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Director General: René Alberto López
 
 
 

Entrevista de perfil: Isidoro Pedrero Totosaus
“El periodista es el gran soldado
de la cruzada por la verdad…”

› Isidoro Pedrero de Tenosique, Bartolo Jiménez de Teapa y López Obrador, de Macuspana, integraron un grupo de jóvenes tabasqueños, románticos e inconformes con su destino en el DF

ERACLIO MÉNDEZ BURGOS

“Del hombre biológico al hombre biográfico, el límite entre los dos está en la sombra y en la luz; y su distancia es el silencio y el poema. Necesitamos ser un poco Prometeo y robar luz a los dioses sistemáticamente, porque así lo exige nuestro crecimiento interno y no como la estalactita que en la oscuridad crece por capas superpuestas, de afuera hacia dentro. “Seres vivientes y no vividores”, exigiría Pablo Neruda. Al final de la hazaña queda el himno. Porque solo después de cumplir con la inmensa responsabilidad de ser hombres, como escribiera Hemingway, es que se escucha el poema de una biografía”, expresó sublime el periodista Isidoro Pedrero Totosaus al clausurar el primer curso de periodismo en Tabasco, en el primer trienio del gobierno de González Pedrero en 1983.

“Mi vida es mi mensaje”… lema de Mahatma Ghandi, que se ajusta a la que vivió el periodista a través de lo que hizo en vida. Lo escribió también como prologo en su obra “Vidas que Alumbran”, en el año de 1988.

Ve por primera vez la luz del día en Tenosique, Tabasco en 1947. Premio estatal de Cuento en 1977 y Premio Estatal de Periodismo en 1983. Reconocimiento como Premio Estatal de Periodistas a Periodista en 1984 por la UPD. Autor de las obras: Vidas que Alumbran y Dinastías Petroleras.

El principio de su vida fue una constante de ideales e inquietudes. Su conducta y su carácter lo llevaron luego a los estadios que señalaron su ruta como uno de los significativos escritores dentro del oficio periodístico en el estado. Resuelto como fue desde su juventud, se abrió nuevos caminos que le imprimieron el sello de combativo y temerario, no solo dentro del oficio; como cuando allá en 1968, en el gobierno de Manuel R. Mora fue uno de los primeros estudiantes tabasqueños en pisar las ergástulas de esa época de ideales, convulsa y violenta, por ser romántico y entregarse de lleno como combatiente junto con otros universitarios como los históricos líderes del Movimiento Estudiantil de 1968: Mario Barrueta García, Víctor López Cruz, Rodolfo Lara Lagunas, José Luis de la Cruz, Lenin González Rincón, Santiago Marín Hernández, Gehú Damián, Palomo Quintanilla...

Describía, —en una admirable crónica publicada en la revista “Malecón” de Bartolo Jiménez Méndez en 1981— los primeros pasos del movimiento popular estudiantil y su mismo encierro:

“— 7: 00 horas… Nombres y más nombres, hasta completar el núcleo universitario tras las rejas en aquellas pestilentes mazmorras del Reclusorio Central, donde está actualmente el edificio de la Secretaría de Finanzas. Al estilo “apache” se formaba un círculo para compartir un poco de comida de cada “ponchera” que nos traían las familias a cada uno y también daba para obsequiar el casero alimento a los presos más desgraciados, que habían hecho migas con nosotros. Luego las interminables horas de encierro, que hacían también interminable la hora cero…”

Denunciaba en su crónica, —en su narrativa para la historia— los agravios del régimen de Manuel R. Mora y de cada uno de sus funcionarios contra los estudiantes, la posición del gobierno federal, el triunfo moral del movimiento, de la temporal y breve salida del Gobernador y su vuelta al gobierno, obligado por el centralismo presidencial de Díaz Ordaz y las circunstancias políticas que marcaron una de las graves depresiones como la de la plaza de las tres culturas en Tlatelolco , de la brutal represión, de los actos violentos y los encarcelamientos. Manifestaba el idealista:

