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Director General: René Alberto López
 
 
 

Reporteros de la Vieja Guardia
Decir la verdad, la única puerta
del periodismo: Ruiz Rangel

RENE ALBERTO LOPEZ / FOTOS: JORGE HERNANDEZ GOMEZ

Eran los tiempos dorados de las imprentas, de la llamada prensa caliente, cuando los periódicos se formaban en galeras con lingotes salidos del linotipo o bien hechos con tipos donde los cajistas demostraban habilidad jalando líneas, es decir, armar letra a letra titulares del periódico o las notas de los reporteros. También, tiempos de las fotografías en grabado.

En esos años circuló con éxito en Tabasco y parte de Campeche y Veracruz, El Mercurio, “el mejor semanario”, medio impreso que durante 25 años dirigió Francisco José Ruiz Rangel, quien además cada lunes publicaba en sus páginas la columna “El pulso de las horas”.

Con sus 77 años a las espaldas, el decano del periodismo de Tabasco no olvida el oficio y precisa que “el editorial debe de tener cabeza, cuerpo y extremidades”, para luego explicar que “la cabeza es la presentación del tema y el cuerpo es el desarrollo de ese mismo tema. y las extremidades, la crítica que se ha ganado el asunto. Eso es lo fundamental, sigue siendo lo fundamental de un editorial”.

Aunque nació en el Distrito Federal se creó en esta tierra: “lo que he hecho, lo he hecho por Tabasco y para Tabasco”, sostiene.

Don Paco, como lo llaman quienes lo conocen, cuenta que una inundación se llevó gran parte del archivo de El Mercurio, “sólo tengo algunos en libros, encuadernados”. No obstante, en las hemerotecas de la capital tabasqueña, está sana y a salvo esa gran parte de la historia de Tabasco, reseñada puntualmente en el semanario que marcó toda una época en Villahermosa y sus alrededores, según fuentes consultadas.

De este modo, obtuvimos copias de varias portadas de los meses de enero, febrero y marzo del año 1966, donde en efecto, en su primara plana aparecía la columna “El pulso de las horas”. En la edición del 10 de enero de ese mismo año, se publica en la portada de El Mercurio, una carta del gobernador Manuel R. Mora, que le dirige al director Francisco José Ruiz Rangel.

Como parte de la sección: “Periodistas de la vieja guardia”, buscamos la entrevista con Ruiz Rangel, quien en pocas palabras nos contó parte de la historia del semanario que tenía como lema: Baluarte de la verdad.

-¿Cómo nace el periódico El Mercurio?

-Pues nace a raíz de que cayó del gobierno Manuel Bartlett Bautista y entra Miguel Orrico de los Llanos, el General, ahí es donde yo me inicio con El Mercurio, un semanario, por cierto el mejor semanario, que circuló durante 25 años. Yo toda mi vida estuve en la Secretaría del Trabajo y Prevención Social allá en México, de ahí vengo a Tabasco en el 55, antes de que cayera Bartlett.

-¿En qué años?

--De las fechas no me hables, porque estoy jodido, pero son 25 años de vida, ahí están archivados todos los periódicos en la hemeroteca, y después continúo escribiendo en otros periódicos, incluyendo el Rumbo Nuevo que fue el último, que dirigía don Florentino. Escribía tres veces por semana El Pulso de las Horas, una columna y después con la persona que compró el Rumbo Nuevo, pero un día llego, entrego el lunes las tres columnas de la semana, pero al día siguiente martes no salió y como andaba yo cerca del periódico voy y le pregunto a la secretaria y me dice: no pues, fíjese que el director dice que hasta que no platique con usted no va a publicar. Entonces le dije a la dama, dígale usted a Jorge (Alberto Javier Quero) que no llame por teléfono, porque en el mejor de los casos, no estoy. Y ahí terminó, hasta ahorita no he vuelto a escribir, esto ocurrió en el mes de mayo o junio o algo así del pasado año.

-¿Qué lo motiva a hacer El Mercurio?

-Decir la verdad, esa es la única puerta, que se diga la verdad, que se sepa la verdad, que se divulgue la verdad; fuimos muy reconocidos por gentes que aún viven, fuimos reconocidos como valientes y merecedores a que se nos comprara el periódico; fíjate que yo llegué a vender El Mercurio hasta Veracruz, Mérida y Campeche. Tenía un tiro espantoso para aquella época, cinco mil ejemplares y todos se vendían. Unos aquí y otros en los lugares donde te he señalado.

- ¿Quiénes colaboraban en el semanario?

