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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› El Chimbombo

Cuando las tomas de los pozos petroleros a manos del PRD, en el año 1996, llegó a Villahermosa en calidad de enviado del periódico La Jornada, el reportero gráfico Omar Meneses. Una mañana en compañía del entonces corresponsal de El Financiero, Rodulfo Reyes, fuimos a buscar a Omar al hotel donde se hospedaba. Los presenté, y con Rodulfo al volante de su vehículo, nos fuimos a reportear a las comunidades que estaban bloqueadas por los perredistas. Durante el trayecto sólo Omar y yo hablábamos. Después en cuando Rodulfo sólo sonreía y volteaba de vez en cuando a ver por el espejo retrovisor a Omar. En una de las comunidades, mientras Rodulfo levantaba el testimonio de algunos de los manifestantes Omar me dijo: “Oye, tu amigo es muy serio, casi no habla”. Entonces le advertí a Omar: “Déjalo así, mejor que vaya tranquilo, así está mejor”. Intrigado me preguntó: “¿por qué me dices eso?”. Le respondí: “”Mira, le dicen el Chimbombo, es buena onda, pero tiene un defecto”. Con voz rayando en la preocupación volvió a preguntar: ¿qué defecto tiene?”. Bajando la voz le dije: “Así como lo ves de serio, le gusta hacerlo con los hombres, ya ha violado como a tres”. Omar guardó silencio, se le quedó viendo a la distancia a Rodulfo y se fue a tomar unas fotos. Mientras él tomaba sus gráficas, hablé con Rodulfo y le platiqué lo que le acababa de decir al enviado. Nos pusimos de acuerdo y le dije que cuando tuviera oportunidad lo saludara con un fuerte abrazo. “Está todo asustado”, le advertí a Rodulfo. Cuando llegamos al hotel Independencia y Omar se bajó, al tiempo que Rodulfo descendió rápidamente del auto y se fue a despedir del fotógrafo, pero al verlo Omar se pegó a la pared, cerró los ojos y se abrazó a su cámara. Al ver aquello Rodulfo y yo, ya no aguantamos, y echamos a reír. Le explicamos a Omar que era una broma, y muy serio me dijo: “René, eres un mátalas callando”.

› Si se acaba el mundo me voy a Mérida

Corría el año de 1982 cuando viajé a la ciudad de Mérida para que me realizaran unos estudios médicos. Me hospedé en el Gran Hotel, ubicado en el centro de la ciudad. Luego de haber ido con el especialista, decidí comer en el restaurante del hotel. Un mesero elegantemente vestido se acercó, me ofreció la carta y se retiró para dar tiempo a que seleccionara algún platillo de la rica cocina yucateca. Estaba revisando el menú, cuando volvió a aparecer el mesero aquel y comenzó a acomodar en la mesa un servilletero, salsas, rebanadas de pan caliente y de pronto observé que puso un plato pequeño con dos bolitas color crema. Cómo andaba un poco resfriado le dije muy salsa, como si fuera un gran gourmet. “¡Por favor, retíreme el helado!, ando un poco mal de la garganta”. Todo extrañado el mesero me explicó: “Joven, no es helado lo que le serví, es mantequilla”. Sentí entonces calientes las orejas y muy apenado sólo acerté a responder entre balbuceos: ¡Ah! bueno, déjala entonces ahí.

› Pecado mortal

Allá por la década de los 80 el Club Uco (Unión Carnestolenda Organizada) estaba en su apogeo en el municipio de Cárdenas. Sus integrantes eran ni más ni menos que los encargados de organizar las fiestas del Rey Momo en esa cabecera municipal. Un domingo de carnaval, después del tradicional desfile y de tomar licor en cantidades industriales el buen Macuca (José Custodio) ofreció darme el aventón a mi casa. Ese día me había disfrazado de los pies a la cabeza de King Kong, el gigantesco gorila. En toda la noche no me quité el disfraz de la terrible fiera y como para esas horas ---cuando Macuca me llevó a mi domicilio, pasada la media noche-- no me acordaba ni de mi nombre, así vestido completamente de gorila arribé a mi domicilio. Aún tambaleando por los efectos de las bebidas espirituosas, toqué para que me abrieran la puerta. Entonces apareció mi mamacita querida, y al ver semejante esperpento delante de ella, pegó un tremendo grito que por poco y la mato del susto. “¡Soy yo mamacita!”, “¡soy yo mamacita!”, decía todo apurado para intentar tranquilizar a mi madre. Hasta la borrachera se me quitó.

› El inspirado

Para el acontecimiento de los pozos petroleros por esas fechas también fue enviada por el diario La Jornada la entonces reportera Rosa Icela Rodríguez. Cuando arribó a Villahermosa me habló a mi celular y quedamos de vernos en el restaurante del hotel Calinda, donde se había hospedado. Llegué al lugar, aún no bajaba, y pedí un café para esperarla. Cuando llegó a la mesa nos saludamos, se sentó y me preguntó: “¿Cómo has estado René?”. Y, le respondí muy serio: “Aquí, con mis alegrías, con mis tristezas y a veces con mis grandes tragedias”. Al escuchar aquello Rosa Icela me miró sorprendida y exclamó: “qué bonito”, y rápidamente extrajo su libreta y apuntó, mientras me preguntaba: “¿De dónde sacaste eso?”. Sin perder la seriedad, le respondí: “A veces me inspiro compañera”. Como a los tres días me reclamó, pues ya había tenido la oportunidad de escuchar el noticiario de Telerreportaje.

 
 
 

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