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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› Cuando vayas a Macuspana…

En cierta ocasión Lupano (Guadalupe Felipe Luna Pérez) fue a la ciudad de México a rehabilitarse, luego de sufrir un accidente en Pemex, en su natal Macuspana. Ya recuperado, allá en el Distrito Federal, como siempre le ha gustado “la cantada”, le dijo a su amigo Benito que quería cantar en el Restauran Bar Camelot, ubicado en la Zona Rosa.

Su amigo conocía al dueño del lugar y presentó a Lupano, pero el propietario, un español, les dijo que en ese sitio sólo cantaban artistas ibéricos. “Y tú eres de México, de Tabasco y además estás negro…”. Luego de discutir el tema, finalmente el español aceptó darle trabajo a Lupano como cantante “lo hago por Benito”, y lo bautizó con el nombre artístico de “Walberto López” de España.

Ya tenía cantando como dos meses en aquel restaurant bar, cuando una noche un parroquiano lo miraba con insistencia. Después de dos horas aquel desconocido se acercó hasta donde estaba descansando “Walberto López”, y ya de cerca le dijo: “ya decía yo que me eras conocido, si eres Lupano. ¡Pinche Lupano que haces aquí!, ¿cómo que de España?

“Cállate no hables fuerte, guárdame el secreto”, le dijo Lupano a su paisano, y luego le mandó una botella a su mesa. El tabasqueño aquel estuvo unas horas más, y ya borracho le fue a decir al “Walberto López” supuestamente de España, que le invitara otra botella. Como el artista se negó: “no te voy a pagar tu borrachera”, su paisano le advirtió: “si no me das otra botella te grito”.

Desesperado Lupano trató de tranquilizarlo, pero su paisano insistía en otra botella. El trovador macuspanense no tuvo más remedio que mandarlo a sacar con los meseros porque “estaba de impertinente”. Los meseros forcejearon con el parroquiano para echarlo del lugar, pero desde la puerta alcanzó a gritar: “¡Lupano cuando llegues a Macuspana te voy a romper tu madre!”. Al día siguiente corrieron al “Walberto López”.

› AMLO: qué cargo quieres

Un día Andrés Manuel López Obrador me invitó para que cubriera una de sus su giras que llamó “de los mil pueblos”. En la camioneta suburban íbamos Chuy Falcón y López Obrador, en la silla de adelante, y en la de atrás yo y Laureano Naranjo Cobián.

Durante el trayecto a la zona del Plan Chontalpa, de pronto López Obrador giró la cabeza y le dijo a Laureano. “Voy a ser gobernador, y te voy a nombrar coordinador de Comunicación Social”. Laureano le contestó: “No acepto, porque yo me crie con mi abuelita y ella me dijo que nunca estuviera donde hay mucho dinero”.

Al escuchar esto AMLO, le volvió a decir: “Bueno, dime qué cargo quieres y te nombro en este momento, René no va a hablar, porque si habla, no lo vuelvo a subir a la camioneta”.

Luego de meditar unos segundos, Laureano suspiró hondo y soltó desde lo más profundo: “Bueno, me gustaría ser subsecretario de Gobierno”. Hasta la fecha Laureano sigue esperando el nombramiento.

› El peso de plata

En la escuela secundaria Jaime Torres Bodet, de la ciudad de Cárdenas, cierto día se perdió en un salón de clase un peso de plata, aquellos grandotes que tenían el busto de Morelos. La maestra Charo Gil (Rosario Gil), sentenció a los alumnos que nadie saldría del salón hasta que apareciera.

Después de buscar en todo lugar y en las mochilas, la moneda no apareció. Entonces la maestra ordenó tajantemente que todos se quitaran los zapatos. Los alumnos se desprendieron de sus calzados y comenzaron a ser revisados.

En un rincón, todo nervioso, se encontraba Pancho Camote (Francisco López Romero), sin despojarse de sus viejos tenis, que lucían entre blanco y gris y con algunos vistosos agujeros en los costados.

Al verlo, la maestra Charo Gil le ordenó. “Quítate los zapatos Francisco”. Pancho Camote se negó. La maestra le volvió a solicitar quitarse los tenis. Para ese momento Pancho Camote ya lloraba de coraje por la presión.

“¿No será que tú tienes el peso y por eso no quieres quitarte los tenis?”. Al escuchar aquello, Pancho Camote exclamó sollozando y totalmente molesto. “yo no tengo ni madres, coño”, y diciendo esto se despojó de los zapatos, y la sorpresa de todos es que sólo tenía puesto el tubo de los calcetines, y por eso no quería quitarse los zapatos, pero el peso él no lo tenía.

› Un defectito

Un día me encontraba platicando con Laureano Naranjo Cobián en una mesa del café Miraflores de Villahermosa. Estábamos hablando sobre el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas, que acababa de ganar las elecciones y sería el jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Entonces de otra de las mesas se puso de pie el pintor Héctor Quintana y se acercó hasta nuestro lugar. Se paró enfrente y puso sus manos en cada uno de nuestros hombros, y dirigiéndose a Laureano dijo: “Ahora que tu partido está fuerte, fíjate que en Frontera hay una persona que podría ser un buen candidato del PRD”.

Y empezó a hablar de las cualidades de aquella persona: “Es popular, es honrado, se expresa bien, se lleva con ricos y pobres, lo estiman los empresarios, los campesinos, tiene carisma…”. De pronto el artista del pincel detuvo sus palabras, levantó la mirada y agregó: “bueno, tiene un defectito, es puto, pero eso nada tiene que ver”.

› Un cambio oportuno

En el campo de atrás del parque de beisbol La Ceiba, en el municipio de Cárdenas, un día domingo se enfrentaban dos equipos de beisbol amateurs. El partido acababa de empezar, era apenas la primera entrada. Por el equipo donde era manager César Morales estaba lanzando Chinto (Francisco Javier Olán López), que ya estaba sudando una cruda endemoniada.

Chinto lanzó con fuerza la primera bola, y ésta pasó por encima de la cabeza del bateador que tuvo que agacharse para que no lo golpeara. En el segundo lanzamiento el cátcher se aventó como portero para atrapar la pelota que pasó muy lejos del home. Entonces el flamante manager César Morales alzó las manos desde la orilla del campo y gritó a todo pulmón: ¡Tiempo ampáyer! El juego se detuvo, César Morales caminó hacia el montículo, y dijo: “dame la bola Chinto, ya vi en ti la desgracia”.

 
 
 

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