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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› El precavido

Un muchacho “inocentón” de unos 17 años de edad, de nombre Pepe, que vivía en la ranchería Santa Rita, en el municipio de Cárdenas, cierto día fue a la cabecera municipal, acompañado de su padre. Ya en la ciudad de Cárdenas se dio cuenta que la policía llevaba detenida a varias mujeres, por lo que, intrigado, le preguntó a su papá: “¿Por qué se las llevan a la cárcel?”. El señor sin prestarle mucha atención a su hijo, le explicó: “Porque son prostitutas”. Más tarde, cuando llegaron a su casa, el muchacho entró corriendo y de inmediato le dijo a su madre: (a la que llamaba mama, sin acentuar la última á). “Escóndete mama, escóndete mama”. La mujer, sorprendida, le inquirió a su hijo por qué le pedía tal cosa. Este le mencionó: “Porque están metiendo presas a las mujeres prostitutas”. Su madre le indicó entonces: “¿Y yo qué tengo que ver con eso, por qué me tengo que esconder?”. El muchacho extendiendo las manos le respondió: “Por las dudas, mama, por las dudas”.

› Más sabe el diablo por viejo

Un día cualquiera sonó el teléfono en el domicilio de don Trinidad Sasso Gurría, quien vivía en Villahermosa. Al contestar escuchó una voz femenina, amable, que le informó que era una persona afortunada, porque con esa llamada que estaba atendiendo se acababa de ganar un auto. “Ajá…”, respondió a secas don Trino. La mujer aquella comenzó a decirle todos los beneficios que le traería el vehículo, le dijo que era un último modelo, con bolsa de aire y accesorios de los mejores. “Ajá…”. La de la voz sintió que ya había convencido a don Trinidad y soltó el sablazo: “Pero para que le mandemos el auto tienen usted que pagar sólo el costo del flete. ¿Está usted de acuerdo?” La respuesta fue la misma: “Ajá…”. La mujer, una audaz extorsionadora, creyó que ya había caído otra víctima, y le preguntó: “¿qué dirección tiene?”. Don Trinidad le respondió: “dirección hidráulica”, y le colgó.

› La agüita de Juana

Juana de la Cruz se reunió esa mañana de domingo con sus hermanas para ponerse de acuerdo sobre qué iban a preparar de comer. La familia De la Cruz, del municipio de Cárdenas, tenía la costumbre de reunirse ese día para convivir. Siempre mataban que si un pavo o dos gallinas. Pero ese domingo iban a llegar más parientes que de costumbre y comenzaron a planear qué iban a cocinar, para que alcanzara bien. Alguien sugirió que esa vez tendrían que aliñar uno dos pavos y unas tres gallinas. El trabajo que se avecinaba sería pesado, por lo que algunas de las mujeres comenzaron a colocarse los mandiles. Una de las hermanas preguntó, dirigiéndose a Juana: “¿Vas a ayudarnos a cocinar?”. Esta ni tardo ni perezosa respondió: “ahorita regreso, me voy a echar una agüita”. Pero regresó ya cuando estaba listo el mole con todo y el arroz.

› El tesoro

Una lucecita que aparecía todas las noches en el patio de la casa de la familia López, en el municipio de Cárdenas, hizo suponer a mi tío Manuel Pérez, que ahí había enterrado un tesoro. Su hipótesis fue creciendo cuando un pariente dijo que el domicilio de la familia López había sido un cuartel en los tiempos de la Revolución. El caso es que mi tío nos convenció, por lo que junto con mi primo (su hijo) Manuel Antonio Pérez López (Tony), con dos palas comenzamos a excavar en el patio en busca de un baúl de centenario, mínimo. Otro primo, Raúl, que vivía a lado, se asomó por arriba de la barda para preguntarnos qué hacíamos. Pero nada tontos, no le dijimos nuestro gran secreto. “Vamos a enterrar un gato”. Convencido Raúl se fue a trabajar. Nosotros seguimos paleando. Cuando Raúl regresó del trabajo, a eso de las cuatro de la tarde, volvió a asomarse y alcanzó a ver un gran hoyo y medio cuerpo nuestro adentro, todo sudoroso. “¿Tan grade está el gato?”, preguntó extrañado y se fue a comer. Cerca de las cinco de la tarde nos dimos por vencidos, cuando encontramos cientos de pedazos de vidrios enterrados. “¡Ah! quizá de ahí venía la lucecita”, nos dijo más tarde mi tío Manuel, muerto de risa, al vernos casi desmayado, tirado arriba de unos sillones.

 
 
 

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