“—El camino es para dos o más. Caminar es vivir; intento permanente de alcanzar el horizonte. Se camina en función de la esperanza. Espacio caminado, es espacio conquistado. El ritmo más antiguo es el de nuestros pasos. Y con el ritmo el corazón canta. Caminar es pues, un himno de esperanza. Las huellas son el trazo del camino…”

Fue su ideología, el eje impulsor de un nuevo estilo dentro del otrora periodismo romántico a finales del siglo XX. Se inscribió dentro del periodismo estudiantil de los años de 1967-68 que salía de las aulas: en esa época de valor y osadía de muchos estudiantes reprimidos; y en las bibliotecas, los testimonios ya desaparecidos… ¡no hay, ni uno! Periodismo tabasqueño de tradición que hicieron época como “La Pea” de Pedro Luis Hernández Sánchez; combativo como “El Fuste Universitario” de Felipe Morales Villarreal, Prensa Libre de Lenín Bocanegra Priego; y muchos más, creados por universitarios de alentadoras y de pujantes causas inacabadas por un México de muchas libertades y democrático.

Convicciones que no olvida en su obligado exilio al Distrito Federal, hasta convertirse en dirigente de la Casa del Estudiante Tabasqueño, ubicada allá en la calle de Violeta, en la colonia Cuauhtémoc de la ciudad de México. Centro de reunión de estudiantes proscritos, “jodidos” por su infortunio, pero de una riqueza incalculable en ideas,

Actitudes y afanes; abrigo fraterno, casa de cobijos y descansos para noches de hambre y fríos intensos, de pequeñas literas y cobertores grises donde se apilaban las almas juveniles en busca de calor; de comidas austeras, de frijoles bayos. Pobres, pero ricos en acciones y románticos, soñadores.

Asilo helado por los vientos gélidos del altiplano, pero cálido refugio de todos los que buscaron un futuro: de Isidoro Pedrero, de Andrés Manuel López Obrador, de Bartolo Jiménez Méndez, sus grandes amigos, de ese momento… de compartir camisas, calcetines rotos, pantalones y zapatos usados. De escasas cervezas en cantinas para pedir botanas y llenarse el estómago para pasar el día y la noche con “comidas corridas” en taquerías para después vomitarlas por la agitación, de correr, de ganar la calle. Como “prestaderas de ropa”… eran como “culebras de agua”, diría Bartolo Jiménez, pues al mudarse de vestidos, dejaban casi todo pegado… hasta la piel, para vestirse a como podían al día siguiente. Alboradas sufridas desde las seis de la mañana y de “chingas constantes, de los estragos causados por el frío” para ir a la UNAM o al Politécnico, y regresar hasta la noche.

Tener que mal vender las contribuciones alimentarías, comerciarlas en tiendas de abarrotes pequeñas de la colonia, desde el bunker de la calle Violeta, para obtener recursos; víveres de las instituciones que se le entregaba a la Casa del Estudiante Tabasqueño. Donativos de las dependencias en despensas que brindaban como apoyo a las casas de estudiantes del país en el DF., por parte de Gobernación, la SEP, la SSP y el otrora Departamento del DF., entre otras, para tener algo de dinero. Sortear y comprar otras cosas elementales… “Vida de perros, era esa situación la que pasábamos todos los que estábamos en Violeta”… recordaba Totosaús y Bartolo Jiménez Méndez.

Un día “Toto” y “Tolo” se vinieron de México a su tierra, Tabasco, con el sueño “de hacer periodismo en serio”.

En los años de 1970 fueron los primeros soñadores que traían bajo el brazo, su pensamiento y el oficio como herramientas, y su mano inquieta para escribir la imagen de lo nuevo, de lo atrevido para los diarios de la localidad. Triunfos periodísticos que no se olvidan como en el diario “Avance” fundado por Alcalá Bates y Lilia Pérez Solís, donde estuvieron muchos como Alberto Pérez Mendoza, Erwin Macario Rodríguez... y afanadores de limpieza que luego se cambiaron a periodistas.

