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Director General: René Alberto López
 
 
 

Reporteros de la vieja guardia
“Conmigo camina medio siglo de
periodismo”: Lucrecia Leduc

› Ser audaz en el periodismo es cuando de una notita perdida en algún periódico, puede uno lograr las ocho columnas

RENE ALBERTO LOPEZ / FOTOS: JORGE HERNANDEZ GOMEZ

Comenzó a escribir en los medios a los nueve años; a los 12 ya hacía comentarios políticos en un diario y a los 24 años debutó en el periódico nacional La Prensa, el más leído de la capital del país, con un reportaje en primera plana. Lucrecia Leduc, es una periodista tabasqueña de 65 años de edad, que aún no piensa ni quiere el retiro: “Estoy inquieta por volver a escribir en un medio”.

Actualmente el doctor que la atiende le recomendó reposó, debido a su enfermedad, pero ella dice tajante: “Para las ideas no hay reposo”.

Originaria de Villahermosa, donde un cuento le abrió las puertas del periodismo, hoy con una carrera de más de 50 años de ejercer el oficio, menciona orgullosa haber trabajado y conocido a figuras del periodismo nacional como Joaquín López Dóriga, Fausto Zapata Loredo, Luis Spota, Severo Mirón, Renato Leduc, Antonio Reyes Zurita, Francisco Martínez de la Vega, Daniel Cadena Zeta, Juan Pablo Russel, entre otros.

Lucrecia Leduc no tuvo una adolescencia convencional, pues desde los nueve años impartía clases de ortografía en la escuela de un tío, pero eso la llevó al gusto por escribir y al quehacer periodístico, donde ha logrado una vasta experiencia manejando todos los géneros. “de una notita perdida en algún periódico, puede uno lograr las ocho columnas. Eso es ser audaz en el periodismo”, comenta.

Después de una intensa búsqueda entre amigos y compañeros de la comunicadora, finalmente pudimos cotactarla. Amable y sonriente, Lucrecia Leduc nos recibe en su domicilio y accede a la entrevista con Papiro, en una tarde nublada y con amenaza de lluvias, pero iluminada por las historias y anécdotas que brotan de los labios de la periodista de la vieja guardia, quien orgullosa nos dice: “Aquí camina medio siglo de periodismo”.

-Bueno, Lucrecia, la pregunta de rigor, ¿cómo te inicias en el periodismo?

Yo me inicio primero escribiendo unos poemitas, luego escribí un cuento que titulé Día de Corpus Cristi y lo mandé al periódico El Hijo del Garabato, del que era dueño don Trino Malpica y luego fui a visitar a don Florentino Hernández Bautista, que en paz descanse, quien nos dejó ya hace unos días. Fui a visitarlo y entonces me dijo que si quería yo colaborar con él. ¿Y qué tal manejas la ortografía y la gramática, que es lo principal, la redacción?, me preguntó y le digo, doy clases de ortografía en la Juan T. González que es de mi tía Carmen Mandujano. Si manejas bien la gramática, te necesito, me dijo, y le agradezco la confianza, pues siendo de nueve años, todavía no llegas ni a la adolescencia completa, y que me dice: “si gustas, tienes la página de Sociales a tus órdenes, manéjala a como tú quieras”. Y ahí fui ya columnista por muchísimos años, bautizamos la columna de Sociales como Acuarela Social. Después de Acuarela Social, ya me mandó a cubrir eventos políticos, y entonces me pidió una columna política, y con un compañero que le reconozco también talento, Erwin Macario, que le platiqué y él fue el padrino de la columna política Escenario Político, que escribí por muchísimos años, ya tengo 65 años y más de 50 en el medio. Cuando escribí en el Hijo del Garabato, tenía como nueve años, y es que yo daba clases por circunstancias de que no había quien ayudara a mi tío, desde los nueve años. A mi me gustaban todos los géneros periodísticos, si podía yo meter una primera página, la metía.

- Y cuando comienzas con la columna política, ¿qué edad tenías?

- Tenía como 12 años, pero esa columna duró muchísimos, años, muchos años, hasta la fecha recientemente, ahora ya no escribo porque me vino esta enfermedad del Vértigo de Meniere, pero he ido mejorando un poco con los medicamentos. El médico dice que necesito reposo, pero las ideas no tienen reposo. Aquí todavía camina medio siglo de periodismo. (risas).

