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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› Gusanos de la misma guayaba

El profesor Manuel Antonio Ulín Barjau, coincidió en cierta ocasión con un primo suyo, en Jalpa de Méndez, durante una comida. El pariente del mentor es ampliamente conocido en ese municipio y sus alrededores como una persona que batea del lado izquierdo, o mejor dicho, que se la va la canoa al agua. Los comensales charlaron largamente y hablaron de distintos temas de la tierra de la jícara. En una de esas, la persona de finos modales, refiriéndose al profesor le dijo: “Oyes Manuel Antonio, tú y yo somos medio parientes, ¿ya lo sabías?”. El profesor con cortesía asintió con la cabeza. Ya entrado en confianza el amanerado aquél le puntualizó al profesor: “o séase que somos gusanos de la misma guayaba”. El maestro jalpaneco reaccionó de inmediato para aclarar paradas y le respondió: “sí, pero tú tienes tu guayaba y yo la mía”.

› Qué linda es Cuba

El periodista Bartolo Jiménez Méndez no escondía su felicidad, estaba loco de contento porque la dirección de la Revista Impacto le había informado que iría a La Habana, Cuba a realizar unos reportajes sobre la bella isla. Radiante de felicidad estaba en un restaurante de Villahermosa, cuando llegó al lugar Gerardo Rivera y le preguntó si era cierto que iba a viajar a Cuba. “Sí, me mandan a trabajar unos reportajes”, le respondió Bartolo. Pero Rivera le preguntó con quién iría a Cuba. Bartolo tranquilamente le dijo que haría el viaje con su esposa. ”¡Pero cómo vas a ir con tu esposa Bartolo!, si lo que sobra allá son mujeres, y están buenísimas las cubaaaa….nas…”. Gerardo Rivera salió casi corriendo del restaurante, pues se dio cuenta que atrás de ellos, con cara de pocos amigos, estaba la esposa de Bartolo. El viaje a Cuba se le frustró al periodista.

› Las notas de JJ

A finales de la década de los 70 en el municipio de Cárdenas contendieron por la presidencia municipal el líder campesino Julián Montejo Velázquez, abanderando al PRI, y el doctor Ricardo Acuña Angles, por el PPS. El profesor Román Pérez Morales, director del semanario Realidad, me comisionó para que cubriera la campaña del candidato del PPS, mientras que JJ (J. Joaquín Pérez Morales) fue enviado a la campaña del PRI. La instrucción fue en el sentido de que el jueves entregaríamos las notas para que las llevaran al linotipo, ya que la edición se cerraba los sábados y el semanario circulaba los días domingos. El jueves por la tarde me presenté con mis notas y se las entregué al profesor, para que las revisara. Ya casi a las ocho de la noche llegó J. J., dando tumbos y con la mirada perdida. Se sentó en una de las sillas de la dirección del semanario y clavó la mirada al suelo. El profesor lo observó y con voz sería le dijo: “¿Trajiste tus notas Joaquín?”. JJ asintió con la cabeza, se puso de pie como pudo, sacó de la bolsa izquierda de su camisa varios papeles doblados y sobre el escritorio del profesor fue acomodando una a una las notas: habían del Restaurante-Bar Rancho Grande, del Restaurante-Bar Parisina, del Bar Mandioca y hasta del Bar El Segundo Frente.

› La gran compra del Mayor Noverola

Era común observar al Mayor Miguel Noverola, ya en el retiro, pasearse de un lado a otro en los portales de la cabecera municipal de Cárdenas, exactamente frente al café Guadalupana, de su propiedad. Una mañana del mes de noviembre dos personas le fueron a ofrecer la venta de 40 galones de pintura, que le ofertaron a mitad de precio, una ganga. Aquellos sujetos le dijeron que la vendían muy barata, porque estaban urgidos de dinero. Los vendedores, incluso, le mostraron uno de los galones y lo abrieron para que el Mayor constatara, con sus propios ojos, que se trataba de pintura de calidad. Dicho y hecho, se cerró el trato. Le trajeron los 40 galones, los acomodaron en la parte trasera del local, junto al viejo molino donde se molía el Café Guadalupana, y el Mayor pagó la pintura. En el mes de diciembre don Miguel Noverola le dijo a Milo (el que atendía el café) que iban a pintar el local, y contrató a los pintores. Pero cuando éstos fueron a abrir los galones, encontraron un galón de pintura y 39 llenos con agua de pantano.

› ¡Tú ya sabes lo que opino!

Los reporteros se peleaban por entrevistar al entonces diputado del sector obrero Andrés Sánchez Solís, cuando éste salía de las instalaciones donde se llevaban acabo las sesiones del Congreso del estado. Este personaje siempre trataba de evadir a la prensa, pues no era muy ducho para las entrevistas. Pero no faltaba algún comunicador que lo cazaba y le ponía enfrente la grabadora y de inmediato la pregunta: “Señor diputado que opina sobre la revisión de los salarios mínimos y sus consecuen…”. Don Andrés Sánchez Solís no dejaba que el periodista terminara de formular su pregunta y, sacando un fajo de billete, se lo metía rápidamente en la bolsa de la camisa al reportero y le decía: “¡Tú ya sabes lo que opino!”. Al día siguiente en el diario donde trabajaba el reportero aquél, salía una nota bien documentada: “El líder obrero Andrés Sánchez Solís, en una muestra de solidaridad con los trabajadores, opinó que en la revisión del salario de este año la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos debe considerar un incremento general promedio…”.