De todos ellos saldrían manufacturados: escritos y trabajos periodísticos de constantes entrevistas, reportajes y artículos editoriales, análisis… que luego sembraron en publicaciones independientes, como la de Bartolo Jiménez “Malecón”; para cosechar después triunfos periodísticos, al igual que en otros diarios… interrogar, preguntar, analizar permanentemente, era el trajinar de su oficio. Puntualizaba Isidoro:

“—Tarea elemental de todas las conciencias. Descubrir que aparte de la dimensión del tiempo, existe también la otra dimensión: la dimensión que nunca podemos definir, pero que llevamos dentro, tan dentro que algunos llaman espíritu, otros le llaman mística, pero al fin y al cabo la dimensión que no tiene medida y que es inaprensible… descubrir la verdad y buscar la verdad es tarea fundamental de todos nosotros. Una verdad de todos difuminada… una verdad a veces con espejismos, pero siempre la verdad.

Muchas veces decimos: nuestra verdad, muchas veces decimos su verdad. Pero al fin y al cabo una tarea sistemática y permanente de la cual todos, estamos obligados y comprometidos a indagar, a buscarla… Ese es el periodismo”.

Estuvo en Comalcalco donde crea su primera revista, pero no fue tanto su éxito, como cuando llegó a Villahermosa, al asumir el poder el régimen de Enrique González Pedrero, e inicia Pedrero Totosaus la revista “Perspectivas”, su máxima expresión periodística. De una madurez sobresaliente, combatividad y estilo inigualable, avance hasta ahora para la madurez en el escribir. De ahí en adelante se le llamaría “El Monstruo” por su excelencia.

En uno de sus célebres editoriales, escribió:

“—En este viaje a los extremos, el único pasaporte es el valor. Con la íntima convicción de escribir la historia de lo cotidiano, todo peligro es noticia, y para ser objetivo, hay que estar en la noticia. Así del reportaje como radiografía social a la nota informativa como reloj del suceso; el periodista es el soldado de la gran cruzada por la verdad.”

Reúne un equipo de colaboradores que hicieron periodismo en serio, tiempos de festejos y vestir de gala al periodismo en serio e independiente... su premisa decir las cosas con claridad, firmeza y valentía. Hicieron una obra que aún se recuerda como aquella entrega periodística justiciera y humanista de Gabriela Gutiérrez Lomasto que amparó con su verdad y análisis, denunciando la injusticia que se pretendía cometer contra una mujer que asesinó a su marido en defensa personal, por su inminente estrangulamiento de que estaba siendo objeto por parte del sujeto animalizado de borracho; por extrema violencia y un maltrato criminal y despiadado de todos los días, contra ella y sus hijos. Apoyo periodístico que fue aplaudido por la sociedad tabasqueña… saliendo liberada del reclusorio.

Editoriales contundentes. Análisis profundos, notas con fina ironía y columnas o comentarios sarcásticos e ingeniosos… Denuncias basadas en el raciocinio y la justeza… Lo más completo. Que superaba en contenido a los mismos diarios locales, hasta ahora no visto.

Totosaus, realiza un Curso Intensivo de Periodismo que comienza un 7 de junio y lo termina el 20 de noviembre de 1983. El primero que se hizo en Tabasco, cuando no existía por supuesto dentro de la máxima casa de estudios superiores una carrera de licenciatura en este rubro. De allí saldrían capacitados más de 40 nuevos elementos… Decía:

“—Y pensar que en Tabasco hay tantos caminos que alumbrar… En el oficio del periodismo, la pregunta es la herramienta. Afán sistemático por y para la verdad, aunque en el camino encontremos a muchos Pilatos preguntando cínicamente: ¿que es la verdad?”

