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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› Los tecitos de AMLO

Hace unas cuantas noches me encontraba hablando por teléfono con Rodulfo Reyes, columnista del diario El Heraldo de Tabasco, al tiempo que estaba viendo el noticiario de Televisa. El me comentó que también estaba observando el mismo canal. En un momento de la plática le dije: “Espérame, está hablando López Obrador”. Los dos nos quedamos callados para escuchar el mensaje del político tabasqueño, que estaba diciendo palabras más palabras menos: “A Peña Nieto ya lo estamos alcanzando, y por eso anda muy nervioso. Quiero recomendarle que tome te de tila, que se tome uno en la mañana, otro en la tarde y uno en la noche, y también debe tomar te de…”. Y, López Obrador se quedó callado porque no recordó en el momento el nombre. Entonces adelantándome a AMLO le dije a Rodulfo a través del teléfono: “Pasiflorine”. Y al instante dijo López Obrador: “¡eso!, pasiflorine”. Rodulfo sorprendido dijo: “¡chale, te escuchó!”. Le explique que en la campaña por la gubernatura de 1994, también le recomendaba esos tecitos a Roberto Madrazo.

› Los tacos de mil ojos

En la cabecera municipal de Cárdenas, durante algunos años los lugareños disfrutaron de los exquisitos tacos tabasqueños de La Colacha. Vendía una gran variedad de ellos: habían de carne guisada, torta de huevo, carne cruda, pancita, longaniza con huevo, moronga y camarón con huevo. A mi primo Antonio Javier López Camposeco le encantaban precisamente los de camarón con huevo. Pero siempre que los comía, le llamaba la atención que al llevárselo a la boca sentía como que de dentro del taco lo observaban miles de ojos. Sin embargo, como estaban muy sabrosos, eran sus favoritos. Pero en una ocasión que llegó temprano, tuvo la oportunidad de observar como La Colacha preparaba esos famosos tacos: echaba a la licuadora cabezas de camarón y los licuaba durante un buen rato, mientras echaba a la fridera aceite y huevos, para luego vaciar el contenido de la licuadora con las cabezas de camarón, que aunque estaban bien licuadas, los pequeños ojitos del crustáceo permanecían intactos. Así, descubrió mi primo la gran incógnita, y desde entonces le pusieron los tacos de mil ojos.

› El pan sopeado

El ingeniero Arístides Santiago Hernández, Pichancha y Antonio Ramos Hernández, Galletita, trabajaron juntos muchos años en Petróleos Mexicanos y eran inseparables. En una ocasión que se andaban echando los tragos, Galletita andaba cuidando celosamente una bolsa de pan como de medio metro, llena de piezas bien surtiditas, que le había encargado su esposa. La parranda se prolongó hasta la noche, pero en ningún momento Galletita descuidó su bolsa de pan. Cuando decidieron irse, como andaban en el vehículo del ingeniero Pichancha, éste se ofreció a llevarlo a su casa. Pero mientras estaban tomando, había caído en la ciudad un tremendo aguacero que inundó la mayoría de las calles. Por eso, Pichancha no pudo llevarlo hasta la puerta de su domicilio, pues se ubicaba en una de las calles que se había ido a pique. Lo dejó cerca, no sin antes recomendarle que rodeara por la banqueta para que no se mojara. Pero como Galletita ya iba con el tiro bajo el ala, respondió a la recomendación de su amigo: “Me vale madres, yo me voy por aquí”, y comenzó a caminar a media calle, donde el agua primero le llegó a la rodilla y más adentro a la cintura. Fue cuando reparó en su bolsa de pan, pero para ese instante ya en sus manos sólo tenía empuñada la parte superior de la bolsa de papel y en las corrientes de agua flotaban las conchas, bolillos, laureles, polvorones, trenzas y demás panes. Hasta lo borracho se le quitó, y sólo alcanzó a decir: “¡coño, ya me va a matar mi mujer!”.

› Juego de béisbol para recordar

Sabía usted que hace muchos años, cuando el hoy candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador estudiaba en la ciudad de México, cierto día se llevó a cabo un juego entre estudiantes tabasqueños en el campo del Instituto Politécnico. Se enfrentaron los de la casa Albeniz con los de la casa de Violeta. El primer equipo estaba integrado por estudiantes originarios de Tenosique, y por la oncena de Violeta estaban, entre otros, como catcher, López Obrador; el pitcher era el cardenense Mariano Brito Yánez; primera base, Alvaro Estañol; segunda base, David Izquierdo; short stop el jalpaneco Francisco Ulín; ray fild Roberto Madrigal, El diputado; led fild, Clever Izquierdo y como ampayer del partido nada más y nama menos que Joel Cárdenas Arroniz, La Abeja Africana.

 
 
 

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