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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› Con la misma vara

El aguerrido equipo de Futbol Los Cheyenes de Huimanguillo, capitaneado por Francisco Cadena Colorado (El doctor Paco), allá en la década de los 70, enfrentó en Villahermosa a la poderosa oncena El Capri. El partido terminó 4 goles a 0 a favor de los capitalinos, con cuatro autogoles de los visitantes. Durante el encuentro Ernesto Aguirre Gamas, que jugaba en la defensa, rebanó un balón y cayo el primer gol. El doctor Paco lo volteó a ver de reojo y movió la cabeza desaprobando la falla. Más tarde, otro defensa, Roselvelt Sánchez Pardo, quiso despejar y metió la de gajos en su propia portería. Al doctor Paco le cambiaban los colores de su cara, mientras se llevaba las dos manos a la cabeza y miró al cielo como implorando que su equipo no cometiera más errores. A la mitad del segundo tiempo, otro defensa quiso hacer una cobertura y clavó el tercer autogol. El doctor Paco ya no aguantó más y explotó. Comenzó a regañar a los integrantes de la defensa que jugaban a su lado: “no sirven para nada, no sé qué hago yo perdiendo el tiempo aquí con ustedes”. Apenas se reinició el juego, el propio doctor Paco metió el cuarto autogol. Sus compañeros de equipo se le quedaron viendo. Pero el doctor les dijo: “Y, qué, si ustedes hacen lo mismo”.

› La salvada heroica

En una ocasión un grupo de cardenenses que cursaba sus estudios universitarios en la Ciudad de México, estaban alegremente echándose los tragos, cuando a eso de las 10 de la noche se quedaron sin licor. Por esos años estaba muy de moda tomar Viejo Vergel. Entonces, entre todos hicieron una coperacha para comprar otro pomo. Echaron un volado y le tocó a Oscar Morales de la Cruz (Urdiñola), ir a comprar la botella en una licorería del rumbo. Cuando había pasado casi una hora y Urdiñola no aparecía con la bebida espirituosa que todos esperaban, comenzaron a preocuparse. “Ya tarda mucho, ¿qué le pasaría?”, se preguntaban angustiados los cardenenses, entre ellos Alvaro Amores Rueda y Feliciano Romero (Chanito). Como a la hora y media apareció Urdiñola, con la camisa rota, sin un zapato, todo despeinado y con varios golpes en la cara. “¿Qué te pasó, compa?”, le preguntaron. “Me asaltaron unos cabrones”, respondió Urdiñola, “pero esta no me la quitaron”, dijo, mientras con sus dos manos apretaba contra el pecho la botella de Viejo Vergel.

› Su primer celular

Cierto mañana llegó al café del hotel Miraflores el periodista José Frías Cerino presumiendo su primer celular. “Me acabo de comprar este aparato que no sé ni cómo se usa”, dijo. Después de mostrarlo a todos los de la mesa, se lo guardó en la bolsa de la camisa. Cuando los comensales estábamos en amena charla hablando de los temas políticos del momento, de pronto se escuchó el fuerte sonido del celular de Frías, al tiempo que éste prácticamente saltó de la silla, se puso de pie y comenzó a manotear entre la bolsa de su camisa, a como pudo sacó el celular y lo aventó a unos 20 metros, mientras nos decía: “¡Ya me asustó esta chingadera!”.

› Un poquito tarde

En el intento de reforzar su campaña electoral como candidato del PRI a la alcaldía de Cárdenas, en el año 2002, a Nicolás Rosique (Lechero) se le ocurrió traer desde Cancún a su compadre del alma Fernando Romero (Nandi), quien tenía ya como 15 años de haberse ido a radicar a Quintana Roo. Como Nandi había trabajado en el famoso Fideicomiso, allá en la década de los 70, conocía a todos los líderes campesinos del Plan Chontalpa y sus alrededores, por lo que Lacho pensó que le servirían muy bien allegarse esos votos, si su compadre hablaba con ellos. Se fue entonces Nandi a hacer proselitismo al Plan Chontalpa y comenzó a buscar a sus conocidos, que tenía años sin ver. “¿Está don Rubén?”, preguntó en una vivienda, donde le explicaron que tenía 10 años que había muerto de diabetes la persona que buscaba. Fue a otra casa y preguntó por don Nicanor, pero le dijeron que murió a consecuencia de una caída de caballo. En otra comunidad preguntó por don Manuel, y le informaron que unos nueve años atrás se había ido a vivir con uno de sus hijos a Estados Unidos. Todo desilusionado llegó con el candidato para informarle. “No, compadre, mejor me regreso a Cancún, a ningún cabrón encuentro, el que no se murió, se fue a vivir a otro lugar o está todo tullido entre una hamaca, como que ya pasaron varios añitos, ¿no crees compa?”.

 
 
 

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