- ¿Y, cómo es que llegas a trabajar a los medios de la capital del país?

-Pues gracias al papá del ahora ex gobernador Roberto Madrazo, gracias a don Carlos Madrazo y a la señora Graciela Pintado, les agradezco mucho que me tuvieron la confianza, porque no es tan fácil confiarse de una mujer adolescente. Ellos me dieron una beca para prepararme como sicoterapeuta para luego venir aquí a educar niños con problemas de síndrome de Dawn. La señora me dijo que si estaba dispuesta a estudiar, pues, me becaban y me quedé pensando, que si yo al casarme y me viniera un hijo así, cómo le iba a hacer, y dije que sí, y me becaron para estudiar esa carrera hasta que vine a dar mi servicio social, porque era obligación hacerlo. Por Ley yo tenía que venir a desquitar lo que había gastado el gobierno del estado en la beca. Entonces esa oportunidad me lleva al periodismo nacional.

- Me gustaría que nos hablaras cuando estuviste en México, ¿allá ejerciste el periodismo?

- Allá terminé de formarme en el diario La Prensa, que dirigía entonces don Roberto Ramírez Cárdenas, pero el director y dueño era don Mario Santaella, pero yo le agradezco, es muy duro, porque allá a los compañeros varones, les molesta mucho que vaya una persona, una mujer, me pusieron Lorenza de Arabia, vino, vio y triunfó, dicen, porque les ganaba yo las primeras planas. La primera vez fue por iniciativa propia con un tema que era intocable, la natalidad, o sea, la opinión de la iglesia sobre el aborto y entonces lo desarrollé y le llevé cinco cuartillas copiadas de la acta de la Santa Sede, porque me hizo el favor de prestarme el libro el padre Jesús Orozco Contreras a quien por la gracia de Dios me encontré cuando yo iba a entrevistar al cardenal, un señor bastante soberbio, don Darío Mirando, me dijo que él no respondía a un solo medio este tipo de preguntas, que él lo daba globalmente. Yo soy el autorizado únicamente, me dijo. Bueno a ver qué dice Dios, le dije.

- ¿Cómo se te da entonces esa primera plana en La Prensa?

- Como no me quiso dar la entrevista el sacerdote don Darío, entonces me salí y me quedé sentada pensando en Dios e hice una oración y dije, Dios mío, lo que quieres a la puerta llega, aquí me voy a quedar un rato, a ver qué, mientras pienso a ver cómo le voy a hacer. En eso veo un sacerdote todo de blanco que llega, y le digo, ¿usted es sacerdote? Si, dice, le espero a la salida, le dije, porque entró directamente con el arzobispo, y lo esperé y tuve buen ojo, porque él era una autoridad en cuanto a un concilio femenil que acababa de celebrarse en Roma y él venía de allá, y entonces de ahí salió el reportaje, La Iglesia y la Natalidad, porque yo le dije, bueno, usted que estuvo allá, qué opina la Iglesia sobre el control natal. Ahorita lo vamos a ver dice, porque traigo el acta de la Santa Sede. Y ya con eso.

- Se trataba del padre Jesús Orozco Contreras, quien acababa de venir de Roma, él fue el personaje que entró de blanco, y traía escrito lo del acta de la Santa Sede en un libro, el acuerdo. Entonces eso valía más que lo del cardenal, y lo abordé y me fui con él y me concedió la entrevista. Fue la exclusiva y ya cuando le llevo eso al director de La Prensa se impactó y me dijo, “cómo le hiciste”, Dios me ayudó, le dije.

Pero cuando llevé el reportaje de cinco cuartillas a La Prensa, no me dejaba pasar el chamaco que cuidaba la entrada, era un joven como de 14 años, y le dije: oye yo vengo desde Tabasco, tengo mucha hambre, no me quiere ir a comprar una torta. Y me dice, bueno, voy a ir aquí nada más porque no vaya el director a hablarme. Y ya le di dinero para que me trajera un refresco y una torta y se fue a comprarlo, pero no era la torta, yo lo que quería era poder enseñarle al director mi trabajo.

Entro y le digo al director: buenas tardes señor. Quién la dejó pasar, me dice, di orden de que nadie pase, estoy muy ocupado. ¡Ay! señor, le dije, yo vengo desde muy lejos a verlo y quisiera nada más que lea esto, para esto, se me olvida firmarlo, no le puse mi nombre y se lo dejo, y me dice, lo voy a leer, y ya me salí, cuando al día siguiente veo las ocho columnas en primera plana: La Iglesia y la Natalidad. ¡Ay!, dije, funcionó.

