Reportajes

Deja pérdidas de 50 mdp plaga de ardillas: copreros

› “Es peor que el amarillamiento letal y más depredadora que el escarabajo llamado El Picudo”
› Para construir el actual puerto de Dos Bocas se derribaron dos millones de árboles de coco en mil 400 hectáreas


En la imagen se aprecia el fruto afectado por la plaga de ardillas que está atacando a las fincas cocoteras del estado de Tabasco

RENÉ ALBERTO LÓPEZ

Centla, Tab., 28 de enero.- De la “devastadora plaga” de ardillas que los está “llevando a la ruina” los productores se quejan a lo largo y ancho de los siete municipios donde existen fincas de plantaciones de coco, debido a que enfrentan afectaciones en 50 por ciento de la producción anual de copra, lo que representa pérdidas de 50 millones de pesos al año, además de declararse indefensos ante la presencia del “temible roedor”.

Pero el problema no es nuevo, aseguran que paulatinamente se ha ido agudizando en los últimos nueve años y hacen comparaciones: “en el año 2000 la producción de copra anual era de 35 mil toneladas. Para este año esperábamos producir 16 mil toneladas, pero sólo logramos la mitad”.

Por eso aseguran que “la plaga es peor que el amarillamiento letal y más depredadora que el escarabajo llamado el picudo. Si nadie la para… en pocos años nos quedaremos sin copra en el estado”. Estos testimonios se escuchan entre campesinos de la comunidad Jalapita del municipio costeño de Centla, así como en zonas rurales de las localidades de Paraíso, Cárdenas, Jalpa de Méndez, Nacajuca, Huimanguillo y Comalcalco.

El “terrible enemigo de los copreros” al que se refieren los lugareños es una plaga de ardillas negras con manchas blancas que a diario destruye el fruto de los plantíos: “se toman el agua y se comen el coco, arrasa también con otros árboles frutales como el cacao y no hay manera de ahuyentarlas o acabar con ella, pues las autoridades prohíben que las matemos”, sostiene Zenobio Galmich Rodríguez.

El productor muestra decenas de cocos malogrados en el suelo, tirados por la ardilla y se puede observar otro tanto que lucen dañados entre el racimo de cocos, allá arriba de las plantas. Un fruto que acaba de ser atacado por el roedor arriba de la mata, aún gotea agua y pareciera que el coco ha sido cortado por un filoso machete.

El presidente de la empresa de Copreros Unidos por Tabasco, Pedro Rodríguez Reyes, afirmó que el problema que enfrentan con la plaga de ardillas les representa pérdidas de 50 millones de pesos anuales a ese sector, integrado por seis mil productores que tienen actualmente 12 mil 500 hectáreas de cocotales sembradas en siete municipios.

“Actualmente deberíamos estar produciendo entre 16 y 17 mil toneladas de copra al año, pero sólo estamos cosechando anualmente ocho mil toneladas, es decir un 50 por ciento, porque la otra mitad se la acaba la ardilla”.

Entrevistado en las oficinas centrales de la empresa con sede en la capital tabasqueña, el líder coprero explicó: “La ardilla representa una plaga mucho peor que el amarillamiento letal y que el escarabajo conocido como el picudo; porque se reproduce con mayor velocidad y como es muy hiperactiva comienza comiéndose la flor de los árboles, luego el coco lo van perforando hasta tomarse el agua y éstos van cayendo al suelo”.

Explicó que entre las causas que afectan a las plantaciones de coco figuran el amarillamiento letal, la vejez de las palmas, el escarabajo llamado el picudo y la ardilla. “De todos ellos el amarillamiento letal está controlado, con la vejez de la planta no hay problema porque la sustituimos por una planta joven, al picudo lo estamos trampeando, pero estamos indefensos ante la plaga de ardillas”.

Arturo de la Fuente Sánchez, expresidente municipal de Paraíso, demarcación considerada la mayor productora de copra, da un dato revelador. Mencionó que para construir el actual puerto de Dos Bocas se derribaron dos millones de árboles de coco en mil 400 hectáreas, para hacer el macro proyecto.

No descarta que las ardillas que tenían su hábitat en ese lugar de la costa hayan buscado refugio en los distintos sembradíos de cocos de la región.

Lázaro Alejandro Landero, un campesino de 76 años, que tiene una pequeña cosecha de coco, cacao y árboles frutales en la comunidad Monte Adentro, asegura que cada ardilla se come diariamente unos tres cocos, “y son cientos de ellas las que hay sólo aquí en esta comunidad”.

Se queja de que las autoridades se oponen a que las maten “porque es un animal muy apreciado por el turismo, pero deberían traer también al turismo para que vea con sus propios ojos el daño que nos hacen a los productores estos animales, ese es el gran problema”, dijo.

Cerca de la población de Chiltelpec, también en el municipio costeño de Paraíso, se observó a una persona disparándoles a un grupo de ardillas con un rifle de diábolos, mientras los roedores se pasaban de una planta de coco a otra. “No es posible acabar con este animal”, lamenta molesto el productor, que se niega a la foto y a dar su nombre.

En el poblado Jalapita se localizan varias fincas de cocoteros, entre ellas las llamadas Montaña, San José, El Porvenir, El Danci, La Mentirosa. Los vecinos dicen que son sembradíos de cerca de 200 hectáreas cada una. Ahí se pueden apreciar a las ardillas saltar de un árbol al otro sin que nadie las moleste, son decenas de ellas.

Antes de llegar a esa zona, un grupo de hombres se dedica a aserrar unos troncos de palma de coco para vender la madera. Cada palma la venden en 80 pesos y cobran 130 por aserrarla. La gente ocupa la madera para hacer cabañas, palapas, gallineros e incluso para usarla como “batea de camionetas”.

En ese lugar Ernesto Galmich Ramírez, persona de avanzada edad, dijo que “ya la copra está dejando de ser negocio con la presencia de la ardilla, ese animal arrasa con todo”.

Pero en medio del problema que aqueja a los copreros de los siete municipios, hay una buena noticia para los productores. Rodríguez Reyes, líder del sector, reveló que “la fundación Produce financió un proyecto realizado por la división de Ciencias Biológicas de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), en el que se hizo un trabajo de campo para ver cuál es el hábitat de la ardilla y buscar bajar la población (del roedor) en los fincas de coco”.

Dijo que no se trata de exterminar a las ardillas porque es una especie protegida, pero sí encontrar la forma de combatir el problema que los está afectando. “Sólo estamos esperando la autorización de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), para echar a andar el proyecto, ellos nos tienen que dar la autorización”.