Berlín. Mientras se intensifican las tensiones diplomáticas entre Estados Unidos y varios de sus aliados europeos, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, volvió a restar importancia a las críticas políticas que rodean a la Copa Mundial de 2026, coorganizada por Estados Unidos, México y Canadá. Durante su participación en el Foro Económico Mundial en Davos, el dirigente suizo insistió en que el futbol tiene la capacidad de eclipsar cualquier controversia.

“Hubo muchas críticas en Qatar 2022, pero cuando el balón comenzó a girar, la magia comenzó”, afirmó Infantino, en referencia al torneo celebrado en medio de señalamientos por graves violaciones a los derechos humanos.

Sus declaraciones contrastan con las advertencias surgidas desde Alemania. Oke Göttlich, vicepresidente de la Federación Alemana de Futbol (DFB) y presidente del club St. Pauli, sostuvo que ha llegado el momento de “considerar y discutir seriamente” incluso un posible boicot o sabotaje al Mundial, a raíz de las acciones del presidente estadounidense Donald Trump.

Göttlich señaló que las recientes amenazas de Trump —incluido su intento de adquirir Groenlandia, territorio semiautónomo de Dinamarca, y la imposición de aranceles a países europeos que se opusieron a la iniciativa— han generado alertas sobre una posible ruptura con Washington capaz de debilitar la alianza de la OTAN.

“¿Cuáles fueron las justificaciones para los boicots de los Juegos Olímpicos en los años 80?”, cuestionó el dirigente. “A mi entender, la amenaza potencial es mayor ahora que entonces. Necesitamos tener esta discusión”.

A menos de cinco meses del inicio del torneo, programado del 11 de junio al 19 de julio, también crecen las preocupaciones entre aficionados por los elevados precios de las entradas y por las restricciones migratorias impuestas por la administración Trump, que podrían impedir la asistencia de seguidores de algunas selecciones participantes.

De acuerdo con medios locales, la postura de Göttlich enfrenta resistencia dentro de la propia DFB, particularmente por parte de su presidente Bernd Neuendorf, así como del propio Infantino. No obstante, el dirigente del St. Pauli criticó lo que considera una doble vara de la FIFA y del futbol alemán.

“Qatar fue demasiado político para todos, ¿y ahora somos completamente apolíticos?”, reprochó. Recordó que, pese a las reiteradas denuncias de organizaciones civiles por abusos sistemáticos contra trabajadores migrantes en Qatar —incluidas tarifas ilegales de contratación, bajos salarios y lesiones—, la FIFA no impuso condiciones estrictas al país anfitrión.

Alemania quedó eliminada en la fase de grupos de aquel torneo y, tras el fracaso, el nuevo seleccionador Julian Nagelsmann declaró que no quería más distracciones políticas alrededor del equipo nacional.

Para Göttlich, sin embargo, el problema es más profundo. “Como organizaciones y como sociedad, estamos olvidando cómo establecer tabúes y límites, y cómo defender valores”, afirmó. “¿Se cruza un tabú cuando alguien amenaza? ¿Cuando alguien ataca? ¿Cuando la gente muere? Me gustaría saberlo de Donald Trump, y también de Bernd Neuendorf e Infantino”.

El St. Pauli, club con sede en Hamburgo, es conocido por su fuerte identidad política de izquierda y por combinar activismo social y deporte. Su emblemático símbolo de la calavera y las tibias cruzadas surgió entre ocupantes ilegales del barrio y fue adoptado posteriormente por aficionados vinculados a la cultura punk.

Göttlich rechazó además el argumento de que un boicot perjudicaría a los futbolistas del club que podrían participar en el Mundial, como los australianos Jackson Irvine y Connor Metcalfe, o el japonés Joel Chima Fujita.

“La vida de un jugador profesional no vale más que la vida de innumerables personas en regiones que están siendo atacadas o amenazadas directa o indirectamente por el anfitrión de la Copa del Mundo”, concluyó.

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