Fue así como el 5 de julio de 1965, me gané la primera plana en La Prensa con el tema La Iglesia y la Natalidad, que me interesó cuando leí en Excélsior una notita chiquitita del compañero Enrique Lubeck sobre el movimiento familiar cristiano y yo dije, esa es una nota grande

Luego ahí en La Prensa me dieron dos fuentes muy secas: turismo y religión, y pues tenía yo que caminar mucho y pensar en mis entrevistas, porque son secas esas fuentes.

-¿Entonces entraste con el pie derecho?

--Entré con el pie derecho gracias a Dios, entonces cuando volví a ver al director de La Prensa le digo, señor, qué le pareció mi trabajo. Ya lo debes haber leído, dice, salió en primera plana. Luego me dice, muchacha, quién te orientó en ese reportaje. Mi intuición señor, y el señor que me concedió la entrevista: el padre Jesús Orozco Contreras. Entonces me dice, te felicito, estás adentro, y te quedas a trabajar aquí. Yo sentí, bueno, una cosa que no lo creía, y dije, bueno bendito sea Dios, que ya me abrí una puerta importante en el diario La Prensa, que era el periódico más leído, hasta la fecha y me quedé. Conocí al Coronel García Balseca, director general del Sol de México, y me ofrecía que me fuera para allá, y le dije, no, yo tengo que ser agradecida con el director de La Prensa, porque me dio la oportunidad; más adelante, le decía. Pero luego el director, el señor Roberto me pidió salir con él y dije, ¡ay! Dios mío, ya esto se echó a perder, pero tenía amigos, compañeros buenos, como Fausto Zapata Loredo y Mauro Jiménez Lazcano, pero el que me inspiraba mayor confianza era Fausto, y nos vamos a tomar un café, y ya le dije a Fausto que tenía este problema, y me dice, pues no le tengas miedo, sal, él no se atreverá a hacer nada indebido, por la posición que tiene, no le conviene, tú sal con él, sin ningún miedo, y ya si te dice algo, pues le dices, con mucho gusto, vamos a pasar por la puerta de un registro civil y por la puerta de una iglesia. El director se me declaró, pues, y yo le dije lo mismo, que con mucho gusto, nada más que se casara, y dice, ya me la pusiste muy difícil, y pues usted también a mi, le dije. Entonces ya no le caí nada bien, me empezó a mandar a cubrir hasta el Popocatepelt y me mandaba a cubrir las peregrinaciones de la guadalupana a Querétaro, me daba las peores órdenes de trabajo. Pero estuve ahí trabajando como uno 20 años.

- ¿En México, sólo en La Prensa trabajaste?

-No, luego de La Prensa, me habló Oscar Alarcón, el hijo del dueño de El Heraldo de México, que iban a hacer un periódico, que ya estaban nada más haciendo las pruebas y que yo fuera a hablar con el jefe de redacción que era el maestro Daniel Cadenas Zeta, y me hicieron las pruebas y las pasé y me dijo, bueno, estás en el cuerpo de redactores de aquí, del Heraldo. Ahí conocí a López Dóriga, conocí a Socorro García Reyes. También trabajé en Ovaciones.

- ¿Con qué personajes del periodismo trabajaste o hiciste amistad durante tu estancia en México?

Mira, es una gran satisfacción mencionar su nombre, porque lo admiro mucho, al queridísimo e inolvidable amigo e inteligente periodista Antonio Reyes Zurita, que es el que enalteció el nombre de Tabasco, pues fue corresponsal de guerra y desafió la muerte en los campos de batalla, yo lo admiro mucho, bendigo su memoria porque era tan positivo, un compañero tan positivo como ustedes.

-Entre los periodistas con los que trabajé y traté están Fausto Zapata Loredo, Manuel Buendía, ya en su postrimería, a Antonio Reyes Zurita, que es tabasqueño y premio nacional de periodismo, a Joaquín López Dóriga y Luis Spota en el Heraldo, donde estaba como jefe de redacción don Daniel Cadena Zeta, a Severo Mirón, Moisés Martínez Aldana, de La Prensa, Juan Pablo Rusel, Juan Martínez de la Vega, y es que eran tantos. Entre los periodistas que más admiro, está el señor Julio Sherer García, por su capacidad y su talento, tiene una gran visión para encontrar la noticia, eso es ser un verdadero periodista nato, y otro gran periodista Renato Leduc, que escribió Banqueta, don José Pagés Llergo, quien tiene una trayectoria conocidísima y brillante, igual que su primo hermano, don Regino Hernández Llergo, y el coronel García Balseca, que no escribía pero si la gran idea que tuvo fue formar esa gran cadena de periódicos que siguen vigente, fue un empresario como pocos.

