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Director General: René Alberto López
 
 
 

Reporteros de la vieja guardia
Los periodistas de Tabasco han perdido voz:
Bartolo Jiménez

René Alberto López

Levanta la mirada como buscando en el tiempo, se emociona y rompe en carcajadas al recordar la vez en que no se presentaron a la redacción del diario por varios días, y les tuvieron que enviar las máquinas de escribir hasta el restaurante de Chon Cupón, en el Parque Tomás Garrido.

La entrevista con Bartolo Jiménez Méndez, periodista de la vieja guardia de Tabasco, se desarrolla en el café La Cabaña, en el centro de Villahermosa, luego de varios intentos, ya que por uno u otro motivo, el encuentro se había pospuesto en más de tres ocasiones.

Premiado varias veces en el periodismo, lo mismo por su actividad en la pintura y la literatura, considera que en Tabasco la prensa escrita actual ha perdido voz, autenticidad, sustancia. Formó parte de “Los tres mosqueteros”, del periodismo tabasqueño en su etapa de reportero en el diario Avance, junto a Isidoro Pedrero Totosáus, ya desaparecido, y Alberto Pérez Mendoza, metido desde hace años en actividades partidistas.

Platicar con Bartolo Jiménez es remontarse a los tiempos en que el ruido de las máquinas de escribir era el sello distintivo en las redacciones de los periódicos. Años en que los reporteros competían por ganarse las ocho columnas. A lo largo de la entrevista habla de sus inicios en el periodismo estudiantil, de los comunicadores que dejaron escuela y narra sus inagotables anécdotas durante sus años en el diarismo.

Con la primera pregunta Bartolo Jiménez cierra los ojos por algunos segundos, los abre cuando ordena las ideas, y nos traslada entonces muchos años atrás, a sus tiempos de estudiante de secundaria. Entre sorbos y sorbos de té de manzanilla, recorre parte de la historia del periodismo tabasqueño, en la que ha sido protagonista durante más de 40 años.

- ¿Cómo te inicias en el periodismo?
Desde muy joven en la secundaria Concha Linares empiezo a dar los primeros pasos, Lenin Bocanegra Priego, un compañero que ahora es abogado, tenía un periódico, El Democrático, entonces de una u otra forma pues yo hice ver mis deseos de que podía escribir alguna cosa ahí. Y lo que estaba más de moda en esos tiempos en Telerreportaje, eran las noticias internacionales. Todavía quedaba la resistencia de la Segunda Guerra Mundial, te estoy hablando de los años
1963-64.

- ¿Comienzas entonces a escribir desde muy joven?
A nivel aficionado, tenía 12 años, había ganado un concurso con un artículo que escribí sobre la Guerra Fría que había entre Estados Unidos y Rusia, y cuando se publicó andaba mostrando las hojas a medio mundo. También me gustaba la pintura y la practicaba, creo que eso fue una de las partes que me acercó al periodismo de una forma latente porque seguí practicando la pintura, donde gané premios a la edad de 14 años compitiendo con otros pintores que ya eran mayores. Luego allá en la capital del país unos amigos sinaloenses deciden hacer un periódico al que me invitan a escribir y en el segundo número ya era el director del periódico que se llamaba Orden Estudiantil. En la Vocacional 5 llegué a ser Premio Nacional del Periodismo a través del Instituto Nacional de la Juventud (INJUVE) en el año 1971 con un artículo de fondo publicado en el órgano oficial denominado Juventud Técnica. Ya en 1978 desempeñé la función de redactor para los boletines, volantes, para todo lo que se repartía en la calle. Entonces, prácticamente ahí despertó en mí esa tendencia de ser periodista.

- ¿Te tomó tiempo ingresar a los periódicos de Tabasco?
Cuando estaba en México, en los años 1975-76, comencé a enviar mis colaboraciones al diario Rumbo Nuevo, al periódico El Tiempo que dirigían Lenín Bocanegra Priego y Salvador Antillón Fernández, así como a la revista Cultura de Marco Antonio Valencia Cardoza.

Años después regresé a Tabasco y en el año de 1978 ingresé al diario Avance de Tabasco, ahí estaban Isidoro Pedrero Totosáus y Alberto Pérez Mendoza, nos decían Los Tres Mosqueteros. Además estaba Agustín Mendoza y realmente hicimos desde ahí una escuela de periodismo, porque en ese tiempo los periodistas de más presencia eran Luis Hernández Sánchez y Edwin Macario, pero había una ascendencia de las viejas plumas con presencia marcada.

