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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› Para que saquen bien la nota

Cuando el licenciado Víctor López Cruz fue presidente municipal de Macuspana hasta esa localidad viajaron los reporteros Erwin Macario Rodríguez y Pedro Luis Hernández Sánchez, quienes trabajaban en diarios de Villahermosa. Después de una intensa gira del alcalde por varias comunidades, al llegar al palacio municipal el tesorero del ayuntamiento buscó a los reporteros, y cargando un grueso sobre manila tamaño carta, le dijo a Erwin Macario y Pedro Luis: “Aquí les manda el presidente municipal este sobre para que saquen bien la nota”. Al observar el grosor del sobre, a los periodistas le brillaron sus ojitos. Un tanto nerviosos decidieron abrirlo lejos de la vista de curiosos. Se fueron a ocultar atrás de una casita que quedaba cerca del palacio, y fue así como decidieron abrir el misterioso sobre. Pero para sorpresa de los reporteros, el sobre contenía un fajo de hojas tamaño carta dobladas, con información precisa y puntual sobre las obras rezagadas en el municipio de Macuspana.

› Está buenísima

En una ocasión los reporteros Bartolo Jiménez Méndez y Eraclio Méndez Burgos se estaban echando los tragos en casa del primero. La intención de ir a brindar en la casa de Bartolo, era porque éste tenía una auxiliar de buen ver, que le quitaba el sueño a cualquier mortal. Los periodistas, ya con el efecto de las copas entre pecho y espalda, estaban embelezados, casi boca abierta observando la escultural figura de la chica, mientras ésta trabajaba, por lo que no se percataron que para ese momento había llegado a la casa la esposa de Bartolo. Al observar la señora el interés con el que su esposo miraba a la muchacha aquella, le dijo a su marido: “qué tanto le ves a esa vieja”. A lo que Bartolo, ya con los tragos en la cabeza, sin apartar la vista de su voluptuosa auxiliar, le respondió a su mujer: “Vieja estás tú, ésta está buenísima”.

› Ya es una goliza

En los años 60, 70 y 80 se transmitía una serie de televisión que se llamó “Hawai 5-0”. Cuentan los cardenenses que a doña América, esposa del entonces alcalde de Cárdenas, el líder campesino Julián Montejo Velázquez, en la postrimería de los 80, le gustaba ver este programa. Una noche don Julián Montejo llegó muy cansado a su casa, luego de realizar una agotadora gira por poblados del Plan Chontalpa. Después de echarse un baño se fue a la recámara, pero su esposa aún tenía encendida la televisión, cuya luz molestaba los ojos del alcalde, por lo que no podía dormir. Fue por eso que le dijo a su esposa: “Meca, ya apaga la televisión y vente a dormir”. Pero doña América le respondió: “Espérate viejo que estoy viendo Hawai 5-0”. A lo que don Julián contestó alzando la voz: “Hummm… apaga eso que ya es goliza”.

› Los boletines de Nesho

Durante muchos años Nesho (Onésimo Evia) fue el encargado de distribuir los boletines del gobierno del estado. Por lo regular los comunicados del gobierno los llevaba al filo de la 10 de la noche al periódico Rumbo Nuevo, por lo que su director Florentino Hernández Bautista trinaba de coraje por lo tarde que los enviaban. “¡Coño, porque lo traen a estas horas!”, decía molesto don Florentino, y apenas recibía el boletín, molesto estrujaba las hojas y las tiraba a la basura. Eso era de todas las noches. Por eso, a sabiendas que don Florentino hacía su rabieta, Nesho llegaba a Rumbo Nuevo y apenas tiraba el boletín sobre el escritorio de don Florentino, salía corriendo del lugar, para no escuchar el enojo del director. En una ocasión, alrededor de las 11 de la noche, los encargados de la edición le informaron a don Florentino que no había ya material y no tenían información para cerrar el periódico. Entonces don Florentino, moviendo la cabeza de un lado a otro para contener su molestia, caminó hasta el cajón de basura y se inclinó frente al cerro de papel estrujado y comenzó a buscar los boletines que una hora antes había arrojado. Como estaban todos arrugados, comenzó a plancharlos con su mano sobre el escritorio y dio la orden: “metan estos pinches boletines, para algo que sirvan”

