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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› La propina

Antes de partir a cubrir una gira por la zona de La Sierra, junto con Rodulfo Reyes, entonces corresponsal de El Financiero, decidimos pasar a comer con Naricita, una lonchería que estaba en el centro de Villahermosa, donde degustamos el tradicional mondongo y los sándwich de milanesa. Cuando terminamos, Rodulfo me dijo que él iba a pagar la cuenta, por lo que me enfilé a la salida del pequeño restaurante. Me alcanzó en la puerta, y me dijo: “voltea a ver al mesero y me cuentas…”. Cuando tiré la mirada hacia el lugar donde habíamos almorzado, me topé con la cara enojadísima del mesero, quien cruzando los brazos con fuerza y los ojos echando lumbre nos recetó una mentada. “Y ese… ¿por qué está enojado?”, le pregunté a Rodulfo, quien sin parar de reír me explicó: “es que le dejé de propina sólo una moneda de cincuenta centavos”.

› Debut y despedida

El equipo de futbol Pueblo Nuevo de Cárdenas que participaba en la Liga Master (donde toman parte jugadores de más de 40 años) necesitaba un refuerzo, por lo que invitó a Pancho Camote (Francisco López Romero) para que se sumara a ese club. De este modo, al sábado siguiente se presentó a jugar la nueva contratación, a quien le entregaron un elegante uniforme del Cruz Azul, que lució con orgullo antes de comenzar el partido. Pero resulta que Pancho Camote tenía muchos años que no practicaba el deporte de las patadas, así que cuando apenas inició el juego, le picaron el primer balón por el extremo derecho y pegó una carrera tratando de ganar la pelota, pero de pronto sintió un piquete en el muslo derecho, otro abajo de la rodilla izquierda y uno más en el muslo izquierdo, y se dejó caer con tres desgarres y comenzó a pegar de gritos. Sus compañeros de equipo entraron a auxiliarlo y lo sacaron cargado de pies y manos “todo tieso como un cangrejo”. Prácticamente lo tiraron afuera del campo, y en medio del dolor que sentía el flamante refuerzo, comenzaron a despojarlo rápidamente del short, la camiseta y las medias, dejándolo en trusa, pues sospecharon que sería la última vez que se presentaría a jugar y temieron que de paso se llevara el uniforme.

› El desesperado

Cierta tarde en la ciudad de Villahermosa Miguel Custodio (Macuca) estaba parado a la altura del monumento a Andrés Sánchez Magallanes, mejor conocido como La Chichona, tratando de abordar un taxi que lo llevara a la zona de Tabasco 2000. Agitando las manos le hizo la parada a una unidad, a lo que el chofer le dijo: “¿a dónde le llevo?”. Macuca corrió a abrir la puerta del auto y le dijo voy a Tabasco Dos Mil. Pero el taxista lo frenó, al decirle: “No, yo voy a Atasta”. Luego paró a otro, pero esta vez el conductor le explicó que iba a Tierra Colorada, otro más le indicó que se trasladaba al Espejo, uno más le dijo que se dirigía al mercado Pino Suárez. Después de casi una hora de estar tratando de tomar un taxi, ya entre cansado y encabronado, agitó desesperadamente las manos y logró que se parara otro taxi, pero antes de preguntar abrió la puerta y se subió en la parte de atrás. Entonces el taxista le dijo: “¿a dónde le llevo señor”. A lo que Macuca casi le gritó: “a donde se te dé la chingada gana, si todos van a otra parte, menos a donde yo voy…”

› El relevista

En el ejido El Bajío de Cárdenas se enfrentaban cierto domingo las novenas de ese lugar y un equipo de la cabecera municipal, el cual era comandado por Francisco Javier Olán López (Chinto). En la segunda entrada Chinto le dijo a Víctor Flores (Vicky) que se pusiera a calentar porque en cualquier momento podría entrar como pitcher relevista. Vicky se puso, pues, a la sombra de unas matas de cacao a lanzar pelotas con la ayuda del catcher suplente. Después de nueve largas entradas el partido terminó con una victoria de la novena visitante. Pero cuando todos los integrantes del equipo recogían mascotas y bates para regresar a la ciudad de Cárdenas, de entre las matas de cacao salió todo sudoroso Vicky, con el brazo derecho como popeye, hinchado de tanto calentar, para preguntar: “Y yo a qué hora voy a entrar pues”. Chinto se llevó las manos a la cabeza y le dijo: “¡coño, Vicky, se me olvidó que te mandé a calentar!”.

 
 
 

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