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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› Eso no te lo perdono Raulito…

Una noche del mes de noviembre del año 1999, cuando la capital tabasqueña vivía las inundaciones de ese año, estaba en el bar La Plataforma del hotel Hyatt, en compañía del corresponsal de Proceso, Armando Guzmán, del director de esa revista nacional Rafael Rodríguez Castañeda y del entonces ex senador Raúl Ojeda, que nos había invitado a fin de convivir con el reconocido periodista que estaba de visita en Tabasco.

Después de varias copas –yo los acompañaba tomando agua mineral- Ojeda nos invitó a cenar en el restaurante Framboyanes del mismo hotel. Justo cuando salíamos del bar, iba entrando al lobby el entonces funcionario de gobierno Jorge Alberto Javier Quero, quien vestía un capote y un casco para cubrirse de las intensas lluvias.

Al verlo Ojeda le dijo: “¡Hola Quero, mira te presentó a Rafael Rodríguez Barrera!”. (Raúl Ojeda, equivocadamente, mencionó el nombre de un ex gobernador priista de Campeche, en lugar del de Rafael Rodríguez Castañeda).

Al escuchar aquello el director de Proceso, ya medio jumo, se ofendió y replicó: “¡No me hagas eso Raulito, por favor!, ahora ya no ceno contigo…”. Apenado Ojeda trató de enmendar su error: “Disculpa don Rafael”. Pero el director de Proceso, bajo de estatura, manoteaba y seguía repitiendo: “No, no, Raulito”, eso no te lo perdono”.

Ya sentados en la mesa no se le pasaba el disgusto y mientras movía la cabeza, insistía: “No Raulito, como me vas a decir así, no te lo perdono…”. Finalmente, el director de Proceso se tranquilizó, cuando el músico del lugar le interpretó la melodía “A mi manera”, su canción preferida.

› El chilito habanero

Don Rafael Fuentes, con un gigantesco morral en mano, llego cierto día al Mercado 27 de Febrero de la cabecera municipal de Cárdenas, a hacer las compras.

Se detuvo frente a un puesto de frutas y verduras. Se ajustó los lentes y de entre un montón escogió un hermoso chile habanero. Lo tomó y lo comenzó a revisar meticulosamente, le daba vueltas y vueltas hasta convencerse que era un ejemplar de chile. Entonces preguntó a la persona que atendía el puesto. “¿Cuánto cuesta este chilito?”. Cincuenta centavos don Rafael, le dijo el comerciante. Al escuchar el precio don Rafael dijo: “chumanía”, y tiró el chile entre el montón de picantes.

› Despacio Armandito

Una mañana fui junto con Armando Guzmán a la casa de Andrés Manuel López Obrador, quien entonces encabezaba las protestas contra el gobierno de Roberto Madrazo Pintado. Nuestra intención era entrevistarlo, pero al llegar a su domicilio el líder opositor salía apresuradamente al aeropuerto, porque ese día viajaría a la ciudad de México.

Al vernos en la puerta de su casa, con maleta en manos, le dijo a Armando Guzmán que lo llevara al aeropuerto, porque lo dejaba el avión. Nos subimos los tres al Volkswagen color rojo que entonces tenía Armando, y nos enfilamos rumbo al aeropuerto.

Armando “le metió la pata” a su pequeño auto a fin de alcanzar lo más pronto posible la estación aérea. Pero cuando íbamos por la estatua de Tabscoop, al ver López Obrador que el carrito iba a todo lo que daba, dijo: “Bájale Armandito, ve más despacio, no le vayas a hacer el trabajo a Madrazo”.

› Total es verdura

Cuando era presidente municipal de Cárdenas don Julián Montejo Velázquez, invito a don Nemesio Aquino a tomar un refresco en la cafetería La Primavera. La joven mesera se acercó a los personajes y les preguntó qué iban a tomar.

Don Nemesio Aquino pidió un licuado de melón, mientras que don Julián lo pidió de papaya. La mesera regresó poco después con el licuado de melón y lo colocó frente a don Nemesio Aquino, al tiempo que le informaba a don Julián que no había papaya, pero le dijo que si gustaba le servía uno de melón, a lo que don Julián respondió amablemente: “Tráemelo hijita, total es verdura”.

› ¡Estos son los míos!

Sucedió también en Cárdenas. Había comenzado el segundo tiempo del partido de futbol entre los equipos La Moderna y el Ingenio Santa Rosalía. Monsi (Ramón Alvarez) que estaba en la banca se moría por jugar, pero no había llevado sus tacos (zapatos para jugar futbol). Entonces Goyito (Carlos Mario Sánchez), encargado de hacer los cambios, le avisó que se alistara porque iba a entrar de cambio al partido.

Desesperado comenzó a prestar unos tacos del número siete, pero los que estaban en la banca calzaban del cinco, y sólo uno de ellos del cinco y medio. Mídetelos, a ver si te quedan, le dijeron a Monsi. Se puso los zapatos de futbol con prisa, y claramente se vio que los dedos les quedaban apretadísimos dentro de los zapatos.

Goyito que lo estaba apurando para que entrara al juego, le preguntó: “¿cómo te quedan los tacos Monsi?”. Y este ni tardo ni perezoso, con tal de jugar, aun con un rictus inocultable en su cara a causa del dolor, le respondió: “¡si estos son los míos!”.

 
 
 

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