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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› No lo convenció el pacto

En Villahermosa existió un personaje conocido como el Almirante Achirica, quien se decía inventor de armas nucleares, héroe de la segunda guerra mundial, Lord de la Armada Inglesa y tantas otras alucinaciones, al grado que vestía un uniforme blanco con diversas medallas colgadas en el pecho, supuestamente ganadas en batallas imaginarias. Sirva lo anterior, para la siguiente anécdota.

Una mañana que me encontraba en el café del Hotel Miraflores en compañía de Laureano Naranjo, llego al lugar Alfonso Naranjo. Sobre la mesa estaba un escrito que habían pasado repartiendo. Se trataba del llamado Pacto de Salsipuedes, signado por el político tabasqueño Nicolás Haddad. Alfonso ordenó un café, luego sacó sus lentes y parsimoniosamente desdobló el manifiesto aquel, se cruzó de piernas y comenzó a leerlo con bastante interés. Laureano y yo continuamos platicando. Después de una media hora, Alfonso dobló cuidadosamente el mentado pacto aquel, se quitó los lentes y dio el quinto sorbo a su café. Fue entonces cuando me atreví a preguntarle: “¿Qué te pareció el pacto?”. Con toda la calma del mundo volvió a tomar otro sorbo de café, me miró fijamente y… soltó: “¡Así empezó Achirica!”

› La reencarnación

Una vez un grupo de amigos visitó en su negocio, enclavado en la céntrica calle Morelos de Cárdenas, a Peluza (Rubén Escalante). Al calor de la plática que transcurrió entre bromas y risas, de pronto Peluza les dijo a sus amigos. “Saben qué, cuando yo me muera voy a reencarnar en perro y mi mujer en pulga”. Quienes lo escuchaban le preguntaron intrigados: ¿Y eso por qué Rubén?, a lo que dijo: “Para que me siga chingando”.

› El porrista distraído

En una ocasión el equipo de futbol de Pueblo Nuevo, que participaba en la Liga Master del municipio de Cárdenas, fue a jugar a Sánchez Magallanes contra la oncena de ese lugar. Con el representativo cardenense viajó un nutrido grupo de porristas, entre ellos locatarios del Mercado 27 de Febrero y el reportero Chinto (Francisco Javier Olán López). Apenas llegó el autobús con el equipo de Pueblo Nuevo a la otrora Barra de Santa Ana, los porristas agarraron rumbo, es decir, se fueron a echar unas cervezas en un bar de esa localidad. Cuando se jugaban los últimos minutos del segundo tiempo, todo jumo llegaron los porristas a ver lo que restaba del partido. Entonces se escuchó la voz de Chinto, parado a la orilla del campo, echándole porras a Monsi (Ramón Alvarez). “¡Corre Monsi, tira a gol Monsi, tira a gol Monsi!”. Cuando más emocionado estaba animando a Monsi, de tras de él le tocaron el hombro. Era Monsi, quien tenía rato que había salido de cambio y le aclaró al porrista: “Oye Chinto, pero si yo estoy aquí”.

Todo sorprendido Chinto volteó a mirar a Monsi y después al jugador que corría en el campo. “¡Puta madre, y quien cabrón es aquel pues!”.

› Error de cálculo

Tres días antes que el centro de Villahermosa se fuera a pique en la histórica inundación del año 2007, Alonso Urrutia y Francisco Olvera, reportero y fotógrafo, respectivamente, enviados de La Jornada, a quienes el periódico había designado para que cubrieran junto conmigo el suceso, me hablaron desde la ciudad de México para preguntarme qué hotel les recomendaba. Les dije, con toda seguridad, que el Miraflores, por ubicarse en pleno Centro de la capital tabasqueña. “¿Es seguro ese hotel René?”, insistieron, a lo que les dije: “¡Segurísimo, hermano!”. Llegaron y se instalaron en el hotel de marras. La noche que desbordó el río Grijalva e invadió Villahermosa, regresábamos de la Plaza Cristal, a donde, después de mandar la información de ese día, habíamos ido a conseguir unas gorras para los enviados. Cuando a bordo de una camioneta arribamos al centro de la ciudad, observamos sorprendidos que al agua estaba entrando con fuerza a las céntricas calles. Bajamos rápidamente y con el agua arriba de la rodilla alcanzamos el hotel y comenzamos a sacar las computadoras y el equipo fotográfico. Cuando íbamos en la calle Juárez, ya de salida, a la altura del café La Cabaña, con el agua arriba de la cintura, Alonso Urrutia me inquirió: “René, ¿nos dijiste que era seguro este hotel?”. “Sí hermano, hasta ayer era seguro”, le respondí.

› Le falló la astucia a Chuchito

El cardenense Plinio Valenzuela compró cierta vez en Plan de Ayala unas vacas lecheras motilonas, chaparras, por lo que en una camioneta de redila que tenía subió las vacas y para evitar el pago de derecho a los fiscales de Huimanguillo, se le ocurrió ponerle a las vacas unas sillas de montar y frenos, simulando que eran caballos de trabajo, que no pagaban impuestos. Cuando pasó por enfrente de los fiscales, éstos le preguntaron: “qué llevas Plinio”. El aludido respondió: “unos caballos enclenques que agarro para pastorear”. El fiscal observó sólo por encima de la redila y como únicamente alcanzó a verle los lomos y la cabeza a los animales, este le dijo. “Adelante compa”.

Al llegar a Cárdenas, Plinio fue y le platicó su hazaña a Chuchito, un famoso carnicero del Mercado 27 de Febrero. Como éste tenía un expendio de carne de cerdo, se le ocurrió pasar sus puercos sin pagar, imitando a Plinio. Entonces subió a la camioneta unos caballos, pero debajo de ellos acomodó varios cerdos. Cuando llegó al punto de revisión, el fiscal le preguntó qué transportaba, y contestó igual que Plinio: “Unos caballos enclenques que uso para pastorear”. “Adelante”, le dijo el inspector. Pero como cerca del sitio hay un gigantesco tope, Chuchito lo pasó fuerte, y el golpe del tope hizo que sus puercos pegaran tremendos gruñidos, que escuchó el fiscal, quien lo agarró con los puercos en la masa: “¿dónde crees que vas con esos puercos?, vas pagando papá”.

 
 
 

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