Ahí trabajé como reportero y redactor. Desde entonces el periodismo de Tabasco es muy respetable en México y esto me lo dijo don Regino Hernández Llergo. Destacaban en esa fecha periódicos como Noticias de Manuel Hidalgo del Valle; Momento de don Humberto Muñoz Ortiz; El Hijo del Garabato con Trinidad Malpica Almeida y Francisco Ruiz Rangel del Mercurio, todavía vive el maestro, mi respeto para él, porque prácticamente desde que me conoció me dio siempre una distinción, desde que era yo un niño, igual a don Florentino Hernández Bautista, pues eran periodistas de la vieja guardia y nosotros veníamos a innovar al periodismo con una nueva visión, con un nuevo contexto, pero siempre dentro de un orden de ideas, disciplina y además, otra cosa, estudio, porque yo creo, soy uno de los que estoy convencido que el periodismo debe estar acompañado de una cultura mediana y además de un olfato, de una doble intención; una de ella debe estar acompañada de conocimiento.

Pero el periodismo más abierto, capaz, penetrante, que se ha hecho en Tabasco fue por los años 60. El periodismo estudiantil cubre una etapa importantísima que no puede ser desplazada de los comunicadores, por eso se multiplica y se dice que en Tabasco todos son periodistas, el que no ha escrito un artículo o un poema simple y sencillamente no es tabasqueño. Había periódicos estudiantiles a granel, en la secundaria habían como 25 periódicos, ahí estaba Rafael Martínez Escobar, todo mundo tenía periódicos, circulaban como un mal necesario en bares, capillas, centros de reunión, parques, etc. Todo un fenómeno o sea que te tenías que acostumbrar a ser un lector. La lectura del Diario de Tabasco y Presente, eran de rigor.

- ¿Por qué dices que en esa época formaron una escuela de periodismo?
Porque invitamos a jóvenes a los que les impartimos seminarios de periodismo en el Instituto de la Juventud. Después ya todo se regularizó de forma más amplia con el apoyo de la Universidad y de la dirección del gobierno para que se le diera apoyo a los cursos que después se convirtieron en la escuela de periodismo. Pero lo más importante a destacar es que el tabasqueño ya trae el periodismo en la sangre, aunque después que es periodista a determinada edad, cuando vienen los intereses, si no ve un futuro, pues lo abandona.

- ¿En Tabasco, en que periódicos has colaborado?
Estuve seis años en el diario Presente en la primera plana con la columna Georama, ahí gano el premio estatal de periodismo y el premio nacional del Club de Periodistas y después, pues ya he escrito en casi todos los periódicos, bueno, menos en Novedades, El Heraldo y los que están ahora, pero en los anteriores, en todos.

- ¿Durante tu estancia en México en qué medios trabajaste?
Don Regino Hernández Llergo, a quien yo considero mi maestro en el periodismo, me dio la oportunidad en la revista Impacto. Con él siempre llegaban muchos jóvenes a pedir trabajo, entre paisanos y gentes de otras partes. A algunos los recomendaba al departamento central para que les dieran chamba o a otras partes. Refiriéndose a mi dijo: “a ver güerito, el del pelo en la cara, ven. Tú te vas a quedar conmigo”. Así empecé a escribir en la revista Impacto, donde estuve en los años 1975-1976, después trabajé como reportero en otras revistas y periódicos como El Heraldo, El Nacional, El Diario de Tlalnepantla, el Diario de Toluca.

En la revista Impacto, donde realizaba entrevistas, estuve dos años, porque murió don Regino y pues mi plan era regresar a Tabasco. Don Regino me quería mucho, yo no cobraba en el periódico, donde era director Mario Sojo, sino que me pagaba don Regino directamente, pues ahí se respetaba lo que decía don Regino.

- ¿Cómo era el fundador de Impacto como periodista?
Don Regino era muy estricto en cuanto a la cosa del periódico, decía: hay que escribir como se habla, no diferente. Precisamente hay una entrevista famosa que le hace don Regino a Pancho Villa, por la que se dice que don Regino lo había matado. Pancho Villa tenía ideas políticas pero muy esparcidas, entonces don Regino, ahí en la hacienda El Canutillo, lo entrevista y lo encamina a opiniones políticas, cuando le pregunta quién le parecía para la próxima elección. “Siento que Fito es el bueno”, respondió Villa, en referencia a Adolfo de la Huerta. ¿Y usted qué papel podría desempeñar general?, le volvió a preguntar y Villa dijo: “Mire a la voz y al grito de vámonos con Pancho Villa se vuelve a despertar México”, dicen que ahí escribió su sentencia, porque días después lo emboscaron y lo mataron. Es muy famosa esa entrevista, sobre todo, por el lenguaje nítido. Don Regino decía que debía de aprovecharse la circunstancia, el momento, y forzar pues un poco el ser creativo.

