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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› El autoengaño

Durante el gobierno de Roberto Madrazo Pintado, trascendió en el medio periodístico y político, que era común que esa administración grabara las pláticas telefónicas de los reporteros considerados incómodos. Al conocer la versión, Armando Guzmán y yo, implementamos la estrategia, cuando nos comunicáramos por teléfono, de referirnos con dureza hacia el gobierno madracista y soltar algunas informaciones falsas para tratar de confundir a quienes espiaban a los comunicadores. Una mañana me habló Guzmán para preguntarme si sabía de alguna actividad para ese día que diera la nota. Al escuchar un sonido raro en el celular supuse que nos estaban grabando y se me ocurrió inventar la siguiente versión: “Pues hasta donde sé, hoy miles de campesinos provenientes de Nacajuca, Cárdenas, Comalcalco y Macuspana, le van a tomar el palacio de gobierno a Madrazo”. Del otro lado, Guzmán la tomó al vuelo y confirmó: “¡qué bestia!, tienes razón, sí, hoy es el día, en que esa gran movilización va a sacudir al gobierno corrupto de Roberto Madrazo. Además vienen senadores y diputados federales de la oposición a respaldarlos”, agregó Armando. Así, a sabiendas de que posiblemente éramos victimas del espionaje telefónico, comenzamos a lanzar todo tipo de insultos contra la administración madracistas, y quedamos firmes de vernos en la Plaza de Armas al filo de las 11 de la mañana para cubrir la protesta campesina. Colgamos, y ya listo, tomé mi libreta, pluma, grabadoras y pedí un taxi, ordenándole al chofer que me llevara rápido y directamente a la Plaza de Armas para cubrir la “gran manifestación”. Pero cuando iba a la altura del edificio del PRI estatal, reparé que lo de la movilización era sólo un invento nuestro. Riéndome de mí mismo, le dije al taxista. “mejor llévame al Sambors de la Plaza Olmeca”, que era el lugar donde, la noche anterior, habíamos acordado Guzmán y yo tomarnos un café.

› Entre gordos te veas

Corría el año de 1998 cuando cierto día quedé de cenar con los reporteros Armando Guzmán, corresponsal de la revista Proceso y Rodulfo Reyes, entonces corresponsal del diario El Financiero. Aunque yo frecuentaba a los dos reporteros, ellos tenían meses que no se veían. Por eso, cuando en un momento de la cena Rodulfo fue al baño, Armando me comentó: “Qué gordo está Rodulfo”. Y es que el reportero de El Financiero rayaba en los 115 kilos. Más tarde Armando fue al tocador, momento que aprovechó Rodulfo para decirme: “Qué gordo está Armando”.

› Sabia decisión

El día que el Barcelona y Real Madrid jugaron el clásico de España, también en Cárdenas casi a la misma hora jugaría el equipo Nueva Sangre en la Liga Súper Máster, es decir, donde participan futbolistas de 47 años para arriba. Minutos antes que arrancara el clásico en España, así como en un campo llanero de Cárdenas, el taxista Antonio Javier López Camposeco llegó emocionado a la casa del dirigente de ese gremio Geovany Brito Martínez para invitarlo al Embudo, donde se mediría Nueva Sangre con un equipo de La Petrolera. “Vamos a ver el partido, ahí van a jugar Pito (René Alberto López) y tu hermano El Negro (Lenin Brito Martínez).

Geovany, cómodamente sentado en un mullido y gigantesco sillón, enclimado en la sala de su casa y frente a una pantalla plasma de 50 pulgadas, con un tarro de cerveza friísima en la mano, esperaba paciente el inicio del clásico de la Liga de las Estrellas. Por eso, con un gesto socarrón le contestó a su compañero de trabajo: “¡Ah! Bueno… estás loco, cómo voy a dejar de ver a Lionel Messi y a Cristiano Ronaldo por ver jugar a Pito y a El Negro, además, parado a mitad del sol y en medio de nidos de hormigas. ¡No hermano, déjame aquí!

› El jonronero cubano

Cuando don Telmo Pernas administraba a Los Cañeros de Cárdenas, equipo de beisbol que participaba en la Liga Tabasqueña, a fin de reforzar a la novena cardenense trajo de Cuba al beisbolista Elizaldo Flores, un cátcher con fama de jonronero. Así, después de jugar su primera serie en el municipio de Teapa, cuando el equipo retornó a Cárdenas, el señor Perna le preguntó a Elizaldo: “¿cómo te fue… metiste jonrón?” A lo que el cubano respondió. “No don Telmo, pelo pol poquito”. Una semana más tarde al regresar de jugar en Comalcalco, el responsable del equipo volvió a preguntarle al cubano: “¿Metiste jonrón?”. De nuevo la respuesta: “No don Telmo, pelo pol poquito”. A la cuarta semana, luego de que el equipo jugó en Jalpa de Méndez, el señor Pernas, ya un poco molesto, interrogó al beisbolista: “¿Elizaldo, metiste jonrón?”. “No chico, pelo pol poquito”. Entonces don Telmo le aventó su sueldo sobre el escritorio y alzando la voz, le dijo: “Pues, pol poquito te vas a la chingada de regreso a Cuba”, y Elizaldo fue despedido.

› El confiado

El año que el Ingeniero Pagola comenzó a trabajar de manera profesional, le iba tan bien que lo primero que hizo fue comprarse un auto Volkswagen del año. Pero en una ocasión que se encontraba en Villahermosa conviviendo en un bar con un grupo de amigos, de pronto irrumpió en el lugar un conocido que entró gritando: “ingeniero, Pagola, ingeniero Pagola, se están robando tu carro”. Pero el aludido muy quitado de la pena, al escuchar al agitado personaje que fue a avisarle del robo, sólo esbozó una sonrisa y le dijo: “quién se lo va a llevar, si yo aquí tengo las llaves”.

 
 
 

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