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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› López Obrador, el dictador

Sucedió en la ranchería Blasillo, del municipio de Huimanguillo, en uno de los éxodos del perredista Andrés Manuel López Obrador a la ciudad de México. En ese entonces estaba cubriendo esa marcha, que pernoctó en ese lugar, junto con el reportero del diario El Independiente, Eugenio Hernández Sasso y el corresponsal de El Universal, Roberto Barboza. Le habíamos solicitado una entrevista a López Obrador y al cabo de un rato nos dijo. “Súbanse a la camioneta, porque nos vamos a apartar a un lugar, para que no vayan los orejas que mandó el gobierno”.

Nos fuimos a un rancho cercano, donde conocían al entonces dirigente del PRD tabasqueño, y comenzó la entrevista. Le hicimos la primera pregunta, y para nuestra sorpresa, López Obrador comenzó a dictarnos la entrada de la nota, incluso con puntos y comas, ante nuestro azoro: “Abren comillas. Esta lucha es por la democracia, coma, no es por cargos públicos, coma, estamos demandando que Pemex le pague a los afectados por la contaminación o seguiremos con el éxodo hasta la ciudad de México, señaló o advirtió Andrés Manuel López Obrador, dirigente perredista o cabeza del PRD en Tabasco… bueno eso ahí se lo acomodan ustedes…”. Nosotros nos mirábamos uno a otro, y con mucho esfuerzo evitamos reírnos.

› Sucedió en una misa

En unas vacaciones de Navidad Pancho Camote (Francisco López Romero), que estudiaba en la ciudad de México, regresó a su natal Cárdenas. Estábamos platicando un domingo al filo del mediodía en el parque Hidalgo cuando decidimos ir a misa de 12. Entramos bien portaditos a la iglesia San Antonio de Padua y nos sentamos a escuchar la homilía. Llegó el momento en que el sacerdote dice “dense la paz como hermanos”. Pancho Camote, que al parecer no estaba concentrado en la misa, vio que don Jorge Hernández, que estaba a su lado le extendió la mano para darle el saludo de paz. Pancho respondió el saludo, pero pensó que lo estaba saludando don Jorge porque acababa de llegar de México, y se desató a decirle, mientras lo palmeaba en la espalda: “Qué tal don Jorge, fíjese que acabo de llegar esta semana, estoy estudiando la preparatoria en la Vocacional allá en México, voy muy bien…”. Don Jorge, extrañado, lo escuchó y disimuladamente dio unos pasitos a un costado, alejándose del eufórico estudiante, que no paraba de hablar.

› Con esto matas a Carmela

Don Ramiro Romero fue por muchos años el casamentero por lo civil en la ciudad de Cárdenas. Acostumbraba llevar a todas las bodas una ollita. Luego que terminaba el ritual de la boda, entre plática y plática y bromas con los familiares, don Ramiro se acercaba hasta la cocina y observaba lo que iban a ofrecer a los invitados al casamiento. Así veía que a veces era mole, en otras ocasiones estofado o picadillo de pavo, y soltaba siempre su tradicional frase, mientras se saboreaba y tragaba en seco: “¡Con esto matas a Carmela!”. Refiriéndose a su esposa. Entonces los dueños del casorio le pedían su ollita y se la llenaban de comida.

› ¡Señor gobernador!

Cuando era presidente municipal de Cárdenas don Leonides de los Santos, llegó de gira al municipio el entonces gobernador Carlos A. Madrazo Becerra. Don Leonides y sus colaboradores fueron a recibir al mandatario estatal al parque de béisbol La Ceiba, a donde llegó en un helicóptero.

Apenas descendió Carlos A. Madrazo con su comitiva, don Leonides, alzando la voz, dijo: “¡Señor gobernador, Carlos A. Madrazo….” (El mandatario se puso firme dispuesto a escuchar al alcalde). Y siguió diciendo con voz fuerte don Leonides de los Santos: “Quiero explicarle señor gobernador constitucional del estado libre y soberano de Tabasco, que hace aproximadamente, tres minutos, que usted señor gobernador se encuentra parado sobre un nido de hormiga”.

“¡Coño, Leonides!”, dijo Carlos A. Madrazo, y comenzó a sacudirse las hormigas que para ese momento, ya las tenía a la altura de la cintura.

› Se cayó una mata de coco

A la redacción de La Verdad del Sureste llegaba todos los días un reportero de apellido Wade, viajaba desde el municipio de Teapa. Diario dejaba sus notas de poco interés: “Que si se cayó una mata de coco en el ejido San José y obstruyó un camino”. “Qué en Puyacatenco se fue la luz una hora”. “Que un perro en el mercado tiene asustada a la gente”.

Un día que terminó de escribir sus tradicionales notas, las que se publicaban en dos o tres párrafos. Mientras se servía un café, comenzó a comentarle al subdirector del periódico Armando Guzmán Zurita. “Fíjese jefe que allá en Teapa, un grupo de ejidatarios va a presentar una demanda contra el presidente municipal porque hay un escandaloso fraude en el campo. Y a un diputado lo están acusando de defraudar a una familia con un rancho. ¡Ah!, y la gente de cinco rancherías ya no pueden llegar a Teapa porque se derrumbó un puente”.

Armando Guzmán se levantó de su silla y le gritó a aquel reportero: “¡Muchacho del demonio, esas son las notas que quiero que traigas y no que se cayó una mata de coco!”.

 
 
 

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