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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› El chofer que quiso ser reportero

En cierta ocasión, Juanito, un chofer de Lorena Beaurregard, quiso incursionar en el periodismo y se ofreció a ayudarme a reportear. Al notar su gran interés le dije que si se enteraba de algo noticioso que me avisara de inmediato para que me acompañara y observara. Al día siguiente, al filo del mediodía, se comunicó conmigo desde un teléfono público. Se le escuchaba agitado: “Mira, René, aquí hay mucho movimiento, entra y sale bastante gente con maletas”. Intrigado le pregunté dónde estaba. “Estoy en el aeropuerto”. Entonces le dije que era normal que en la estación área entrara y saliera gente con maletas. “Si, pero es que todos los reporteros están entrevistado a un senador Chan”. Me quedé pensativo, porque no ubicaba a ningún senador con ese apellido. Le pregunte a Laureano Naranjo, que se encontraba conmigo, si sabía de algún legislador con el apellido Chan. Luego de revisar mentalmente a los integrantes del Senado, Laureano me respondió que no había nadie con ese apellido. “¿Estás seguro que se apellida Chan?”, le pregunté a Juanito, quien me respondió tajantemente: “Sí, y creo que sabe mucho de petróleo porque le están preguntando de los trabajadores petroleros, del sindicato y todo lo dice de memoria”. El tal Chan de Juanito, no era otro que el líder del sindicato petrolero Carlos Alberto Romero Deschamps, que en esas fechas era diputado federal.

› Un asesor de primera

En la cabecera municipal de Cárdenas son muy conocidos los comerciantes Rutilio Rosique Casanova, de nariz prolongada; Coquí Casanova, bajo de estatura y el doctor Gamaliel Avila Márquez, de quien son notorios sus brazos velludos. Resulta que allá por la década de los 70, el cardenense Aquiles Fuentes trabajaba en un banco del lugar. Como era uno de los trabajadores con mayor antigüedad, el nuevo gerente que venía de otro estado, tenía pensado visitar a algunos clientes de la institución crediticia y decidió apoyarse en Aquiles para que lo asesorara sobre los lugareños y le informara si eran sujetos de crédito. Llamó entonces a Aquiles a su oficina, y tras el saludo de rigor, le preguntó al flamante asesor: “¿Cómo ves a Rutilio Rosique?”. “Yo lo veo Narizón”, contestó rápidamente el asesor. Sin embargo, el gerente volvió a preguntar: “Y, ¿cómo ves a Coqui Casanova?”. “Lo veo Chaparro”, respondió en un santiamén Aquiles. El gerente movía la cabeza de un lado a otro, pero se atrevió a soltar otro nombre: ¿Cómo ves al doctor Gamaliel?”. “Está Peludo”. Y, hasta ahí llegó el asesor.

› Tirios y Troyanos

En la inundación del año 2007 surgió un conflicto entre los pobladores de la ranchería Anacleto Canabal del municipio de Centro, porque los de una sección acusaban a los de la otra sección que estaban colocando costales de arena para que no se inundaran sus casas, pero el bloqueo los perjudicaba a ellos. Uno de los inconformes hizo una llamada al programa de radio Telerreportaje para quejarse, donde a su manera explicó todo el problema y dijo que ya había confrontación entre todos los vecinos y que unos acusaban a otros y que la situación se estaba calentando. Tras escuchar el relato Chuy Sibilla comentó desde los micrófonos del noticiario: “Por lo que me dices en este momento hay Tirios y Troyanos”. Del otro lado de la línea se escucho entonces la voz del quejoso con cierto temor: “La verdad Chuy, no sé si hubo tiros, de eso no sé nada”.

› Otra de mi tío Manuel

Mi tío Manuel Pérez era mecánico, plomero y electricista. Era muy bueno en los tres oficios, por lo que nunca le faltaba trabajo en el municipio de Cárdenas y muchas veces fue contratado en Huimanguillo y la capital tabasqueña. Así como era trabajador, también era muy desconfiado y celoso de sus asuntos. La mayoría de sus sobrinos trabajamos con él. En una ocasión, mi primo Javier López Camposeco, que cursaba la carrera de Ingeniero Electromecánico en el Politécnico, llegó de vacaciones y se puso a trabajar con el tío Manuel. Estábamos en una construcción instalando el cableado eléctrico, cuando de pronto mi tío se bajó de la escalera de madera, soltó la manguera que estaba colocando en la pared y dijo: “A ver tu Javier, que estás estudiando ingeniería en México: tengo 70 regaderas, si las vendo a 85 pesos cada una, ¿cuánto me voy a ganar? Javier le preguntó: “¿Cuánto te costó cada regadera tío?”. El tío Manuel se volvió a la escalera y soltó molesto. “Vete a la chingada, tú todo quieres saber”.

› La negación del periodismo

En el año 1994, Andrés Manuel López Obrador, que contendía en esas fechas por la gubernatura del estado, presentó su Proyecto de Gobierno en el Hotel Calinda Viva. Entre sus invitados arribó de la ciudad de México el articulista del diario La Jornada Rodolfo F. Peña (qepd), quien debido a una dolencia caminaba apoyado de un bastón. Esa noche lo saludé y quedamos de desayunar al día siguiente. Pero durante la presentación del texto de López Obrador se suscitó un zafarrancho de perredistas con un grupo de priístas encabezados por Noé Pascacio Domínguez, quien manejaba los dineros de la famosa CIAR-100. Al día siguiente me presenté muy temprano en el restaurante del Calinda Viva para desayunar con el acreditado columnista de La Jornada. Le llevé varios diarios de Tabasco, que consignaban la trifulca de la noche anterior y destacaban que don Rodolfo le había abierto la cabeza de un bastonazo a una niña. Lo que era totalmente falso. Con cierta pena le mostré los periódicos, y esperé paciente que los hojeara uno a uno. Cuando terminó sólo se me ocurrió decirle: “Tergiversaron las notas, ¿verdad don Rodolfo?”. El destacado periodista suspiro profundo y me respondió: “Mi estimado René, lo que estoy viendo es la negación del periodismo”.

 
 
 

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