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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› Y, callaron al galán

En un juego de beisbol de la Liga Tabasqueña entre las novenas Petroleros de Macuspana y Los Cañeros de Cárdenas, Chinto (Francisco Javier Olán López) viajó con un grupo de cardenenses a la tierra de Los Tumba Patos para apoyar a su equipo. El partido trascurría sin pena ni gloria, pero en eso Chinto se dio cuenta que dos gradas arribas de donde ellos estaban sentados, había una mujer hermosísima: blanca, ojos verdes, sonrisa de diosa del Olimpo, sensual, y hacia resaltar aún más su belleza el viento que jugueteaba con su pelo rubio. El caso es que la chica aquella, que apoyaba al equipo de Macuspana, deslumbró a primera vista a Chinto, quien para tratar de llamar la atención de la linda doncella, comenzó a lanzar gritos, porras en apoyo a Los Cañeros. Era tanto el escándalo que hacía en su intento de ganar siquiera una mirada de su dulcinea, que aquella misma mujer bonita, cansada de los gritos de Chinto, acomodó sus dos delicadas manos a lado de su boca, buscando ser escuchada de mejor manera, y pegó tremendo grito, dirigiéndose a Chinto: “¡cállate narizón!”. De la enorme pena, Chinto sintió que un calorcito recorrió todo su cuerpo, se escurrió en su asiento, haciéndose lo más pequeño que pudo, y no volvió a hablar hasta que retornaron a Cárdenas.

› ¿Chicharito o pellejo de puerco?

Cuando se enfrentaron las selecciones de México y Francia en el Mundial de Sudáfrica, en Paris se reunieron, para ver el juego, varios matrimonios integrados por franceses y mexicanos, entre ellos algunas tabasqueñas, radicadas en aquella nación. En el momento que Javier Hernández, “Chicharito”, anotó el gol, los compatriotas saltaron de júbilo y lanzaron estruendosos vivas, al tiempo que corearon el sobre nombre de Hernández: “Chicharito”, “Chicharito”, “Chicharito”. Entonces, un francés preguntó a su esposa, originaria de Tabasco, por qué le decían al jugador mexicano “pellejo de puerco”. Su pareja le aclaró de inmediato. “No, amor, no le dicen “Chicharrón, es… Chi-cha-ri-to”.

› Yo lo veo bien…

Fue en la administración de Manuel Andrade Díaz, cuando en uno de sus informes de gobierno decidió trasladar la ceremonia al Teatro Esperanza Iris. Por esos días, se especuló en el medio periodístico que, en lo oscurito, la bancada del PRD había acordado con el mandatario estatal que el informe se llevara a cabo, sin problemas, fuera del Congreso del estado, aunque algunos comunicadores ignoraban la presunta negociación. Entre tanto, la polémica respecto al tema se había agudizado en los periódicos. Por eso, cuando los reporteros que cubren la fuente del Congreso del estado vieron en las escalinatas de la Cámara de Diputados al entonces coordinador de la bancada del PRD, Dorilián Díaz Pérez, enseguida lo abordaron y, uno de los reporteros que no sabía del supuesto acuerdo pactado, tratando de enfrentar a los perredistas con el gobernador, le lanzó una pregunta inducida: “¿Cómo ve usted que el gobernador Manuel Andrade presente su informe en el teatro Esperanza Iris en un abierto desplante de prepotencia con el que no sólo le falta el respeto al pueblo, sino también a ustedes los legisladores…? El reportero estaba presto para tomar nota de lo que esperaba fuera una iracunda respuesta del diputado de oposición contra el gobernador. Cómo el político no respondió de inmediato, decidió insistir… ¿cómo lo ve usted señor diputado? La respuesta del perredista fue seca: “pues... yo lo veo bien”.

› Como una estrella fugaz

Cierta noche que el doctor Presvot regresaba a su casa, después de divertirse en la llamada zona de tolerancia del municipio de Cárdenas donde en el centro nocturno Río Rosa compartió copas y cantó con algunos unos amigos, se percató que en una de las bolsas de su camisa ya no llevaba sus dos plumas de oro.

El médico hizo el comentario en voz alta, al grado que el taxista que lo trasladaba a su domicilio alcanzó a escuchar al profesionista. “¿Y, con quiénes estaba usted doctor?”, preguntó el chofer. “Pues la verdad, conviví con este muchacho que le dicen Jimy, (Maximino García), por cierto es muy alegre, me estuvo cantando bonitas canciones”.

“¡Ah!, ese Jimy lo chingó doctor”, afirmó sin titubeos el taxista. “No puede ser, es un buen muchacho; te digo que es muy alegre, amable, jovial”. Pero el ruletero insistió: “No, doctor, ese cabrón le jodió las plumas”. Entonces el doctor, convencido por el chofer, decidió retornar al centro nocturno.

Al entrar el médico al Río Rosa, ahí estaba Jimy, cantando como siempre en el centro de la pista. En el momento preciso que entonaba la melodía: “como una estrella fugaz…”, mientras movía las manos semejando tener unas maracas, Jimy, al ver al doctor, comenzó a caminar hacia atrás sin dejar de cantar: “como una estrella fugaz”, “como una estrella fugaz”, y así retrocedió hasta alcanzar una puerta trasera del bar y el doctor sólo alcanzó a escuchar la voz de Jimy: “como una estrella fugaz”, pues el muchacho alegre puso pies en polvorosa.

 
 
 

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