Esta semana se comunicaron con el columnista tres lectores para preguntarme porque no han visto mi columna en las redes sociales.
Claro, lo hicieron por separado y en distintos días. Dos de ellos me dijeron que han buscado mis textos sin éxito. Les expliqué que de vez en cuando hay que darse un relajamiento, sobre todo en momentos que uno comienza a bloquearse ante tanto trabajo.
Escribir diario, revisar información de notas diarias para mi portal, estar atentos a información de interés nacional para cubrir la corresponsalía (tengo 34 años como corresponsal en La Jornada), informarse en las diferentes plataformas de las redes, leer columnas, todo ello a veces es agobiante.
Por eso decidí tomarme unos días, porque cuando uno se bloquea se empieza a dar el repugnante “maquinazo”, así se le llama en el argot de las columnas cuando escribes cualquier cosa, temas sin importancia.
Pero otro de mis lectores, el más cercano, me dijo a boca de jarro: “¿Porque no escribes, estás enfermo? Y la respuesta que le di me hizo reír al recordar una anécdota sobre periodistas tabasqueño que ahora mismo les cuento. Va:
En las postrimerías de la década de los años 90 en Villahermosa se editaba El Semanario Tabasqueño, cuya dirección estaba a cargo del periodista y abogado Andrés Pampillón Ponce. La edición impresa circulaba los días sábado.
La redacción del semanario se ubicaba en la calle Méndez de la capital tabasqueña, cerca de la Clínica Santa Cruz. Los cierres eran los viernes en la noche. El equipo estaba compuesto, además, de Pampillón, por José Frías Cerino (ya fallecido), Fernando Hernández Gómez, los de más experiencia, así como una camada de jóvenes que se iniciaban en el oficio, entre ellos recuerdo a Jorge Hernández, hoy destacado reportero gráfico del diario Presente.
Caía por ese lugar algunas noches de cierre de edición. Se la pasaba uno bien, pláticas que giraban sobre el periodismo y la política, principalmente, mientras se formaba el semanario. En el lugar había café abundante, galletas, algunas veces tacos y cervezas.
Recuerdo que el contador Damaso Saénz Latournerie era Infaltable a los cierres. Estaba desempleado. Se la pasaba tomando café, fumando y se leía de cabo a rabo la edición que al día siguiente aparecería en los puestos de revista de Villahermosa. Lo último que supe de él es que labora en la UJAT.
Bien, la lectura principal de Damaso era la columna de Pampillón, director del semanario, por esas fechas, una tras otra, dedicaba sus textos al gobierno del presidente de extracción priísta Ernesto Zedillo. Las críticas contra Zediilo no faltaban semana tras semana en ese espacio.
Por eso, Damaso se convirtió en un asiduo lector de la columna, que después la comentaba con Pampillón: “Mi director, hoy le diste muy duro al ‘preciso’, pero muy bien la crítica mi direc”. Y así, cada semana el ataque mordaz, y el comentario de Damaso.
Cierta noche a Damaso le extrañó que la columna del director no dijera nada de Zedillo, que abordara otro tema. Entonces caminó hasta el escritorio donde Pampillón revisaba algunas notas. Se paró frente a él, con tono de preocupación y con el borrador de la columna en sus manos, le dijo incrédulo, mientras le mostraba el texto:
“Mi director, hoy no tocó a Zedillo en su columna, ¿qué pasó?” Levantando la mirada, Pampillón con voz ufana le respondió: “Es que lo estoy dejando descansar”. Ahí se las dejo.


