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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› Ya no quiero mondongo

Cuando el licenciado Gilberto Mendoza Rodríguez era Oficial Mayor del Congreso del estado, seguido nos invitaba, a través del periodista Edy Díaz, a comer mondongo en una quinta ubicada en la ranchería Anacleto Canabal.

“Les invita el licenciado a comer mondongo en verde”, nos avisaba Edy a mí y al entonces corresponsal de El Financiero Rodulfo Reyes, y ahí íbamos. En otra ocasión: “Les invita a comer mondongo con garbanzo”, de nuevo asistíamos. Fueron tantas las convocatorias al mondonguicidio, que entre nosotros llegamos a identificar al anfitrión como “el licenciado mondongo”.

Cierto día Edy me dijo que localizara a Rodulfo porque el “licenciado mondongo” quería que fuéramos a comer mondongo en rojo. Le hablé a Rodulfo y le informé sobre la invitación. Del otro lado de la línea, con voz de fastidio, Rodulfo me contestó: “¡Chale!, yo ya no quiero mondongo, un mondongo me lo compro en el mercado”.

› Nominado al premio de la CFE

Lacho Haddad, mejor conocido en la cabecera municipal de Cárdenas como Lacho El Oso, durante muchos años estuvo sin trabajar. A diario iba al café La Primavera y no faltaba un amigo que le invitara el café y los cigarros.

Así transcurrieron los años, hasta que Nelson Pérez García llegó a la presidencia municipal y le dio un empleo. En el café fue un escándalo saber que Lacho El Oso ya trabajaba. En la primera quincena todos estaban a la expectativa esperando que llegara a La Primavera para ver si le invitaba un café el flamante nuevo burócrata. Cuando llegó Lacho El Oso se sentó en una de las mesas de afuera. Sonriendo saludó a todos, encendió un cigarro y se cruzó de piernas.

Los amigos le dijeron: “Oyes, hoy es quincena, debes estar forrado”. Manoteando contestó: “Nada, ya pagué la luz, la renta, el agua… me quedé sin nada”. A la quincena siguiente la misma historia. Cuando sus amigos le preguntaron sobre su quincena, de nuevo Lacho El Oso les respondió: Ya pagué la luz, el agua, la renta”. Y no faltó quien le dijera: “Bueno, a ti te va a dar un premio la Comisión Federal de Electricidad, porque eres el único que le paga quincenalmente los recibos.

› Audomaro Martínez

Audomaro Martínez era íntimo del gobernador Salvador Neme. Tenía una tiendita “La Atómica”, ubicada en la avenida 27 de Febrero de la ciudad de Villahermosa. Ahí mismo estaba su domicilio, exactamente frente al Instituto Juárez, por lo que era común que los estudiantes de prepa y leyes acudieran a fiarle. Entre los estudiantes, Audomaro era conocido como “El Guao”.

En cierta ocasión llegó hasta su domicilio un “chiapita” (de esos que venden chicles y dulces), ya pasaban de las 11 de la noche. Tocó la puerta y, salió la progenitora de Audomaro, la cual, furibunda le preguntó: ¿qué quieres a estas horas?

-Ando buscando al “Guao”, dijo el humilde chiapita.

¡Qué Guao ni que nada, aquí vive el profesor Audomaro Martínez! Le espetó la dama.

Y el hombre todo apenado le dijo:

-Es que aquí le traigo un dinero que me prestó y se lo vengo a pagar.

Acto seguido se escuchó decir a la madre de Audomaro a voz en cuello: ¡“Guao” ahí te buscan!

› Democracia totalitaria

Cuando fui secretario de organización de la dirigencia estatal del Partido Socialista Unificado de México (PSUM) en el estado de Campeche, en una ocasión acudí a la ciudad de México, junto con Abraham Bagdadi, entonces secretario general del partido. Ambos éramos consejeros nacionales y asistíamos precisamente a uno de tantos Consejos Político de la dirigencia nacional.

Luego de presenciar durante dos días y sus noches los intensos debates entre consejeros de peso como Pablo Gómez, Rolando Cordera, Pascual Moncayo, José Woldenberg, Amalia García, Elvira Concheiro, Arnaldo Córdoba, Arnoldo Martínez Verdugo, Valentín Campa, entre otros, llegamos casi muertos al cuarto del hotel.

Pero muy temprano nos hablaron de la recepción para pasarnos una llamada. Era del partido, requerían nuestra presencia. Llegamos al edificio de Monterrey 50, y una secretaria nos dijo que nos esperaba en la oficina Pablo Gómez, que era el secretario general de la dirigencia nacional. Cuando estuvimos frente a él, nos indicó que era necesario que democráticamente eligiéramos a dos militantes de Campeche para que fueran nombrados “profesionales del partido”. Esto significaba que iban a recibir un sueldo mensual de 500 pesos.

“Urge que pasen los dos nombres, porque ya Hugo Círigo está haciendo la relación. El dinero se les va a girar cada mes”.

Salimos de la oficina y parlamentamos Abraham y yo, ahí mismo afuera de las oficinas de Pablo Gómez. Concluimos que lo que más ganas le echaban al partido en el estado éramos nosotros, y que no habían otros con más merecimiento para ser profesionales del partido.

Totalmente convencidos, entramos a la oficina de Pablo Gómez y este nos preguntó intrigado: “¿Ya tienen los nombres?”. Les respondimos: Sí, ya está listo el asunto. “¿Y quienes son?”, preguntó el secretario general del PSUM. A lo que al unísono le contestamos: “Nosotros”. Pablo Gómez sólo movió la cabeza de un lado a otro.

› Apa piecito

Corría el año de 1960, en Cárdenas se celebraba la Fiesta de Junio. Al filo de las 7 de la noche se encontraban los primos hermanos, Francisco Javier Olán López (Chinto), y Nicolás Ortiz López (Lacho) en el parque principal.

Como todo chamaco de su edad Lacho quería subirse a los juegos mecánicos, pero no tenían dinero. Entonces le dice Lacho a Chinto: primo yo me quiero subir a la silla voladora pero cómo le hacemos. A lo que Chinto respondió: Vamos a buscar mi cajón de bolear y ahorita hacemos dinero. “¡Sale!”, contestó Lacho y así lo hicieron. Ya estando en el parque le dice Chinto a su primo, mira Lacho, yo voy a bolear los negros que siempre son más y tu boleas los zapatos color café que son menos.

Al poco tiempo hablan a Chinto para bolear y se agacha a darle el servicio al cliente, luego de un momento grita su primo como a cuatro metros, “primo pásame la banquita aquí me salió uno. Acto seguido Chinto le tira la banquita al primo, sin percatarse que a quien le iba a boliar era a don Guadalupe García (Lupón), hombre corpulento y quien calzaba del nueve, y al poner el pie en la banquita, Lacho se sorprende y no se puede contener y exclama “apa piecito”, a lo que Lupon le contesta: “Te hable para que me bolees, no para que me critiques”, y diciendo y pateándole la banquita al frustrado bolero.

 
 
 

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