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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› Nunca me hagas eso…

La noche del 1 de julio, cuando perredistas celebraban el triunfo electoral de Arturo Núñez Jiménez en la sala de prensa que se instaló en uno de los salones del hotel Hyatt, a la entrada de ese sitio me encontraba platicando con los hermanos Laureano y Alfonso Naranjo Cobián y con el periodista Eugenio Hernández Sasso. Entonces llegó hasta nosotros muy emocionado el ex director del Colegio de Bachilleres, Bartolo Aguirre, para comunicarnos que el Programa de Resultados Electorales Preliminares del Estado de Tabasco ya le daban una ventaja de 10 mil votos al candidato de la izquierda. “¿Tan poquito?, deben ser como ocho puntos”, dijo Laureano. “No, son diez mil votos hasta ahorita”. Como noté incrédulo a Laureano, le comenté que en el transcurso de la noche podría subir el porcentaje de Núñez. “O puede bajar”, terció Sasso. A lo que el doctor Bartolo Aguirre casi gritó para decir moviendo los brazos al estilo Clavillazo: “¡bajar, no; bajar, no; eso nunca”. Laureano tomó por el cuello a Sasso y le dijo: “Vas a pagar tus bromas”. Y, las carcajadas salieron a relucir en la pequeña reunión.

› El mensajito

Juan Jiménez Córdova, “Juan Palito”, presidente de la Unión de Ejidos Colectivos del Plan Chontalpa, se encontraba en grandes pláticas con unos amigos. Por el cargo que ocupa, es permanente gestor y siempre está apoyando a los campesinos y campesinas de los poblados. En plena reunión sonó su celular: “es un mensaje voy a ver quién es”, dijo. Seguidamente buscó en la bolsa de su camisa sus lentes. No los encontró, intentó leerlo, pero no pudo sin lentes, pero lo que alcanzó a ver lo contrarió. Le dijo entonces a su amigo Francisco Javier Olán López, “Chinto”: por favor checa que dice este mensaje, porque está muy raro, parece que me piden unos pañales. Después de leerlo Chinto le informa: “No Juanito, no son pañales, el mensaje dice, “don Juan sería usted tan amable de conseguirme una carta de no antecedentes penales”. ¡Ah carajo!, ya me había yo asustado, exclamó Juan Palito, y se echó una carcajada, mientras explicaba a sus amigos “caramba ya me había puesto a pensar ese mensaje, pues yo no tengo muchachito tierno, ni se de alguno regado”.

› El campeón

Cierta tarde andaba ejercitándome en la pista del velódromo de la Ciudad Deportiva, cuya recorrido completo tiene un kilómetro 900 metros. Acostumbro darle una vuelta caminando y dos trotando, al menos dos veces a la semana, a fin de estar en forma para el juego de futbol que practico cada sábado. Iba tranquilo, a buen paso, cuando de repente paso a mi lado una persona como de la tercera edad y me rebasó. Dije para mis adentros: “¿y este viejito que se cree?”. Comencé a seguirlo y tuve que apretar el paso porque trotaba rápido. Le di casi la vuelta a la pista sin poder alcanzar a aquella persona. Paré y cuando estaba con las manos sostenidas sobre mis rodillas totalmente agotado, iba trotando Roberto Hernández, un amigo que es maratonista. Se paró a saludarme y le dije jadeando: “hay hermano, quise alcanzar a un viejo, pero no pude, ni el polvo le vi”. Le di la descripción de aquella persona y como vestía, y sonriendo me informó: “Nunca lo ibas a alcanzar, si ese cuate es maratonista y ha ganado varias veces la carrera de los 10 kilómetros”. Enterado de con quien traté de competir, sólo le respondí, con la lengua de fuera: “¡No me mates!”

› El caso Bertruy

Humberto de los Santos Bertruy, candidato de la izquierda a la alcaldía de Centro, se fue a dormir casi a la media noche del 1 de julio, tras conocer que los primeros reportes electorales no le favorecían, y de enterarse que su adversario del PRI, Luis Felipe Graham Zapata incluso había celebrado su supuesto triunfo.

Cuentan que a eso de las seis de la mañana sus colaboradores comenzaron a llamarle por celular, pero no contestaba. De los Santos Bertruy entre sueños escuchaba el insistente sonido de su teléfono móvil. Abriendo apenas los ojos, identificaba los números de donde le marcaban: “estos se quieren burlar de mí”, pensaba para sus adentros y seguía dormitado. Pero era tanta la insistencia que decidió responderle a uno de sus más cercanos colaboradores, quien con voz de júbilo gritaba a través del teléfono: “¡ganamos Humberto!”, “¡ganamos Humberto!”. Bertruy prácticamente pegó un saltó de la cama al recibir la noticia. “¡Me baño y voy para allá!”, respondió quien se acostó derrotado y despertó con el triunfo.

 
 
 

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