- ¿Alguna satisfacción por tu labor periodística que recuerdes?
En Tabasco, precisamente haber abierto en el diario Avance una serie de artículos sobre la zona chontal, sobre los indígenas, donde por primera vez ellos advierten de que estaban un poco desconfiados, porque siempre los engañaban y sólo los convocaban cuando los necesitaban para hacer grupo, pero luego tenían que deambular aquí por las dependencias del gobierno pidiendo en el sector agrario y no les hacían caso. Precisamente de ahí salió mi cuento “Cantemoc”, que ganó en 1978 el Premio de Cuentos de la Feria. Ese cuento es un extracto de las aspiraciones de los indígenas, de su situación sobre lo que ellos demandaban, cuando ganaban tres pesos por un petate y tardaban dos días para hacerlo y entonces se refleja una serie de inquietudes y reclamos sociales. A ellos le gustó mucho la serie y me invitaron a comer Ulich y me hice amigos de ellos. Esa es una de las grandes satisfacciones. Otra fue en México, cuando escribí sobre una zona perdida por ciudad de Netzahualcóyotl, donde ninguno pagaba luz, era un enjambre general, pero no les faltaba la televisión para ver el partido de fútbol de los equipos América, Guadalajara, Atlas, Atlante, y los tacos y la comida todos los días. De la forma en que ellos veían al gobierno al que le mientan la madre. Se publicaron cuatro partes en el periódico El Nacional y sirvió para que me dieran una distinción; y como esas, pues, ha sido una serie de satisfacciones.

- ¿Y, alguna anécdota con tus compañeros periodistas de Tabasco?
Son muchísimas las anécdotas que vivimos. Por ejemplo, cuando trabajábamos en el Avance y enviábamos información al Avance Nacional a México por fax. Nosotros cerrábamos rigurosamente a la una de la tarde, donde estuviéramos. Una vez llegó Totosáus muerto de risa porque habían cabeceado a ocho columnas: “Se construirá el tren Samaria-Michoacán”, en vez de “Se construirá el dren Samaria-Mecoacán”, que había anunciado el ingeniero Leandro Rovirosa allá en Paraíso.

En una ocasión se celebraba la Feria de Tabasco y entonces doña Lilia Pérez Solís, que era la encargada del Avance, le dijo a Toto que se fuera a cubrir la feria. “Pero vienes rápido para que entre la nota”, le dijo. Se va Toto, pero pasan tres días y Toto no regresaba. “Allá está con Chon Cupón estacionado y ni se mueve”, avisó alguien al periódico. “Vayan a buscarlo”, ordenó Lilia Pérez, y va Alberto Pérez Mendoza y pasan otros dos días y resulta que tampoco regresaba, y me mandan a buscarlos y tampoco regreso. Entonces agarra doña Lilia Pérez Solís y nos lleva las máquinas para que escribiéramos ahí con Chon Cupón, en la feria. “Aquí no hay más que estos aburridos, agalambados, escriban aquí, porque ya agarraron la jarra”, nos dijo.

En México, en la revista Impacto, cuando no llegaba el que cubría la fuente de asuntos de sociales y espectáculo me enviaban a mí. Una vez don Regino me mandó que fuera a cubrir a Verónica Castro, y entonces, pues, al ver la foto que le llevamos, dice don Regino, y esto qué, esto para qué sirve, “pues es una foto de Verónica Castro”, le dije. “No” dice don Regino, “dile que se ponga un
trajecito de esos de mariachis y que se le vea la punta de la pantaleta, pero esto no sirve”. Fui de nuevo y le digo: “señorita, mira te van a dar la portada de la revista…” y le expliqué, entonces dice: ¡Ah!, ya te entendí, y media hora después salió con un vestidito de mariachi donde se le veían las piernas y más. “¡Eso es!”, dijo don Regino. Pero no me gustaba firmar notas de espectáculos. Una vez me enviaron a Tabasco a hacer un reportaje sobre acuacultura en las lagunas La Machona, El Carmen, Mecoacán y todo bien, hombre, perfecto el reportaje de la zona. Ya había terminado y cuando salí en la tarde para esperar irme al otro día a México, me encuentro al Totosáus, entonces tardé 10 días más, pero sí salió el reportaje en Impacto.

