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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› “Cállate hermano…”

Una semana después de los comicios del 1 de julio en los que el PRI perdió la elección de gobernador, este escribidor acompañaba al reportero Eugenio Hernández Sasso, a llevar a maquilar su revista Democracia Virtual. Mientras nos trasladábamos en su auto a la imprenta, me puse a hojear varios periódicos y revistas que habían aparecidos por esos días: “¡qué bárbaro!, la mayoría salió hasta con 14 fotos de Arturo Núñez. Todos salieron amarillos. Hay hasta el riesgo de que en Tabasco se agote la tinta amarilla”, comentaba, mientras Sasso escuchaba desde su asiento, sin proferir palabra alguna. “¡Mira esta otra revista!, Núñez por todos lados, los compañeros tiraron a la basura la pluralidad, cuando López Obrador en estos momentos lo que reclama es equidad en los medios de comunicación”, seguía con mi crítica. Tomé otra publicación y comenté: “Esta trae a Núñez en la portada y en la contra portada, fotos a colores en las centrales del futuro gobernador. Hay que archivarlas, es histórico”. Eché mano de otra revista y cuando dije. “Este título no tiene nombre, y vieras el montón de fotos de Súper Nú…”, no pude terminar la frase porque Sasso me interrumpió entre risas: “¡Cállate hermano…! que así va a salir mi revista”. “¿Cóooomo?, le respondí. Y, en efecto, la revista Democracia Virtual, al día siguiente salió cundida de imágenes de Núñez. Los de la Mesa de la Revolución contabilizaron nueve fotos del perredista, más otra que encontró Fernando Hernández dentro de una imagen de mitin, donde una persona sostenía un cartel con la foto del candidato triunfador. “Y, eso, porque sólo tengo ocho planas”, remató Sasso.

› “No metas a Dios…”

La señora Margarita (omitimos sus apellidos), dedicada al comercio, fue citada en las oficinas de Finanzas del municipio de Cárdenas, porque se hizo acreedora a una multa debido a que violó disposiciones legales. La mujer estaba protestando airadamente con el funcionario de la dependencia, advirtiéndole: “ni se imaginen que les voy a pagar ese dinero”. Entonces el servidor público le contestó: “está bien, si no quiere pagar, lo pagará allá arriba”. Esto molestó más a la mujer que era creyente: “¡No metas a Dios en estos!, aquí el Señor no tiene que ver nada”. A lo que el empleado de Finanzas le aclaró. “No señora, no estoy metiendo a Dios, es que allá arriba, en la segunda planta, está el Ministerio Público”. Y, la señora no sólo dejó de gritar, sino que hasta palideció.

› Ni aguantas nada

Tomás Johnson, beisbolista de Cárdenas, que llegó a jugar en la Liga Mexicana con el equipo de los Tigres del México, en sus tiempos era uno de los pitcher que lanzaba la bola con mayor potencia. Eso le valió para ser llamado al equipo los felinos. Pero cuando aún no alcanzaba la fama, llegó cierta tarde a practicar al desaparecido parque La Ceiba. Como no había arribado a esa hora, ninguno de sus compañeros beisbolistas, entonces se acercó a Aníbal Brito, El Plebeyo, entonces uno de los mejores futbolistas de la región, que se encontraba entrenando el balompié. Como eran amigos, Tomás le pidió el favor de cacharle “unas cuantas bolitas, para calentar el brazo”. El Plebeyo aceptó y se acomodó el guante de beisbol, para luego colocarse al estilo de los cátcher. El beisbolista que alcanzaba cerca de los dos metros de estatura, levantó los pies lo más alto que pudo para agarrar impulso, y tiró con todas sus fuerzas la primera bola, cuyo lanzamiento al chocar con el guante se escuchó hasta la escuela Torres Bodet, ubicada a unos 150 metros del lugar. Aníbal se puso de inmediato de pie, se sacó el guante de las manos, y con la otra comenzó a tallársela sin ocultar el rictus de dolor en su rostro. A pesar de ello, se volvió a colocar el guante y dirigiéndole una dura mirada al pitcher, le advierto: “sólo cinco te voy a cachar, Tomás, sólo cinco y te vas al carajo; búscate para calentar a otro pendejo”. Con una amplia sonrisa, el beisbolista le dijo: “ni aguantas nada”.

› El gran candidato

Durante la campaña política para las elecciones del 1 de julio de 2012, el aspirante a la gubernatura Arturo Núñez Jiménez realizaba su gira por el municipio de Macuspana, donde Víctor Manuel Gómez Valerio era el candidato a la alcaldía. Laureano Naranjo Cobián, orador de cabecera en los recorridos de Núñez tenía a su cargo animar los mítines. La preocupación hizo presa en el equipo del aspirante al gobierno del estado cuando en una comunidad escucharon el discurso del aspirante a presidente municipal, que además de breve, su mensaje era más frío que un muerto en Navidad. Sólo dijo con voz apagada: “estoy contento de ser candidato, de verdad estoy muy feliz porque desde hace 14 años quería ser candidato. Gracias”. Dicen que desesperó a todos, porque esperaban que se comprometiera con la gente, que mencionara algunas propuestas. Por eso, en la siguiente comunidad Laureano Naranjo en su afán de ayudarlo lo presentó como lo hace en los mítines de López Obrador: “Aquí está con nosotros el candidato Manuel Gómez Valerio, el hombre que sacará a Macuspana del atraso, la esperanza del pueblo, porque cuenta con los atributos de todo buen político, no duden ustedes que se partirá el corazón por los macuspanenses, que a las 12 de las noche estarán encendidas las luces de palacio atendiendo a la gente, porque es un buen hombre de trabajo y de entrega…”. Todo sudoroso terminó Laureano, tras desgañitarse en la encendida presentación de Valerio, tanto que Núñez le hizo una seña y Naranjo Cobián se acercó al candidato a la gubernatura. Un ex diputado local escuchó que ya cerca Núñez sonriendo le dijo a Laureano. “Ya dáselas…”. Pero Valerio volvió con su mismo discurso: “Estoy contento de ser candidato, en verdad estoy feliz porque desde hace 14 años…”. Y, lo más sorprendente es que con todo y discurso rascuache, ganó la elección.

 
 
 

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