El Postigo

Los prospectos para el PRI

› Ambrosio Gutiérrez Pérez

Una de las principales columnas de El Universal, la de Salvador García Soto, está dedicada a “El PRI, huérfano y perdido”. Subraya que tras el tsunami lopezobradorista que lo arrasó hace 5 meses, no da señales de vida ni de un intento serio de reanimación o recuperación.

Menciona que, eso sí, algunos priistas se mueven tras bambalinas, en espera de mejores tiempos (que ha sido santo y seña de los miembros de ese partido, esperar “los tiempos”) para lanzarse a una campaña de recuperación y rearmado de los pedazos y fragmentos que quedaron de la vieja estructura y maquinaria priista.

Si bien no es ningún nuevo análisis, lo que llama la atención por estos rumbos es que García Soto menciona a los dos más fuertes aspirantes a dirigir el PRI a partir del año próximo, cuando venza el plazo estatutario que ahora cubra Adriana Ruiz Masssieu Salinas: Miguel Ángel Osorio Chong, actual senador y líder de la bancada priista que entra en una selfie; y Alejandro Moreno Cárdenas, el gobernador de Campeche.

Y si es así, como dice García Soto, entonces los priistas tendrán que decidir entre dos proyectos y perspectivas diferentes. Se trata de un político viejo y de un político joven, pero la principal diferencia no está en la edad sino en lo que pueden significar hacia el futuro inmediato y a mediano plazo para el propio PRI que es hoy la tercera fuerza política.

Osorio, como ya sabemos, fue gobernador de su natal Hidalgo y secretario de Gobernación y, según las encuestas, el priista que los propios priistas preferían por alto porcentaje para ser el candidato presidencial y competir contra López Obrador. Sus negativos eran altos, pero su eliminación no fue el cambio de estatutos hecho a la medida para José Antonio Meade sino su falta de carácter en el momento preciso para exigir que se respetara la voluntad de la mayoría priista.

Osorio se agachó, Videgaray y Peña Nieto lo hicieron a un lado sin mayores problemas, salvo su inicial enojo, pues luego terminó aceptando públicamente la candidatura “externa” de Meade y viajando a todos los estados para tratar de convencer a priistas priistas, es decir, a la vieja guardia, de que apoyaran al candidato presidencial. Los resultados de la elección explican el desenlace.

Moreno Cárdenas ha sido de un talante diferente. En Campeche se le conoce por su arrojo y la temeridad con la que resolvía asuntos, incluso a golpes, pero lo que nadie puede negarle es que desde que se lo propuso ha tenido una carrera política ascendente: de regidor del Ayuntamiento de Campeche y dirigente juvenil priista hasta gobernador del estado, pasando por altos cargos en el propio PRI, diputados federal dos veces y senador.

Este año ha sido noticia, tanto por su confrontación verbal con López Obrador (al que acusó de todo y aquél también) en campaña como por la habilidad política con la que parece que ha resuelto el diferendo con el ahora Presidente hasta llegar a dirigir la Conago (ciertamente, ningún gobernador de Campeche había ocupado ese cargo) y colocarse, como se ha dicho aquí, como uno de los dos aspirantes a dirigir el PRI nacional.

Lo logre o no, pues esa posición también depende de los grupos priistas que ya están en confrontación por la posición, Moreno Cárdenas está ahí. Incluso, su aparente vuelco a cumplir con todo lo que López Obrador pretende para Campeche (el Tren Maya, la explotación petrolera) lo beneficia. Es decir, el Presidente tal vez prefiera en un partido opositor a un político con el que ya dialoga y no a otro, como Osorio, que desde el Senado confronta las decisiones del incipiente gobierno federal. Veremos.