Reportajes

Una visión Asesinada

› Don Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”

Homenaje a don Joaquín Hernández Galicia, al cumplir sus 85 años de vida, celebrado en agosto del 2007, por petroleros y amigos en Poza Rica, Veracruz. A su derecha su esposa doña Carmelita Correa de Hernández Galicia

José M. Hernández León

II Y ÚLTIMA PARTE

Nadie en todo en sindicalismo petrolero le había aportado tanto a sus agremiados como “la Quina”.

El mismo había pedido que la venta de plazas fuera considerada como delito federal, y lo logró; él mismo logró que el presidente Adolfo López Mateos renovara aunque a medias con 5 barcos la flota petrolera para que no salieran del país, las divisas, los cientos de millones de dólares por renta de barcos extranjeros; él, con el dinero que le daba la empresa al sindicato y el porcentaje que aportaban las empresas contratistas.

Fué, fue levantando toda una serie de obras sociales como nunca, ningún otro líder había hecho jamás: casas, pavimento, agua potable, electrificación, drenaje, granjas productoras de leche y carne, y lo que aun hoy recuerdan con nostalgia mis amigos jubilados de PEMEX: que suspendió el pago de las cuotas sindicales. Por eso dice mi amigo Chucho Ross: Que Don Joaquín supo hacer muchas cosas buenas en favor de los obreros, pero nunca pensó en que le hicieran una puerqueza como la que le hizo el diabólico pelón.

El sindicato ya no es el mismo me dice José Domínguez Martínez. Antes llegábamos como a nuestra casa, hoy permanece cerrado con un guardia que te interroga que si a dónde vas, y cuando le dices, habla por teléfono para ver si nos pueden recibir.

Es el mismo sentir de Oscar castillo, de Luis Torres López, de Jorge Bastos, de Guadalupe Pérez, de Humberto Madrigal y de todos los que nos reunimos en la cafetería “Galerías”, en la calle Aldama y en donde se “pelean” casi a diario José Domínguez con Paulina porque no le lleva el mascabado ó el vaso de agua.

Hoy el sindicato, otrora poderoso, es solo un cascarón en manos de uno de lo más corrupto que ha engendrado el sindicalismo mexicano: Carlos Romero Deschamps. Este es el ejemplo más claro del estiércol con que tratan y han tratado, Ernesto Zedillo; el tarado con suerte, Vicente Fox y el actual usurpador de los Pinos Flipe Calderón.

Cuando el sátrapa miserable cometió su felonía mandó por uno que estuvo a punto de ir a la cárcel por vende plazas. Un corrupto cien por ciento: Sebastián Guzmán Cabrera, para que no dejara vestigios de la obra que “la Quina” había levantado a pulso. ¡Qué infamia! En un tiempo record terminó con todos los bienes del sindicato: tiendas de consumo, miles de cabezas de ganado, cientos de tractores, granjas avícolas, miles de hectáreas de terrenos y miles de millones de pesos, de los de antes; pero además, estos dos pillos, permitieron que de 250,000 petroleros de planta, solo quedaran 50.000 y de 100.000 transitorios, solo quedaran 5000.

¿Se acabó la corrupción? ¡No!, la corrupción de alineó al sátrapa diabólico Salinas de Gortari. Un sindicato corrupto no le preocupaba al perverso que se había hecho de la presidencia como Felipe Calderón: con un fraude. Su preocupación era la fortaleza de un líder, que le marcaba el rumbo al sindicato en general; un líder, que no necesitaba de cargos públicos para hacer sentir su presencia.

¿Por qué nunca ocupó un cargo de elección popular?; porque nunca le interesaron, y porque fue un compromiso que contrajo con sus compañeros de trabajo cuando ocupó el primer cargo sindical allá por 1955: “Que nunca aceptaría ningún cargo que no fuera el de representar a sus compañeros en cuestiones sindicales”. Lo que nunca vieron sus enemigos, algunos gratuitos, que a “la Quina” no lo movía el poder por el poder; tan es así, que en toda su carrera sindicalista solo una vez ocupó la Secretaría General Nacional y fue de 1962 a 1964.

Y con todo y no ostentar cargo alguno como diputado ó senador, los grandes problemas los resolvía en muchas ocasiones directamente con el presidente en turno. Si don Joaquín Hernández Galicia no hubiese sido, un auténtico líder cuya base no lo legitimara, un presidente de la República como el Lic. López Mateos, jamás hubiese aceptado una comida familiar con “la Quina”.

No conozco personalmente a DON JOAQUÍN HERNÁNDEZ GALICIA, pero los suspiros de los jubilados y la pasión de Chucho Ross por el que fuera su líder, me hicieron meterme de libro en libro que hablara de este hombre. En enero de este año se cumplieron 20 años de aquella vileza que lleno de tormentos, no solo a él, sino a decenas de familias más y el cerebro diabólico que lo ordenó, aun anda tan campante disfrutando de todo lo que le robó al país él y su familia.

Sean pues estas cuartillas, como un saludo, un abrazo al hombre, al líder que tuvo un sueño, una visión, que fue asesinada.