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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› Con borrachos, nada

Esa noche doña Margarita, organizadora de una fiesta en la Sociedad de Artesanos de Villahermosa, estaba preocupada porque pasaban las 20 horas y el baile no empezaba. “Ya es tardísimo… qué pasa con estos muchachos que no empiezan a tocar la marimba, se nos va a aburrir la gente”, comentaba en voz alta la señora aquella entre nerviosa y furibunda. “Mamá, cálmate”, le dijo una de sus hijas, al tiempo que le informó el por qué del atraso de los músicos, y en referencia a Chema Bolón, un marimbero del grupo, le explicó: “Es que los de la marimba están esperando a que llegue Bolón”. Doña Margarita pegó un grito cuando escuchó aquello y explotó en ira: “¡Ah! No, yo con borrachos no quiero nada, a mi no me traigan a ningún bolo a tocar la marimba”.

› El hacedor de boxeadores

En un terreno donde hoy se localiza la veterinaria de la Ganadera local en la cabecera municipal de Cárdenas, allá en la década de los 70’s, había una arena de box donde regularmente se enfrentaban fajadores locales y regionales. Fue instalado en un predio baldío, limpiado a machete limpio. En el centro colocaron un ring y en sus alrededores butacas de madera. El promotor de la arena era el famoso Chombito, quien a la vez que representaba a los boxeadores, fungía como referi, taquillero y manager. Las peleas eran los días viernes y sábados, pero durante la semana se dedicaba a reclutar peleadores que llegaban de las distintas colonias y rancherías. La forma de bautizar a las futuras estrellas del entarimado era muy peculiar: Con su inseparable sombrero tipo italiano y sentado en una caja de madera, mientras le daba de vez en cuando profundas chupadas a su cigarro marca Delicados, miraba de pies a cabeza a los aspirantes y si en su persona no encontraba nada significativo, entonces les preguntaba su actividad y de ahí surgían los rimbombante nombres. En una ocasión estaban formados varios hombres esperando su turno, el primero en pasar fue uno de raza negra y de inmediato le dijo que se llamaría “Kid Chocolate”. Luego pasó un chaparrito fornido que venía del Plan Chontalpa a quien le preguntó en qué trabajaba: “soy carnicero”, respondió, y el Chombito lo bautizó como “El Carnicero del Ring”. Otro más le mencionó que era albañil y sin chistar lo llamó “Kid Tumba Barda”.

› Pata Bendita

En una ocasión el famoso equipo América de primera división llegó a Villahermosa para enfrentar a una selección de Tabasco. Al equipo local fueron convocados los mejores jugadores de la época de los distintos municipios. De Cárdenas fueron llamados El Lechero (Nicolás Rosique), El Plebeyo (Aníbal Brito) y Alfaro (Germán Bravo Treviño). Durante el partido el árbitro marcó un tiro directo contra la escuadra de Tabasco, entonces Virolo, el portero del seleccionado local le pidió a Lechero que se pusiera de poste. “Cuida el poste Lacho”, le indicó al cardenense. El tiro lo hizo el chileno Oswaldo Castro, Pata Bendita, quien le pegaba durísimo al balón. El riflazo del americanista sopló fuertísimo una oreja del Lechero, quien cuenta que sintió como si una enorme ola hubiese reventado cerca de su oído, por lo que en otros disparos del chileno a balón parado se negó a ponerse de nuevo en la barrera. “No hermano, me agarra por derecho Pata Bendita, me mata…”. En otro tiro directo el balón salió con tal fuerza y pegó en el pie izquierdo de Alfarón, un defensa de dos metros de altura, y se lo dobló como si fuera una puerta de golpe.

› Galán frustrado

En una Semana Santa un grupo de amigos cardenenses viajó a las playas del municipio de Paraíso para pasearse en ese centro turístico las vacaciones. Ellos eran Fernando Camposeco, Francisco Javier Olán López, Chinto; Nicolás Ortiz López, Lacho; Asunción Carreta, Chuncho; José Brindis, Chepe y José Cruz Colorado García, Chito. Cuando caminaban por las calles de la cabecera municipal Fernando Camposeco --que se había rezagado unos metros atrás de sus compañeros-- se dio cuenta que en la banqueta de enfrente iban cuatro hermosas lugareñas, por lo que tratando de atraer la atención de las damas comenzó a llamar a gritos a sus amigos: “Chinto”, “Lacho”, “Chuncho”, “Chepe”, “Chito”, pero de inmediato se llevó la mano a la boca como queriendo callar los nombres que había soltado, mientras decía para sus adentros: “coño, ni un pinche nombre decente…”.

 
 
 

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