Redacción | El Papiro
La Habana.— La asfixia petrolera impuesta contra Cuba por la administración del expresidente estadounidense Donald Trump continúa teniendo un impacto profundo en la vida cotidiana de la isla. No hay rincón de la patria de José Martí donde sus consecuencias no se hagan sentir. La política de “máxima presión” afecta de manera directa a toda la población y a prácticamente todos los sectores: alimentación, salud, generación eléctrica, actividades productivas y transporte.
La escasez de combustible se refleja con especial crudeza en la capital del país. Este lunes, las guaguas —principal sistema de transporte colectivo en La Habana— dejaron de circular ante la falta de diésel, obligando a miles de ciudadanos a buscar alternativas para trasladarse. Muchos caminaron largas distancias; otros recurrieron a motocicletas o a un creciente enjambre de vehículos eléctricos que, de manera improvisada, distribuyen pasajeros en distintas rutas de la ciudad.
En los paraderos, la escena se repite: largas esperas, filas organizadas y una paciencia que parece inagotable. A pesar de las dificultades, no se perciben escenas de caos ni desesperación. La población se adapta, resiste y continúa.
La falta de gasolina también es evidente en las estaciones de servicio, donde los automóviles forman extensas filas para abastecerse. Sin embargo, el ambiente dista de la tensión que podría esperarse. Conductores conversan de manera cordial mientras aguardan su turno. Aunque los viajes a otras ciudades o incluso a zonas cercanas se han vuelto más complicados, la vida no se detiene.
Pese al daño provocado y al dolor acumulado, la respuesta del pueblo cubano es la resistencia. Para quienes desconocen su historia, esta resiliencia puede parecer desconcertante. No lo es. Cuba es una nación que ha aprendido a sobrevivir bajo presión, a vivir y respirar al ritmo de antiguas gestas de resistencia, como la Numancia del año 133 antes de Cristo.
La escasez aprieta, pero no doblega. En medio de la adversidad, el pueblo cubano sigue adelante, demostrando que, aun bajo la asfixia económica, la dignidad y la voluntad colectiva permanecen intactas.

