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Director General: René Alberto López

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Entre tabasqueños te veas...

RENE ALBERTO LOPEZ

› Audiencia a La Limonchi

En el gobierno de Mario Trujillo García el mandatario estatal, acompañado de su gabinete en pleno, daba audiencias públicas en el palacio de gobierno. Se formaban largas filas desde las ocho de la mañana hasta las siete de la noche. En cierta ocasión, entre la fila de gentes que esperaban hablar con el gobernador, estaba formada la famosa Pancha Limonchi, dueña del cabaret Bull Pen. Cuentan que conforme se iba acercando hacia donde estaba el gobernador, poco a poco los funcionarios fueron desapareciendo. Cuando llegó ante Trujillo, el gobernador le preguntó: “Hola Panchita, ¿qué problema tienes, te están molestando los de Reglamento?”. “No señor”. “¿Tienes problemas con Tránsito?”. “No señor”. “¿Te están molestando los de salubridad?”. ¿No señor? Entonces ¿que te trae por aquí? La Limonchi sacó una larga lista de nombres y entregándosela a Trujillo, le explicó: “es que sus funcionarios llegan a mi negocio y luego que consumen y todo… sólo firman y se van, y quiero que me paguen”. Entonces el gobernador llamó a su secretario particular Arturo Núñez, de los pocos que se habían quedado junto al mandatario, y le ordenó: “Encárgate de que estos cabrones le paguen a Panchita”.

› El queso asoleado

Francisco Javier Izquierdo Rosique, Perrorón y Nicolás Haddad Brito, “Lachito El Oso” decidieron acompañar un día en su recorrido por las colonias de la cabecera municipal a Armando Beltrán Tenorio, aspirante priísta a la alcaldía de Cárdenas. Una señora de la campaña del candidato les pidió el favor para que la llevaran en el vehículo de Perrorón. Al subirse, a eso de las nueve de la mañana al auto, la mujer aquella acomodó sobre el tablero un pequeño bulto envuelto en papel de pan, y comenzaron a seguir al candidato calle por calle en las distintas colonias. Alrededor de las cuatro de la tarde se anunció que Beltrán iría a visitar unas comunidades cercanas a la cabecera. Fue cuando la señora se acordó del paquete que había puesto sobre el tablero del carro, que resultó ser un queso. “Se me había olvidado, vamos a comernos este quesito”, propuso. Ni tardo ni perezoso Lachito se bajó a comprar una botella de Cocacola bien fría y tortillas. Para esas horas el queso estaba bien caliente, hasta hervía, debido a los rayos solares. Tranquilamente devoraron el queso acompañado de buches de Cocacola. Ya cuando se disponían a enfilarse hacia la comunidad que visitaría Beltrán, fue Lachito quien le pidió a Perrorón que por favor lo llevara a la cafetería La Primavera. “¿Pero quedamos que vamos a seguir en la gira?”. Lachito con el rostro lívido le dijo: “Yo sé lo que te digo, por favor llévame a La Primavera”. Ante la súplica de su amigo, lo llevó, pero apenas llegaron frente a la cafetería Lachito partió corriendo como un atleta que compite por los cien metros, directo al baño. “¿Y a éste que le pasa, se puso loco?”, dijo Perrorón. Pero en ese instante escuchó la voz de la señora que le dijo: “¡Ay hijo!, ¿será que me puedas llevar a la casa? Intrigado Perrorón la cuestionó: “¿Y la campaña?”. Con cara de aflicción la mujer respondió: “qué campaña ni que nada, quiero llegar a la casa”. Apenas la dejó en su domicilio, Perrorón comenzó a escuchar unos gruñidos que provenían de su estómago, los que se acentuaron poco a poco. Le metió entonces el acelerador al carro y hasta se pasó varios semáforo en rojo, para llegar justo a tiempo a su casa. En dos días no se vieron Perrorón y Lachito El Oso, por culpa del quesito.

› San Cantinflitas

En Huimanguillo, en el Barrio de Abajo vivió la muy conocida señora Eliodora Fausto quien se dedicaba a lavar ropa ajena, y por eso siempre estaba pegada a la batea. Pero cuentan que siempre tenía a lado su caguama y se decía a si misma: a ver quien puede más, si la batea o la caguama. Resulta que un día de tantos, llegó su nieto Wincho en la madrugada, de las fiestas de septiembre que celebraban en el parque. Traía consigo una alcancía de Cantinflas, que se había sacado en el juego de tiro de aros, el cual puso en el altar de la casa. La pobre doña Eliodora se levantó muy temprano y como buena católica lo primero que hizo fue irse al altar, pero al estarse persignando, reparó en la figura de Cantinflas, y comenzó a santiguarse con mayor fervor, al mismo tiempo que gritaba: “¡milagro!”, “¡milagro!”. Al escucharla su nieto, le preguntó a su abuela qué le pasaba: Ella le respondió alarmada: nada hijito, híncate, mira el santo que se apareció en el altar, es un milagro, a lo que Wincho le explicó: “no abuelita, ese Cantinflas me lo saqué en la feria. “Ah, entonces es “San Cantinflitas. ¡Válgame Dios papacito!”.

› Pasión partidista

Para la campaña del candidato presidencial del PRI, su equipo de publicista seleccionó aquí en Villahermosa el tiradero de libros “El árbol del saber” que tiene nuestro colaborador José Luis Rabelo en la calle Lerdo de Tejada en el centro de Villahermosa. En el spot que se esta publicitando en la televisión a nivel nacional se observa donde Peña Nieto se acerca a Rabelo y, después de saludarlo, le pide que le recomiende un texto y se lo compra. Antes de retirarse el aspirante lo abraza efusivamente. Cuando comenzó a aparecer la publicidad política en la televisión, los simpatizantes del abanderado priístas que pasan por el changarro de Rabelo le gritan: “¡Rabelo, vas directo a Los Pinos!”. “¡Estás palanca, ahora sí te hará justicia la revolución!”. Pero cuando pasan partidarios de la oposición le lanzan: “¡Pinche vendido!”, “Rabelo, ya te vi donde estás de lambiscón con Peña Nieto”. El comentario que hizo Rabelo al autor de estas líneas fue: “¡Coño!, nada le gusta a esta gente”.

 
 
 

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