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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› La última cena

Cerca de la medianoche de un día cualquiera, cuando aún estaba soltero, llegó Chacatata (Marco Antonio Gómez Flores) hasta el cepillo de borracho a su casa, ubicada en la calle Carlos Green del municipio de Cárdenas. Como se moría de hambre, fue directamente a la cocina a buscar algo de comer para saciar el brutal apetito que traía. Comenzó a buscar y vio en unos de los rincones de la cocina una olla que rebozaba de comida, la cual levantó de inmediato. Aunque estaba tomado, razonó que debía calentar esa comida, pues no le gustaba el alimento frío. Colocó entonces el recipiente en la estufa y apenas consideró que estaba caliente, ahí mismo, en la olla comenzó a comer apuradamente. Cuando estaba en lo mejor, disfrutando su cena, entró su mamá a la cocina y pegó tremendo grito al observar lo que comía su amado hijo: “Maaaaarcos... muuuuuchacho… ¿qué haces comiéndote esa lavaza…?”. En ese instante Chacatata estaba por llevarse a la boca la enésima cucharada repleta de una mezcla de chis de pozol, residuos de mole, cáscara de plátano, mango y frijoles quemados.

› Los más caros del mundo

Cuando el pintor Fontanelly Vázquez ilustró la portada del libro “Vidas que alumbran” de Isidoro Pedrero Totosaus, con una viñeta donde aparecían dos peces, el periodista le dio un abono a Fontanelly en pago a su trabajo. Desde ese día, cada vez que Fontanelly se echaba los tragos recurría con Totosaus para que éste le diera dinero a cuenta de las famosas viñetas.

Cierto día en que Fontanelly se apareció en la dirección del semanario Perspectivas para, por enésima vez, cobrar sus viñetas, ya aburrido de tantos pagos, de mala ganas Totosaus le dio otro tanto de dinero a Fontanelly, al tiempo que espetaba: “estos son los pescados más caros que he comprado en mi vida”.

› El “extraño” visitante

Para don Salomón Acosta Rosales se había vuelto un misterio que todos los domingos por la mañana, apareciera un montón de basura a las puertas de su casa, ubicada en la colonia Pueblo Nuevo de la cabecera municipal de Cárdenas. “¡Quién carajo me trae tanta basura, y precisamente los domingos!”, se preguntaba intrigado don Salomón. Cuentan que cansado de tal situación, un día decidió vigilar toda la noche y la madrugada del domingo para sorprender a la persona que le acarreaba basura a su banqueta. Grande fue su sorpresa cuando observó que quien le llevaba la basura era ni más ni menos que su hijo Betito La Pea (Gilberto Acosta de la Fuente), quien como era bajito de estatura, cuando se emborrachaba caminaba de medio lado y una de sus manos colgaba a ras de suelo, por lo que rumbo a su casa involuntariamente iba recogiendo bolsas de plástico, papel, cáscara de mangos, palitos de paleta y a veces hasta se le trababa una penca de coco que arrastraba aún más basura hasta su casa, la cual quedaba justo en la puerta cuando Betito ingresaba a su domicilio.

› Hasta se le fue el hambre

Luego de reportear juntos durante toda la mañana y parte de la tarde, Laco (Eraclio Méndez Burgos) estaba feliz porque ese día había hecho su debut en el noticiario de televisión CNI, donde le habían publicado una nota sobre los daños que provocaba el amarillamiento letal en los plantíos de cocoteros de Paraíso, Tabasco. Por ese motivo nos invitó a comer, para celebrar, a mi y a Rodulfo Reyes, entonces corresponsal del diario de circulación nacional El Financiero. “Tengo muchísima hambre, vamos, les invito a comer, aquí traigo mil pesitos”, nos dijo en tono alegre y cortés. Nos dirigimos entonces los tres al restaurante Los Tulipanes. Luego de acomodarnos en una de las mesas, Laco nos dijo que ordenáramos lo que nosotros quisiéramos comer, mientras él iba al baño. Fue en eso cuando Rodulfo me sugirió que pidiéramos los platillos más caros del menú. Así, mientras Laco estaba en el tocador, nosotros pedimos, para cada uno, Pigua a la mantequilla, camarones empanizados, filetes de robalo al mojo de ajo y de entrada chilpachole de jaiba. Cuando Laco regresó del baño y se enteró de lo que habíamos ordenado su rostro palideció. En ese instante el mesero se acercó y le preguntó: “¿Y a usted, qué le servimos?”, Laco fijó su triste mirada en el menú, y mientras tragaba en seco, dijo: “a mi sólo tráigame un caldito, sí… un consomé…”

 
 
 

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