-Allá en la ciudad de México yo era invitada de don Pepe Pagés, el director de Siempre, me publicó una entrevista y luego, la verdad a mí me daba un poquito de miedo, porque decían que tiene un carácter que era bastante fuerte, pero conmigo fue muy amable, él y su esposa me invitaban a su casa a comer, un domingo comía yo con ellos y otro domingo, Dios bendiga a la señora Graciela Pintado de Madrazo, que me hacía el honor de invitarme a su casa a comer.

- ¿Y cuando regresas a Tabasco como una periodista madura, hecha, formada, en dónde trabajas?

--Vengo a Novedades, con un gran señor, el señor García Lavín, ahí en Novedades de Tabasco, estaba doña Lilia Pérez Solís, estaba Panchita Alamilla Ocaña, estaba el licenciado Octavio Novelo y no recuerdo otros más, pero de los conociditos eran ellos y el viejo Gerardo Rivera, “el viejo lépero”, ahí estaba en Novedades.

- ¿Pero llegaste a reportear aquí en Tabasco?

-Sí, a reportear, gracias a la confianza del señor Lavín, si a trabajar la información, pero empiezo ahí en Novedades, y ya después, la buena hija vuelve a casa, me dijo don Tino que yo regresara a Rumbo Nuevo, y cómo, si esa es la casa donde yo me hice, y después de muchos años volví, y hacía los editoriales junto con Eraclio Méndez. En esa época era el director de Comunicación Social un excelente caballero, un hombre sencillo y muy inteligente, el licenciado Ignacio Cobo González y entonces me invita a trabajar en Avance, y me fui al diario Avance. Reporteando también en Avance, me acuerdo de una cabeza que me gané, cuando en un viaje que vino el presidente Salinas de Gortari, que en su discurso dijo “volveremos a crecer”, y así fue la cabeza en el Avance: “volveremos a crecer”. Yo le pido a Dios que ahora también volveremos a crecer, después de todo esos momentos que hemos pasado, tan difícil con la inundación, yo tengo mucha fe en el gobernador, sus colaboradores y los que vengan, que tenemos que seguir adelante y seguir creciendo.

- ¿Y actualmente se puede decir que estás en el retiro o sigues ejerciendo el periodismo?

- Bueno, de momento por mi enfermedad el médico me ha recomendado absoluto reposo, pero como te dije, las ideas no tienen reposo, yo tengo que volver, yo tengo que volver, porque me fluyen las ideas y no las puedo dejar.

- ¿O sea que estás inquieta por escribir?

- Sí, estoy inquieta por volver, si, a un medio.

- ¿Cuál fue el último medio en el que trabajaste?

--El Diario de la Tarde, con un muchacho también muy inteligente, que siempre ha tenido mucha fe, José Antonio Calcáneo, que es un digno representante del periodismo y un hombre muy sencillo y un gran compañero. Ahí estuvo mi último “Escenario político” y creo que va a volver a estar, Dios mediante, apenas me recupere.

- ¿Cómo ves el periodismo actual de Tabasco, cuál es tu opinión?

- Bueno, es que ha estado bastante comercializado, yo te digo que antes íbamos por las ocho columnas, peleábamos las ocho columnas, y ahora, pelean los billetes, la verdad, sinceramente, no todos, hay honrosas excepciones.

-¿Un consejo que le podrías dar a las nuevas generaciones?

-Yo le diría a las nuevas generaciones que por ley, por moral con ellos mismos, que todos los días lean, siquiera las ocho columnas de cada diario, y lean y sigan leyendo, porque es la única forma de estar informados y de superarse cada día, y si pueden, agreguen 10 o 20 palabras más del diccionario a su lenguaje.

 
 
 
Con un reportaje donde abordó el tema sobre la iglesia y la natalidad, la periodista tabasqueña, Lucrecia Leduc debutó en el diario La Prensa, el más leído en la capital del país
 
 
 

 
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