› AMLO y el lorodicidio

Recién casado el periodista Erwin Macario tenía como vecinos a Bartolo Jiménez Méndez a Nabor Cornelio y Andrés Manuel López Obrador. Resulta que Macario tenía un loro que día y noche no paraba de hablar. Cansado de estar escuchando al dicharachero cotorro, López Obrador decidió una noche darle crán al maldito loro gritón y lo estranguló. Al día siguiente Macario encontró a la especie plumífera totalmente muerta, la que, según el parte de ojo de buen cubero, al parecer había fallecido por asfixia. Su esposa exclamó: “esto nos pasa por vivir aquí, debemos irnos a vivir donde haya gente decentes”. Entonces a Macario no le quedó más que hablar al periodista Miguel Octavio Merino, que por esos tiempos gozaba de fama como investigador, a fin de que iniciara las investigaciones para aclarar el lorodicidio.

› Una equivocación

Durante la temporada de béisbol de la Liga Tabasqueña, El Pollo (Carmen Ocaña) se dedicaba a vender quiniela durante los partidos que se celebraban en el campo de béisbol La Ceiba del municipio de Cárdenas. En una serie de Play Offs entre los acérrimos rivales Titanes de Huimanguillo y Cañeros de Cárdenas, llevó sus famosas quinielas hasta la tierra de la piña, donde se efectuaba el primer juego de la serie. El parque de béisbol de Huimanguillo estaba a reventar, por lo que a El Pollo se le dificultaba caminar entre la gente que colmaba el graderío. Cuando el partido iba por la cuarta entrada el equipo de casa anotó la primera carrera a través del jugador de segunda base. Entonces de entre el público se escuchó una voz: “Pollo, anotó la segunda base, págame mi quiniela”. El Pollo, abriéndose paso entre el público llegó hasta el agraciado y le pagó sus 500 pesos. Estaba bajando las gradas cuando otra voz le dijo: “Hey, Pollo, aquí tengo la quiniela ganadora”, y le mostró el papel que en efecto, probaba que él era el ganador. Revisó la quiniela que le había devuelto al que le entregó el premio y se percató, hasta entonces, que al que le había pagado tenía la primera base, no la segunda. Entonces gritando la frase: “¡equivocación!”, “¡equivocación!”, regresó hasta el lugar donde equivocadamente había pagado la quiniela, pero el estafador ya había puesto pie en polvorosa.

› Los cubanos socialistas

Cuando se realizaban en Tabasco las “Jornadas Pellicerianas”, al evento asistió cierta vez un grupo de escritores y poetas cubanos. Una noche el pintor Férido Castillo y el periodista Bartolo Jiménez Méndez, invitaron a los isleños a convivir con ellos en el restaurante y bar Shalimar, que se ubicaba a orillas del Malecón de Villahermosa. Bartolo muy solícito, quiso atender bien a los paisanos de Fidel Castro, por lo que se paró de la mesa donde se habían acomodado con sus invitados y fue hasta la barra a ordenar una botella de whisky. Férido que lo siguió, le comentó al oído a Bartolo: “Oye compadre, no le vayas a llevar esa botella de whisky, se pueden ofender, recuerda que son socialistas y por lo regular ellos sólo toman ron con coca cola”. Bartolo que ya andaba alegrón le respondió a Férido: “¡Ah! qué madre, yo se las llevo”. Apenas asentó Bartolo sobre la mesa la botella de whisky, los cubanos comenzaron con rapidez pasmosa a servirse, y en cuestión de minutos se chuparon la botella. Bartolo le comentó más tarde a Férido: “vistes a los socialistas hermano, por poco se comen la botella de whisky”.