› La parabólica de Cesarín

Cierto día a Cesarín Casanova, aficionado al futbol de hueso colorado, le preocupó que su televisión se veía con interferencia, cuando ya se acercaba el fin de semana y tenía que ver los partidos. Alguien le recomendó a Nelson Escalante, quien tiene fama en Cárdenas de arreglar desde una licuadora hasta el equipo más sofisticado. Entonces Cesarín le habó a Nelson para que le arreglara la antena parabólica, porque ahí estaba la falla que repercutía en el televisor. Nelson llegó con sus herramientas hasta Los Reyes Loma Alta, se subió a la azotea del domicilio y puso manos a la obra. Después de unas dos horas bajó y le informó a su cliente y amigo que estaba listo el trabajo. Revisaron varios canales en el televisor y, en efecto, ya se veía bien la imagen. Cesarín le preguntó a Nelson cuánto le debía. Este le dijo que dos mil quinientos pesos. “¿Por qué tan caro compa?”. Nelson Escalante jaló a Cesarín fuera de su casa y señalando hacia la azotea le explicó que había comprado “aquella pieza negra que ves en la base de la antena parabólica, es muy cara”. Convencido Cesarín, le pagó a Nelson. Como a los dos meses, Cesarín tuvo que subir a la azotea por otro asunto, y le llamó la atención que en la base de la parabólica había una cubeta de plástico de cabeza, pintada de negro, cuya pintura comenzaba a caerse. Al revisarla con mucho cuidado, se percató que la cubeta aquella era la pieza “muy cara” que le instalaron a su parabólica, por lo que rascándose la cabeza, sólo exclamó: “¡Me chingó este cabrón de Nelson!”.

› Oficios para Chemelo

La tía Aurora López siempre intentó que en sus años de adolescente su hijo Chemelo (José María Sánchez López) aprendiera un oficio, para que no sólo pensara en jugar. En las noches, cuando Chemelo llegaba a su casa, luego de una larga jornada de andar vagando en las calles de Cárdenas, a la tía se le ocurrían algunos trabajos para que lo emprendiera su hijo: “Chemelo, hijito, porque no vas con don Juan Alvarez y aprendes la peluquería, ahí se gana bien”. Entonces respondía Chemelo: “Jummm, y si le cortó la oreja a algún cliente”. Enseguida respondía la mamá preocupada: “ay, no mi hijito, mejor quédate sin trabajar”. Otro día le sugirió: “Chemelo y si vas a ver a don Vicente el carpintero y aprendes a hacer muebles, eso también deja”. De nuevo la respuesta: “Y, si me corto un dedo con el serrucho”. “Ay, ni Dios lo quiera hijito, mejor quédate en la casa”. De nuevo arremete la tía Aurora: “Chemelo, y si aprendes a inyectar con don Daniel Izquierdo, ese señor gana muy bien”. Otra vez la salida de Chemelo: “Juummm… y si le baldo la pierna a un semejante, a la cárcel puedo ir…”. “Ay, no hijito, mejor sigue jugando”. Cuando Chemelo creció fue agente de la Policía Judicial y ahí lo mataron.

› Le faltó peso a la nota

En una ocasión el periodista Pedro Luis Hernández entrevistó ampliamente a un político. Hablaron largo y tendido de diversos temas. El reportero apunta y apunta y el político hablando hasta por los codos. Se despidieron. El político se fue alegre. El reportero cabizbajo. Como a los tres días el político se encontró a Pedro Luis y le recamó: “Qué pasó Pedro, no he visto publicada la nota, te dí buenos datos”. El periodista le respondió: “Mira hermano, a esta nota le faltó peso, sólo me distes los datos”.

› Por qué nos traes a este tugurio

El periodista Erwin Macario invitó a comer a un grupo de reporteros. Entre ellos iba Esperancita Cadena, entonces corresponsal de El Nacional. Enfilaron hacia las afuera de Villahermosa y llegaron al restaurante La Chabelita, rumbo a la carretera a Frontera. Esperancita que iba elegantemente vestida, de zapatillas y con perfume caro, le refutó a Erwin: “Por qué nos trajiste a este tugurio, está muy corriente”. En el lugar casi no se podía platicar por el bullicio de los parroquianos. Las meseras se movían con agilidad de un lado a otro, cargando grandes y humeantes ollas de peltres. Cundo le tocó el turno a los reporteros, la mesera depositó en la mesa una enorme olla de peltre, caliente, casi hirviendo. Esta llena del famoso caldo de camarón. Distribuyó entre los comensales varios platos hondos y a darle… Una hora después, todos los reporteros se chupaban los dedos. Cuando salían de aquel tugurio, fue precisamente Esperancita Cadena la que dijo: “Erwin, ¿cuándo regresamos a este lugar?”.

› ¿Quién pidió cremita?

Cuando Chavo Aquino (Salvador Aquino Almeida) estaba por comenzar su campaña por la presidencia municipal de Cárdenas, andaba dialogando con directores de los medios de comunicación. Alberto Naranjo Cobián le servía de enlace en esta tarea, con algunos periódicos. Alberto me pidió que me sentara con Chavo Aquino, para tratar el asunto de la publicidad en La Verdad del Sureste, donde me desempeñaba como director. El encuentro fue en la cafetería La Primavera, de Cárdenas. Desayunamos, tomamos café, platicamos y acordamos. Al término de la reunión, el aspirante pidió la cuenta. La revisó palmo a palmo y de pronto gritó: “¿quién pidió cremita?”. En la cuenta figuraba una taza de crema, con un costo de siete pesos, que había pedido para acompañar mi café. Al observar lo turbado del candidato por la cuenta, se la pedí y le dije que yo pagaba. Entonces Chavo Aquino, apenado, dijo: “No, yo la pago, sólo quería saber quien pidió cremita”.

 
 
 

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