Redacción | El Papirto
Kennebunk, Maine — Para Don Crisman, Gregory Eaton y Tom Henschel, el Super Bowl no es solo un partido de fútbol americano; es una tradición que ha marcado sus vidas durante más de cinco décadas. Este año, mientras se preparaban para asistir al encuentro entre los Halcones Marinos de Seattle y los Patriotas de Nueva Inglaterra en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, los tres octogenarios reflexionaban sobre la posibilidad de que esta sea su última vez juntos en el gran juego.
Crisman, de 90 años, fanático de los Patriotas desde los inicios de la franquicia, asistirá por duodécima vez al Super Bowl, estableciendo un récord personal. “Definitivamente este será el último”, señaló, acompañado de su hija Susan Metevier. Henschel, de 84 años, ha enfrentado las secuelas de un derrame cerebral, mientras que Eaton, de 86 años, aún activo al frente de una empresa de transporte terrestre en Detroit, planea continuar asistiendo mientras su salud lo permita.
La tradición de este trío comenzó hace más de 50 años, desde el primer Campeonato Mundial AFL-NFL en 1967, y a lo largo de los años han compartido la pasión por el deporte, aunque también han aprendido a adaptarse a los cambios de la vida y los costos crecientes de los viajes al evento. Crisman recuerda que solía pasar una semana en la ciudad anfitriona, disfrutando del espectáculo y la ceremonia; hoy, el viaje se limita a tres o cuatro días, centrado únicamente en el juego.
“Creo que todos son grandes, todos son divertidos. Simplemente se ha vuelto tan comercial. Es un viaje de 10 mil dólares ahora”, comentó Eaton, reflejando la transformación del evento en un espectáculo masivo.
A pesar de los retos físicos y económicos, el trío sigue valorando la experiencia por encima de todo. Henschel expresó: “No hablo ni camino bien, pero es importante poder estar aquí y verlos a ellos una vez más”. Para ellos, el Super Bowl representa más que fútbol: es la conexión con amigos, recuerdos y una tradición que ha definido gran parte de sus vidas.
La hija de Crisman, Susan Metevier, quien nació el mismo año del primer Super Bowl, asegura que asistir a otro juego junto a su padre es “agridulce”, pero invaluable. “Se trata de los recuerdos. No es solo fútbol, es algo más”, afirmó.
A medida que el tiempo pasa, el exclusivo club de fanáticos que nunca han perdido un Super Bowl se ha reducido. Entre ellos estaba el fotógrafo John Biever, quien planea concluir su racha en 60 juegos. Pero para Crisman, Eaton y Henschel, cada Super Bowl sigue siendo una celebración de amistad, pasión y perseverancia que trasciende el deporte.