› Experiencia fallida

Se acercaba el Día de Muertos y por coincidencias estaba muerta la chamba de bolear zapatos en el parque Hidalgo de la cabecera municipal de Cárdenas. Al ver la dura situación le sugerí a El Pollo (Luis Briceño) que mejor vendiéramos coronas de muerto, pues la ocasión era propicia. “¿Y dónde nos pueden dar coronas para vender, si estamos muy chamacos y no tenemos experiencia en eso?”, me preguntó intrigado El Pollo. Yo le dije que cerca de su casa, en la esquina de las calles Madero y Alba (hoy Orrico de Los Llanos) había una persona que confeccionaba coronas de muerto. Nos animamos y fuimos dispuestos a convertirnos de bolero a vendedor de coronas. Cuando llegamos al lugar, una persona alta y con un anillo grueso en una de sus manos nos atendió, y nos preguntó: “oigan chamacos… ¿y ya han vendido ustedes corona?”. Le mentimos: “¡claro!, ya hemos vendido”. Y nos volvió a interrogar: “¿quién les ha dado corona para vender?”. Mi mente trabajó rápidamente y di al azar el sobrenombre de uno de los diseñadores de corona en Cárdenas, del que había oído en las calles, aunque no lo conocía. La respuesta salió sin titubeos de mis labios: “A nosotros ya nos ha dado coronas para vender el señor Mamatabela (Mario Alvarado)”. El grueso anillo aquel se estrelló en cada una de nuestras cabezas, pues nos acomodó sendos cocotazos, ya que estábamos parados ni más ni menos que ante el famoso Mamatabela, hacedor de coronas de muerto. (Fue bautizado con ese mote, porque de chico al llamar a su mamá, en lugar de decir “Mamá Chabela”, pronunciaba Mamatabela).

› El viejo lépero

Un grupo de mujeres católicas amenazó con quemar las oficinas del semanario Perspectiva, que dirigía Isidoro Pedrero Totosaus, además de los talleres. Las señoras aquellas estaban muy molestas por lo que escribía Gerardo Rivera en su columna “El viejo lépero”. También un evangélico que colaboraba en el semanario, casi suplicaba que no lo pusieran por ningún motivo a lado de la colaboración de “El viejo lépero”. Cierto día que Gerardo Rivera llegó con su columna al periódico, Totosaus, con el rostro serio, le preguntó: “¿cuánto te debo?”. Son 500 pesos, lo que me pagas por mi columna, le dijo Rivera. El director de Perspectiva sacó unos billetes de su escritorio y le dijo: aquí tienen mil pesos, coño, pero por favor ya no me traigas tu columna. O sabes qué, te la voy a pagar, pero ya no la traigas. Hasta ahí llegó El viejo Lépero en Perspectiva.

› El fracaso guerrillero

Una de tantas noches cuando retornábamos a nuestras casas, después de seis horas de clases en el Colegio Bachilleres Plantel 5, del municipio de Cárdenas, planeábamos junto con José Jorge (Sánchez Rosales) y Chacatata (Marco Gómez Flores) volvernos guerrilleros. Se vivía en esos tiempos una guerra civil, un conflicto interno en el país de Nicaragua, y los noticieros televisivos habían convertido en una leyenda a Edén Pastora, el Comandante Cero. Ilusionados hablábamos de lo emocionante que sería internarse en la selva con un fusil a cuesta en defensa de un ideal. En ese tiempo teníamos que caminar por trillas, a orillas de las calles del Fraccionamiento Los Reyes Loma Alta, para llegar al centro de la ciudad, donde se ubicaban nuestros domicilios. Cuando más entusiasmados platicábamos de nuestros sueños rebeldes, de pronto observamos una sombra en el suelo, atravesada a la mitad del camino. No dudamos que se trataba de una enorme culebra y pegamos la carrera a todo lo que pudieron nuestras piernas. No paramos hasta llegar al Mercado 27 de Febrero, estábamos aún blancos o pálidos del susto cuando pasamos por el Cine Insurgente. Hasta ahí llegó el trío de guerrilleros cardenenses. Al día siguiente, poco antes de las cuatro de la tarde, hora en que entrábamos a clases, pasamos por el lugar donde se nos apareció la temible serpiente. Para nuestra sorpresa, lo que asustó a los “guerrilleros” fue una gruesa vara de caña tirada en el suelo.

 
 
 

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