México: el puño y la solidaridad en alto


RENÉ ALBERTO LÓPEZ

Se parte el alma cuando se difunden reportes de muertes de niños, hombres, mujeres y mascotas, atrapados entre los escombros. Se hace un nudo en la garganta, pues a todos nos sacude el dolor dejado por el temblor del martes 19 de septiembre. Es la fecha de la coincidencia fatal que enlutó de nuevo a México.

En las localidades de provincia, la impotencia agobia a no pocos por el deseo ayudar en las labores de rescate y, no poder hacerlo. Nos ha tocado ver a familias tabasqueñas orando por las víctimas, así como a personas angustiadas ante los aparatos de televisión, celebrando cuando se rescata a una persona o lamentando la muertes de otras.

Incluso levantando el puño de manera automática, como si estuvieran en el lugar de los hechos, para ayudar a pedir silencio. En alguna gente se notan lágrimas, lloran en silencio, sufren como todo México, mientras observan en la pantalla los trabajos de rescate en los sitios de los derrumbes.

Miran embelesados el televisor, se sientan, se ponen de pie, se llevan las manos al pecho, se comen las uñas, rezan para que los socorristas y los llamados “topos” logren el rescate de Frida Sofía, una niña localizada viva y que lleva más de 24 horas atrapada entre los escombros del Colegio Enrique Rebsamen, pero que finalmente fue un engaño, Frida nunca existió.

Las imágenes televisivas serán imborrables: La gente parece hormiga, van de un lado a otro. Sacan escombros, colocan polines, acarrean agua, llevan alimentos, levantan carpas. Trabajan sin descanso. Todos ayudan, todos apoyan, la solidaridad cunde, son miles de manos trabajando para el auxilio de las víctimas del temblor de 7.1 que el martes 19 de septiembre sacudió a una amplia zona del país: Puebla, Morelos, Tlaxcala, Estados de México y Ciudad de México.

Si bien es cierto que los de provincia no pueden estar en el lugar de los hechos, se afanan por aportar. Por ejemplo, desde Tabasco difunden en sus celulares los domicilios de los centros de acopio que se instalarán por estos rumbos del sureste, y preguntan por paisanos radicados en la capital del país, para informar a sus familiares.

Se aprecia que durante los operativos ha sido importante la tarea de replicar mensajes para colaborar en la localización de desaparecidos, y difundir aquellos en los que se solicitan medicamentos, herramientas, alimentos y todo tipo de productos o material necesarios.

A través de las redes sociales se informa a la comunidad internacional del suceso y al mismo tiempo se agradece la solidaridad de personas del extranjero preocupadas por México.

La desgracia nos une. Y si la fuerza de la naturaleza, inevitable, nos dejó luto en el alma a los mexicanos, a la par sacó a relucir ese gran corazón de la comunidad mexicana.

La ayuda incondicional del pueblo: pobres y ricos, empresarios, obreros, campesinos, gobierno, autoridades, todos, hombro con hombro en un solo propósito: Mantener de pie a México.

El temblor nos deja miedo, angustia, sufrimiento, luto, pero a la vez muestra esa gran hermandad en momentos difíciles en la que el mexicano saca a flote su decidida fraternidad. ¡No estamos solos!

En medio del infortunio, sale el amor al prójimo, el puño y la solidaridad en alto.