En ocasión memorable de la clausura del Curso de Periodismo, aleccionaba el escritor y maestro en Ciencias Políticas, González Pedrero:

“En el periodismo, el quehacer es la escritura. Por eso un buen periodista tiene que escribir bien para pensar bien, escribir con claridad, con lógica, con lucidez, con inteligencia con criterio, apegado a la crítica y a la verdad. Del periodismo han surgido grandes escritores como Ernest Hemingway, Albert Camus, García Márquez y José Emilio Pacheco; pero, de nada sirve tener vocación si no se tiene oficio… hay que unir vocación con oficio, pero hay que pensar claro para poder escribir claro.”

Agregaba el gobernador e intelectual:

“Hay también hombres que solo piensan y que no hacen, que no actúan, y hay todavía otros que ni piensan, ni actúan; en fin, a estos no nos vamos a referir, pero aquel que piensa y no hace en el mejor de los casos es un diletante”.

“No digo es un intelectual, porque yo tengo el mayor respeto por esta palabra, por este concepto. Un intelectual es un hombre que piensa y hace libros y plantea a fondo con gran rigor, lo que piensa. El Hombre que solo piensa, es solo un diletante, un hombre quien se queda solo en la reflexión, que a lo más que llega es a la charla, o sea es solo un charlatán pero que no cuaja aquella reflexión en hechos que pueden ser libros o pueden ser obras…”

Eran tiempos también de tensión cuando acaba el mandato de González Pedrero y comienza el de Salvador Neme de solo tres años. Truncado el sexenio constitucional, al pedir licencia Neme, obligado por las circunstancias políticas. Acaso la caída, incubada por la traición y el encono político.

Isidoro Escribía:

“—Hay que informar para ser informado, buscar y encontrar la verdad para ser libres y liberadores, hacer un arte de lo que se escribe, son ideales supremos de todo aquel periodistas que lucha por ser parte biográfica de esa gran maestra llamada historia…”.

Nuevos tiempos de combatividad y de crisis cuando llega como gobernador sustituto Manuel Gurría Ordóñez y después de tres años el de Roberto Madrazo. Un gobierno restrictivo contra la prensa independiente, donde desaparece para siempre la revista dejando una huella indeleble en su contenido y el oficio inteligente, novedoso y bizarro: la luz que iluminó, ilustró y generalizó la denuncia… la cubrió la oscuridad del desamparo y la opresión.

Aseguraba:

“—Cuando la mentira conquista el poder, la inteligencia, la critica y el talento son delictivos: se comienza quemando libros y se termina quemando hombres y todo periodista es subversivo… De Luis XVI quien dijo: “El Estado soy yo”, al mandar a inscribir en cañones: “Ultima Ratio Regio” “—Última razón del Rey—”, la distancia más corta es la mentira. Los franquistas gritaban contra Unamuno: “Muera la inteligencia, viva la muerte…” Hitler pregonaba: “Los pueblos no creen pequeñas mentiras, creen grandes mentiras…”

Isidoro fue inquieto hasta el día de su muerte. De estatura alta como su inteligencia; de color moreno claro y manos gruesas, de cara cuadrada, de hablar claro y preciso, de voz grave y fuerte… jamás abandonó su arrogancia y su tono. No menguó ante el infortunio de la perdida de su imprenta y la desaparición de su revista; menos aún ante su gravedad física.

Se encontraba recluido en una clínica ubicada en la calle de la loma de Cinco de Mayo contra esquina del parque de Los Pajaritos. En su cama, en un pequeño cuarto. Su cuerpo largo y esbelto se hallaba extendido… sus pies tocaban el extremo inferior de su cama. Pálido y delgado. En su rostro se apreciaba aún el color y la calidez de la vida que irremediablemente se diluía… gradualmente se agotaba… de la otra parte estaba ya presente esa lividez, que señala la cercanía de lo inevitable.

