Franja Sur

El pueblo siempre tendrá su lugar


› René Alberto López
E-mail: ralopez22@hotmail.com

Seguramente usted recordará que el 14 de octubre Andrés Manuel López Obrador, entonces presidente electo, tuvo como anfitrión al gobernador Arturo Núñez Jiménez, con quien se reunió en el palacio de gobierno en un encuentro al que asistió la clase política y empresarios.

Ese mismo día, en la Plaza de Armas encabezó el mitin de agradecimiento ante militantes y simpatizantes de Morena, entre ellos un buen número de hombres de negocios y políticos de todos los colores y sabores, hoy mudados a la izquierda.

Esa mañana llegué apresurado a cubrir el evento, y a la altura de la sede del Tribunal Superior de Justicia, al notar el mundo de vallas metálicas colocadas en Plaza de Armas, así como una multitud ocupando esos espacios dentro de las vallas,en torno al templete en el que momentos más tarde estaría López Obrador, acompañado de la nueva élite del poder, levanté la cabeza para avistar hacia el Zócalo cundido de almas.

Alcance a distinguir a cierta gente en medio de la muchedumbre, la mayoría vestía guayabera blanca o camisas de seda, lo mismo amujeres portandoelegante abanicos para mitigar el calor.

Así, ensimismado por el primer acto que encabezaría en Tabasco el vencedor de los comicios del 1 de julio, de pronto me encontré con el experimentado reportero de viejo cuño Luis Enrique Martíneza quien de golpe y porrazo le pregunté. “¿Y dónde está el pueblo?”, a lo que me respondió de inmediato: “allá, en su lugar”, señalando el sitio en donde estaba apiñada la gente, hasta muy atrás, detenidos por las vallas metálicas y cubriéndose con periódicos o sombrillas de la furia solar.

Bien. Traslado al escenario actual ese hecho, movido por el acontecimientode apenas el domingo último en el municipio de Paraíso, cuando en su papel de Presidente, López Obrador encabezó la reunión para dar a conocer el Plan Nacional de Refinación.

A propósito de ese acto, durante esta semana he recogido un buen número de quejas de tabasqueños, de esos llamados de a pie, que pensaban que en la cuarta transformación los eventos políticos, ahora serían distintos. Esa idea tiene mucha gente.

Como se sabe, ese encuentro de Dos Bocas, Paraíso, era para destinatarios concretos: petroleros y empresarios. Pero el pueblo, se siente con derecho de estar en todos los actos del mandatario federal, al considerar que fueron fundamentales para que López Obrador llegara al poder.

Así, uno de los inconformes hasta me citó a un café para hablar del asunto y ahí me mostró una colección de fotos que guarda en su celular, en las que se aprecia en la reunión de Dos Bocas, en filas preferentes, a empresarios y políticos tabasqueños.

Así, pude ver imágenes de conocidos empresarios, de políticos del PRI y del PRD, lo mismo que de funcionarios del régimen nuñista y de los que hacen filas y practican el “saca aceite” para acomodarse en el equipo de Adán Augusto.

“Mira, son los mismos de siempre, hasta parece un acto de los gobiernos del PRI, en tiempos de Roberto Madrazo”, soltó en tono molesto el activista que llegó enfundado en una playera con la imagen de AMLO en el pecho.

En efecto, a través de las fotos corroboré que en Paraíso estaban muy felices “los de siempre”, en un acto ahora organizado por un gobierno distinto, pero nada diferente, esto es, semejante a los del priísmo en sus tiempos de gloria.

Esta misma semana, en la zona luz de la capital tabasqueña me detuvo una persona que dice leer mis columnas, para pedir mi opinión sobre lo ocurrido en Paraíso. Le respondí que ya escribiría sobre el tema. Pero no conforme, también sacó su celular para mostrarme fotos y decirme: “Fíjate bien, puros fifí con López Obrador, ¿dónde está el pueblo?”.

Bien. Esta es y será una constante en el gobierno del político tabasqueños, ya que ese pueblo al que se refieren los quejosos, piensa que ellos ganaron el 1 de julio, y que perdieron los ricos, que derrotaron a la clase pudiente, sobre todo por el machacado discurso: “primero los pobres”.

Pero resulta que en los actos del Presidente, me refiero a todo el entramado que acostumbran colocar en las ceremonias oficiales, el pueblo brilla por su ausencia y, si bien le va, le dan un espacio allá atrás. “En su lugar”, diría Luis Enrique.

Y es que, me cuentan, en Paraíso se hizo presente el pueblo de a pie, pero fue detenido por las vallas metálicas y personal de logística. Aun así, por todos los medios intentó llegar a donde estaba el Presidente, rodeadopor los de siempre.

Hay quienes en defensa de los organizadores dicen: deben entender que era un acto para empresarios y petróleos, no para el pueblo. Pero para hacerle comprender eso a la gente, no es cosa fácil. Sobre todo cuando el pueblo sigue creyendo que ellos triunfaron el 1 de julio.

Pero poco a poco ese pueblo irá asimilando la realidad, en los próximos meses empezará a despertar del sueño del 1 de julio, para ver más claro el escenario, y sucederámás temprano que tarde.

En tanto, tendrá que resignarse a ocupar su lugar, porque la verdad, la verdad, el pueblo solo sirve para votar el día de la jornada electoral. Porque se gobierna con los poderes facticos aquí y en cualquier parte del mundo. ¿Y, el pueblo?, allá, atrás, en su santísimo lugar.