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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› ¡Eres un perro!

Cierto día Andrés Manuel López Obrador encabezó una concentración de perredistas en el local del antiguo Cine Tabasco, en la ciudad de Villahermosa. Resulta que por esos tiempos Laureano Naranjo Cobián y Tomás Brito Lara, mucho antes que este último fuera alcalde de Cárdenas, se turnaban para conducir los actos políticos de ese partido. Cuando le tocaba a Laureano Naranjo, además de presentar a los dirigentes del partido, aprovechaba para mencionar a Tomás Brito, a quien presentaba como un destacado militante. Le daba, pues, calorcito desde el micrófono. Laureano, desde luego, esperaba corresponsabilidad de parte de su compañero. Pero en el mitin que condujo Tomás Brito en el Cine Tabasco, mencionó a todos los perredistas que estaban arriba del templete, menos a Laureano.

A mí me tocó cubrir el evento partidista, por lo que al término de éste caminé junto con Laureano Naranjo, Tomás Brito y otros amigos hasta el café del hotel Miraflores, ubicado en el centro de la capital tabasqueña. En el trayecto Laureano le reclamó a Tomás su proceder y le dijo que era un mal amigo. Tomás Brito sólo bajó la cabeza. Ya en el café, sentados todos en torno a una mesa, siguieron los reclamos. Tomás Brito se puso a leer un periódico para tratar de no escuchar la voz airada de Laureano. En un momento dado éste dijo “mejor me voy”, cogió su tradicional lupa, sus libretas, se paró y dio grandes zancadas para marcharse, pero de pronto giró y regresó hasta pararse atrás de Tomás Brito, que estaba de espaldas a la salida de la cafetería. Laureano se encogió un poco hasta colocar su cara a la altura de la nuca de Tomás Brito y soltó un estentóreo grito que se escuchó hasta Plaza de Armas: “¡peeeeerro!”

› Lo traicionó la costumbre

Durante muchos años Rodolfo Sánchez de la Cruz trabajó con su padre, don Tincho Sánchez, en la abarrotera “Casa Sánchez” de la cabecera municipal de Cárdenas. Era el encargado de cobrar y de contestar el teléfono para tomar los pedidos que hacían los clientes. Pero un día decidió incursionar en la política y de este modo fue electo presidente municipal de Cárdenas.

Cuando llegó a la presidencia municipal, en su primer día como flamante alcalde revisó cuidadosamente la oficina y ordenó a su secretaría que le pasaran a él personalmente las llamadas. Se instaló en el cómodo sillón y cruzando las manos por atrás de su cabeza se recostó en el respaldo de éste. Estaba quizá ensimismado pensando qué hacer en ese su debut como edil de los cardenenses, cuando de pronto sonó ruidosamente el teléfono, por lo que rápidamente manoteó el auricular y contestó con voz fuerte: “Casa Sánchez, diga… perdón, perdón.. . presidencia municipal…”

› Don Garabato

El entonces candidato del PAN a la presidencia de la República, Vicente Fox Quezada, ofreció una rueda de prensa en Villahermosa. Entre los reporteros estaba Iván Aguirre, quien había lanzado una pregunta a boca de jarro pero no fue atendida por Fox, porque al mismo tiempo preguntó otro reportero. Pero Iván Aguirre con insistencia levantaba la mano pidiendo la palabra. El equipo de campaña se había percatado que se trataba de una pregunta incómoda, y no le daban la voz a Iván Aguirre. Fue tanta la insistencia del reportero que Vicente Fox, en tono molesto le dijo que preguntara, pero que dijera a qué medio representaba. “Soy del semanario El Hijo del Garabato”, se presentó correctamente Iván. Entonces Fox removió los bigotes y le dijo: “Bueno, pregunte, pues, don Garabato”.

› Pingüino y el Abulón

El famoso Pingüino (Fernando Vidal) además de panadero era muy aficionado al beisbol. A pesar de la diferencia de edad, el andaba en los 30 y yo apenas rondaba los 16 años de edad, éramos buenos amigos y vecinos. Siempre me invitaba a los juegos de la Liga Tabasqueña de Beisbol. Pero en una ocasión no tenía dinero, aún así Pingüino me dijo aquel domingo que fuéramos al partido, porque él sabía que por atrás del parque La Ceiba había algunos que desde ahí veían los encuentros de gratis. Ese domingo por la mañana nos fuimos al juego. En efecto, cruzamos varios patios y caminando entre matorrales rodeamos el parque La ceiba, porque exactamente a un lado de las tribunas, la mitad de un tramo de barda se había derrumbado y desde ahí podríamos ver el partido. Pero en el camino escuché que Pingüino platicaba con otras personas, (que al igual que nosotros iban a ver el partido sin pagar entradas) a los que les decía que había que tener cuidado con un personaje conocido como Abulón (don Manuel García) el gerente del equipo, quien en los juegos personalmente vigilaba que la gente no se colara a los partidos. Como iba muy emocionado, ya que se estaban jugando los playoff, al llegar al lugar donde estaba un pedazo de barda caída a la mitad, llegué casi empujando a los que ya estaban ahí, y metí la cabeza para espiar hacia el campo de juego, al mismo tiempo que preguntaba en voz alta: “¿Dónde está el Abulón… dónde está el Abulón?”. Pero el temido Abulón, estaba exactamente ahí, del otro lado de la barda, quien tranquilamente estaba permitiendo que los ahí reunidos vieran el juego. Al escuchar su apodo explotó: “¡Sáquense a la chingada!, todavía les estoy dejando ver el partido y me vienen a insultar”. Me llovieron cocotazos de todos lados.

› Y, no lo subieron

El día que Manuel Gurría Ordóñez fue nombrado coordinador de campaña de Leandro Rovirosa Wade, de las oficinas del PRI estatal que estaban en la avenida Paseo Tabasco, iban a salir varios autobuses con colaboradores e invitados del candidato para realizar una gira de campaña al interior del estado. Las unidades oficiales estaban repletas. Entonces, entre el gentío que estaba arremolinado en torno a los camiones, se encontraba el entonces joven político cardenense Nicolás Haddad López, quien casi exigía a Gurría Ordoñez que lo dejara subir a uno de los autobuses. Muy cerca, otro cardenense, Laureano Naranjo Cobián, atestiguaba los apuros de su paisano. La insistencia de Lacho Haddad llegó a fastidiar al coordinador de campaña, quien perdió la compostura y de pronto sacudió violentamente su cabeza, abrió desmesuradamente los ojos y pegó un grito: “¿Y a quién quiere que yo baje para subirlo a usted...

 
 
 

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