- ¿Como reportero qué acontecimiento que cubriste te dejó huellas?
Cubrí muchos acontecimientos, sobre toda de la sección 44 del sindicato petrolero. Cuando el rapto de la hija del líder petrolero Andrés Sánchez Solís, que después nosotros descubrimos que era un auto rapto, porque como andaba bajo en fondos y lo andaban atacando, entonces para distraer a la opinión pública inventó lo del rapto. Nosotros descubrimos que estaba en casa de una hija en el Paseo Tabasco. Entonces fue una de las cuestiones periodísticas que mientras todos decían que la habían visto por Minatitlán, por Coatzacoalcos, nosotros dijimos, no.

- ¿Fundas el semanario Malecón?
Te voy a decir que Malecón es una anécdota muy interesante, cuando Mario Díaz Pérez, que era
una especie de secretario con don Regino Hernández Llergo, y escribía Notitas al pastor, me dice: “yo se que algún día vas a regresar a Tabasco y quiero que si haces una columna le pongas Malecón, porque, sabes qué, escribí esa canción en la etapa del general Miguel Orrico de Los Llanos, entonces el malecón no existía. Agarré mi guitarra y la canté con el trío Tabasco, y ya puesta los llevo con los hermanos Michel”. Y comienza Mario a entonar parte de la canción: “papapa
/ voy a contarles cómo es el sureste
/ cómo es Tabasco, mi tierra natal…
/ Todo es bullicio, todo es alegría todo es encanto es animación
/ cae la tarde ya viene la noche y resplandece mi lindo malecón…, hice la canción, adelantándome tres años de que el malecón fuera construido”, me dijo Mario Díaz Pérez, en referencia a la canción “Así es Tabasco y no como lo pintan”, que él compuso y que se hizo un himno para Tabasco. Entonces así le puse a mi columna Malecón cuando vine a tiempo seguí escribiendo Malecón. Luego tomé el nombre para el semanario.

- ¿Qué le recomendarías a las nuevas generaciones de periodistas?
Es muy difícil la recomendación, simplemente la observación, seguir el estilo, la personalidad, de tener, primero la disciplina, y después ir formando una originalidad, un perfil personal, aunque cueste trabajo. Lo más importantes son los enfoques, que sean claros, concretos, objetivos, la realidad. La forma del periodismo tiene sus propios valores, no porque llevamos una etapa crítica donde se han degenerado ciertas formas, nosotros tengamos que degenerarnos con ellas. Estamos buscando luces, candilejas. Ver las cosas como son, solamente don Quijote es el que veía de otra forma, pero eso es literatura. La sociedad exige más visión, más capacidad de observación, porque el talento lo hay, la capacidad, vemos en los periódicos una serie de buenos redactores, pero que no trascienden, que están manejados con machotes, con ladrillos, y precisamente de esos ladrillos ya los lectores no quieren saber nada, los desechan, sienten que están lesionando. El periodista tiene que decir para transmitir, no para enseñar, eso es mentira, para informar antes que nada, si vas a desinformar, pues, qué sentido tiene escribir.

En Tabasco tenemos el ejemplo. Los periodistas, los que escriben, han perdido voz, autenticidad, frescura, sustancia, porque si estamos repitiendo como cajas de resonancia lo mismo que dicen otros, que se repite día a día, de las consignas y de los boletines de prensa y todo lo que se machaca, se maquilla y se vuelven a decir con otras palabras, de tal grado que si tú ves los periódicos, vienen diciendo lo mismo, lo único que se está cambiando es la redacción. El gran lector tabasqueño siempre buscó la noticia de las cuatro de la mañana, que además del café quería enterarse de otras cosas, cómo eran las inteligencias, cómo eran las masas grises que tenía el estado, querían conocer si habían pensamientos inductores, toparse con alguna novedad. Entonces hubo un fenómeno extraño, singular, un poco inexplicable de que los lectores no solamente se alejan de los periódicos, sino que los rechazan, los critican, los someten a juicios, los condenan y hasta dicen que ya no vale la pena leer los periódicos.

Eso es muy peligroso.

 
 
 
Bartolo Jiménez, periodista de la vieja guardia, es originario del municipio de Teapa, donde nació el 23 de julio de 1948.
 
 
 

 
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