Paco Jiménez, que todavía sigue de director del Cóndor, estuvo conmigo el hermano de él, Víctor que estaba radicado en Frontera y que allá era mi corresponsal. Entre la gente que me rodeaba estuvo Ernesto Ruiz Castillo, primo hermano mío que escribió conmigo. Edmundo Zetina y el hijo, Enrique Zetina que también escribió mucho en el semanario. Doña Gabriela Gutiérrez Lomasto comenzó a escribir en El Mercurio, ahí se inició, siempre ha tenido mucha calidad, donde quiera que se pare tiene calidad. También colaboró Deyanira Malpica y José María Bastar Sasso, quien antes fundó el periódico El Censor. Fíjate que Chema era flojo hasta para pasar la calle, así que cuando estaba yo en el Café Casino, se paraba enfrente y sonaba las manos, aplaudía, esa era la señala de que me traía su artículo para el semanario; y hay muchos gentes más que no registro ahorita.

-¿Cuáles son los momentos más difíciles que usted sufre como periodista, estando como director de El Mercurio, en qué gobierno?

-En ninguno, yo fui muy respetado por todos los gobiernos, incluyendo el de Manuel Bartlett. Mira, Carlos Madrazo me nombró jefe Administrativo y de Recursos del estado y nunca tuve problemas con ese hombre, siempre me buscó, lo busqué. Además, todos sabemos que Carlos Madrazo fue un individuo muy inteligente, ahora es que ya le han sacado algunas cosas, pero la verdad que en esa época no tuvo cola que le pisaran. Una vez Manuel R. Mora me dijo que él le escribía los discursos a Carlos Madrazo, cuando era su secretario particular.

-¿Qué diferencia encontraría entre el periodismo actual con el de antes?

-Como de la noche al día: había gentes muy inteligentes y muy valientes, que no le temían a los garrotazos que se veían a veces en la ciudad, donde muchos compañeros fueron víctimas del garrotazo que mandaba a dar el gobierno, el Indio Soler es uno de ellos y Manuel Hidalgo del Valle es otro. Las amenazas eran muy frecuentes.

-¿Dentro de su carrera a qué periodista de la época le aprendió?

-Pues no, francamente no, todos eran admirables, no había algo fuera de lo normal o fuera de lo común, todos sabíamos que el que extendiera la mano era un pendejo y lo callaban como siempre ha sucedido, al que recibe una dádiva lo callan al mes, a los dos meses. No valía la pena ni tomarlos en cuenta.

-¿Cuál eran los periodistas y periódicos destacados en aquella época?

- Son Juan Antonio Ramos, uno de ellos, Jorge Calles desde siempre, Florentino Hernández Bautista, Trinidad Malpica, estaba el periódico Rumbo Nuevo, Presente, El Momento, La Voz de Tabasco, de Humberto Muñoz, un excelente periodista, y para que sigo…

-¿Y por qué cierra El Mercurio?

-Porque cuando yo recibo la Secretaría de Trabajo, de México me dijeron: ya no puede seguir saliendo el periódico. Era el primer delegado federal que tuvo Tabasco y tenían ellos que estudiarme y estar pendiente; por eso lo dejé de sacar.

-¿Y no extraña ese ambiente?

-¡Cómo no!, ¡cómo no!, se extraña hasta la poca oportunidad que he tenido para seguir escribiendo hasta este momento, pero en un retiro que yo sé que es temporal.

-¿Don Paco alguna sugerencia, alguna recomendación que le haría a las nuevas generaciones de periodistas?

-Que es muy importante, no extender la mano, es lo más importante que puede tener un periodista, no extender la mano, porque el que estira la mano al gobierno, ya se lo llevó la chingada, como periodista y como gente.

-¿Algo grato que recuerde de El Mercurio, que le haya dejado en el periodismo?

-Pues para mí todo fue de gratitud, muy bello, momentos duros, difíciles si, pero no me interesa darlos a conocer, pero sí, yo tuve una trayectoria muy bonita por el respeto que me gané aquí en las gentes, por eso nada más.

 
 
 
Ruiz Rangel dice que la diferencia entre el periodismo de Tabasco de antes con el de ahora es “como de la noche al día”. Agrega que antes “había gentes muy inteligentes y muy valientes, que no le temían a los garrotazos que se veían a veces en la ciudad, donde muchos compañeros fueron víctimas del garrotazo que mandaba a dar el gobierno”
“Todos eran admirables, no había algo fuera de lo normal o fuera de lo común, todos sabíamos que el que extendiera la mano era un pendejo y lo callaban”
 
 
 

 
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