Sin duda que con entereza asumía la brevedad de lo ineludible: la proximidad que quizá despreciaba o no le interesaba… solo se apropiaba de su tiempo con entereza, que marcaba el mismo ritmo de su corazón, como un reloj, marcando las manecillas la hora de su inevitable destino.

Rodolfo Gómez Nieto, el hijo de Gómez Ventura, y el geriatra Cecilio y quien esto escribe, lo visitamos en su recamara, allí se encontraba José Frías Cerino; el saludo de rigor y la conversación sobre el estado de las cosas políticas en Tabasco y a nivel nacional. Fue grato verlo, como también lo expresó él por nuestra visita.

Era tan impredecible “Toto”, que nadie le ganaba, ni un instante vaticinar sus intenciones y deseos… Salió de la clínica, pero no volvió a caminar.

Su deceso llegó un día, tan pronto a como empezó al primer respiro de su nacer en Tenosique, rodeado entre la pureza de sus montañas… bañada sus riberas por el poderoso Usumacinta que pasa el hermoso cañón de “Boca del Cerro”.

Antes en mi casa, en una plática entre copas de vino, me dijo alegre y retador —a como era siempre— que si un día le tocaba morir, estando precisamente en sus últimos momentos; el mismo iba a hacerse una entrevista o la crónica de su muerte minuto a minuto hasta que expirara.

Llegó ese día, pero no se si empezó a hacerla en la clínica o más tarde en el domicilio de su padre Atahualpa Pedrero, donde falleció. Pues como es común, absolutamente nadie en su agonía es tan capaz, arrogante, temerario, atrevido y lúcido como para narrar ese trance de la vida hacia al infinito. Se me hizo fantástico Toto.

Los dos géneros que rayan en lo literario o el que señala el reloj de los acontecimientos cotidianos: Cuál haría: ¿Crónica o entrevista? Solo el arquitecto del universo y él lo saben, en sus momentos de agonía.

Si la dejó aquí entre nosotros, es parte de lo que a lo mejor quiso que cuando se hablara de él, se escribiera. Lo que significó la forma de hacer un periodismo digno, valiente. No arrastrado. Lo que él hizo del periodismo fue digno, fue algo más que ético y estético: Un poema. Esa es su obra.

Si la entregó a Dios para comprender lo que narró o escribió como era la muerte en su misma persona, en sus finales este periodista fuera de serie, quizá fue también para inquirirle cómo fue la primera pregunta que Dios se hizo para crear todo, para empezar a ingeniar el universo, el de crear al hombre y al verbo encarnado.

El nacer de la filosofía con la primera interrogante que nadie sabe responder. El nacer del oficio en la primera pregunta divina que se hizo el creador del cosmos: ¿Para qué hacer al hombre, al universo y a dónde se dirigirá la humanidad generada por él?

Cosmología donde precisamente empieza nuestro oficio: la tarea más noble del mundo por saber y encontrar la verdad. Los investigadores incesantes, los amantes de la veracidad que libera al hombre: De los que instituyen el periodismo. No la basura cotidiana que se crea y luego se tira al cesto de la basura.

Fue nuestra última plática en ese sanatorio y ver con vida a Isidoro, a “El Monstruo”, antes de su postrero exhalar aliento de vida… un 12 de diciembre.

(Tomada de la próxima obra del autor a editarse denominada, “La Entrevista con Tabasco.”)

 
 
 
Isidoro Pedrero Totosaus (1947-2003) logró el éxito periodístico como director de la revista “Perspectiva”. Fue también autor de las obras “Vidas que Alumbran” y “Dinastías Petroleras”
 
Totosaus en una conferencia sobre periodismo. Lo acompañan Eraclio Méndez Burgos, Gonzalo Beltrán, Agenor González Valencia y José Luis Lara
 
 
 

 
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