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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› La gran estrategia

El entonces alcalde de Tenosique Manuel Llergo Heredia, fue avisado que al día siguiente estaría en ese municipio el gobernador Mario Trujillo García. Se preparó entonces para recibirlo, y en medio de los preparativos mandó a hablar a Pedro, un campesino que por esas fechas era el delegado de la comunidad Nueva Estancia, al que le dio instrucciones precisas… Luego que el mandatario estatal hizo su recorrido por el municipio en un momento dado se puso a platicar con Llergo Heredia cerca de la presidencia. Hasta ahí llegó Pedro, y dirigiéndose al presidente le dijo que le quería decir algo…“Qué pasó Pedro, dime…”. Entonces el líder campesino comenzó su perorata: “Señor presidente municipal, quiero agradecerle en nombre de mi comunidad por todo el gran apoyo que siempre nos ha dado para que nuestro pueblo se más progresista y…”. Pero el alcalde lo paró de golpe y porrazo, para revirarle: “¡Pedro, no digas pendejadas!, porque aquí el único que da los apoyos es el señor gobernador, que está aquí presente, que es un hombre de trabajo, y que siempre está preocupado por nuestras comunidades y por el pueblo de Tenosique, a él es a quien tienen que agradecerle y no a mi…”

› El gran apodo

Mi tío Antonio López Marín (Toñico) traía de encargo a Jonás, un trabajador de mi abuelo, a quien siempre que mi tío visitaba el rancho, como era chaparro y usaba un sombrero exageradamente grande, al encontrarlo le decía “qué tal duende, ¿como estás?”. Lo que molestaba a Jonás, que siempre le advertía que no le siguiera diciendo duende porque él iba a ponerle un apodo y no le iba a gustar. Sin embargo, mi tío Antonio insistía en llamarlo duende. Pero cierto día que mi tío llegó al rancho, Jonás, dispuesto a vengarse de una vez por todas, se escondió atrás de la puerta de entrada a la casa, y apenas había dado unos pasos dentro de la vivienda, salió Jonás, y colocándose las dos manos abiertas alrededor de la boca, para que su grito se escuchara más fuerte, le gritó: “¡Antonión!”, y ese fue el gran apodo que le puso Jonás a mi tío.

› Vaya solución

En el trienio 1971-1973, siendo presidente del municipio de Cárdenas Eduardo Estrada Espinosa, cuando comenzaban las inundaciones en nuestra cabecera municipal, la situación era muy preocupante, porque la ciudad no contaba con cárcamos, ni drenajes pluviales, sino que tenían que buscar soluciones prácticas, alternas, que resolvieran el problema. En plena junta con el presidente municipal, el director de Obras Públicas se presenta con su maestro de obras de apellido Ramos, junto con otros elementos, en busca de la solución al problema. Cada quien expresaba su teoría de cómo desalojar las aguas, para evitar que ciertas partes de la ciudad se inundaran. Todos absortos en el problema viendo pro y contras en la toma de acciones, cuando de repente el señor Ramos con una algarabía desbordante gritó –¡yo, yo tengo la solución! Todos le prestaron atención, viendo que una persona rústica por fin daba salida al problema, y ante la expectación generalizada dijo: -- “Aquí la única solución señor Presidente es… que deje de llover”. Lo expresó como el Eureka de Arquímedes, ante la sorpresa de los demás que, después de un silencio de sorpresa, explotaron en carcajadas, y alguien culminó diciendo, pues vayan por unas veladoras para Tláloc, dios de la lluvia.

› Santo remedio

Cuando el doctor Paulino Rivera Calvo fue presidente municipal de Balancán, cierto día un grupo de ciudadanos le fue a reclamar a la presidencia, el por qué habían mandado a cortar los frondosos árboles del parque principal. Los lugareños le dijeron que lo que había hecho el ayuntamiento era un atentado a la ecología. La respuesta del presidente municipal fue tajante: “porque aquí en Balancán hay muchos flojos, que sólo llegan a sombrear al parque”.

 
 
 

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