso continúa albergando a legisladores que, aunque legalmente electos, llevan años —y en algunos casos décadas— legislando sin haber solicitado directamente el voto ciudadano.

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