Transparencia política

Alito y la Presidencia

› Erwin Macario
erwinmacario@hotmail.com

Sobre el presidente en tumo recae
la tremenda responsabilidad de interpretar
lo que el pueblo mexicano quiere y necesita.
Adolfo Ruiz Cortines/
citado por Daniel Cosío
Villegas en La sucesión presidencial

El terremoto de magnitud 8.2, que sacudió a México una semana antes, y sus más de mil repeticiones, así como los ciclones de los pasados días, amainaron lo que, en otras circunstancias, hubiera sido un sismo político el jueves pasado, 14 de septiembre: las redes dieron cuenta que el gobernador de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas, Alito, puede ser el candidato sucesor de Enrique Peña Nieto.

Si bien algunos espacios habían mencionado esta posibilidad dentro de la política nacional, dentro del sistema político que representa el PRI, la afirmación en Eje Central, el portal de noticias y análisis político en México, que dirige Raymundo Riva Palacio, tiene fuerza y se basa en hechos que se han dado en esta sucesión presidencial.

Aunque usted no lo crea, en la corte de Palacio lo empiezan a incluir como uno más que podría figurar para eso de los desempates, en la contienda por la candidatura presidencial, dice el texto de análisis político.

En Campeche gobierna Alejandro Moreno, Alito, apadrinado por el ex gobernador de Oaxaca, José Murat, y de tiempo atrás, muy cercano al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Don Alejandro tuvo un gran impulso en su carrera con la ayuda invaluable, hace casi una década, de un campechano muy influyente en el gobierno de Felipe Calderón, quien fue su jefe de Oficina y secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, agrega el analista de Eje Central.

Y concluye: Alito aprovechó el impulso y llegó fácilmente a la gubernatura de Campeche, desde donde ha ido tejiendo otro tipo de relaciones, como con el presidente Enrique Peña Nieto. Dicen los que saben que el Presidente le tiene un gran cariño y estima, por lo que, alertan, no lo pierdan de vista.

Darle al presidente de México el papel decisivo para definir al sucesor a través de su partido, si bien la democracia permite otros actores políticos, no está fuera del juego político. Para ello tiene que decidir no sólo entre los que como integrantes de su gabinete presidencial están cercanos, sino con otros mexicanos que, como Alejandro Moreno Cárdenas, representan una posibilidad no sólo de continuidad en atender problemas sociales, sino de responder a los intereses de Estado y a la defensa de la soberanía nacional. Pero, en lo personal, a lo que ningún presidente ha renunciado, garantizar la lealtad de sucesor.

Alejandro Moreno Cárdenas, no únicamente por el cariño que lo une a Peña Nieto, sino por su formación política dentro del PRI, partido en el que ha recorrido desde la base hasta los puestos de dirigencia nacional y ahora la gubernatura de su pueblo, y también por su capacidad de trabajo, su persistencia política reconocida por el propio Presidente así como por su hombría política y su mano firme, le garantiza a Enrique Peña Nieto continuidad en su gestión, resolver problemas que las propias circunstancias sexenales dejarán pendientes y refrendar la lealtad al amigo.

Decidir, en solitario, después de todo lo que esta sucesión ha aportado a ese ejercicio supremo presidencial, le da al presidente la oportunidad de encontrar una opción libre de los conflictos políticos que en el propio seno de los gabinetes presidenciales se han generado en todas las sucesiones. Un político joven como Alito vendría a conciliar a quienes se disputan el poder y a sus grupos de seguidores. Sería, la suya, una sucesión sin enfrentamientos, sin pugnas, sin divisiones internas.

Sin esas presiones internas, el presidente podrá ejercer sin problemas su máximo poder sucesorio. Sobre esto han advertido muchos analistas. Uno de ellos Héctor Aguilar Camín que, en la revista Nexos, ha dicho que “el sistema presidencialista ha visto crecer en su tomo los frondosos matorrales del Poder Ejecutivo federal, vastas redes burocráticas, de gran discrecionalidad, en cuyos interiores cada secretario hace y deshace, crea su propio equipo gobernante, su propia línea política, su propia expectativa de futuro, a costillas generalmente de la línea presidencial del momento. Defenderse de la discrecionalidad de ministros con amplios poderes burocráticos, ha sido desde hace algún tiempo tarea política central de los titulares del Poder Ejecutivo mexicano”.

Para los priístas sería la candidatura de Alito la de un auténtico militante en ese partido, un político joven que garantiza el apoyo de una mayoría que ha recién obtenido el derecho del voto y lo ejercerá este 2018 y, ante todo, un priísta que no se arredra ante los problemas sociales ni ante los adversarios políticos. Como se necesita en esta sucesión presidencial.

Las formalidades que llevan a la máxima decisión autónoma de un presidente se dan en el seno de su partido. Ahí, para la sucesión del 18, se han fijado las bases para este tránsito sucesorio —quitando candados y abriendo posibilidades a otros actores que no sean nada más los secretarios de Estado. La posible aduana política del CEN del PRI para Alito sería una confirmación de estos cambios. Y su paso a la Presidencia de la República.

Peña Nieto puede —como dice nuestro epígrafe de hoy— interpretar todo el acontecer nacional político, pero principalmente el sentir de su partido y optar por la decisión que le garantiza estabilidad: una sucesión sin conflictos ni rupturas. Y un sucesor capaz y leal.

CAMELOT

La alternancia política que vivimos a partir del primero de enero de 2013, a pesar de las adversidades económicas que hemos enfrentado, ha sentado las bases y generado las condiciones para ir consolidando la verdadera transición democrática del estado. (José Antonio de la Vega 160917/Discurso oficial)